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Un espacio para las postergadas

La biblioteca pública de Ourense ofrece un catálogo de “libros peligrosos” publicados bajo seudónimo, la mayoría por mujeres, desde autoras que triunfaron a desconocidas

María Benítez es la responsable de la sección ‘Libros Peligrosos’ de octubre. | // FERNANDO CASANOVA

Se llamaba Chloe Ardelia Wofford. Era mujer y negra, dos detalles que a la sociedad americana de los 50 y 60 del siglo pasado no se le iban a pasar por alto. Así que a los 12 años –y tras vivir varios episodios de racismo en su propia familia– adoptó el nombre de Anthony tras bautizarse como católica, lo que terminó derivando en Toni. A los cuarenta años publicó su primera novela –bajo el seudónimo de Toni Morrison, adquiriendo el apellido de su primer marido–.

Escribió, en esa ocasión, sobre una niña afroamericana que ansiaba tener los ojos como los de las muñecas blancas. En 1993 se convirtió en la primera mujer de color en ganar el Nobel de Literatura. Ahora su libro ‘La noche de los niños’ es una de las lecturas destacadas en la sección ‘Libros Prohibidos’ que se puede encontrar durante octubre en la biblioteca Nós de Ourense.

La iniciativa original nació de la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos (ALA) y llevan poniéndola en práctica más de dos décadas. Consiste en destacar aquellos títulos que molestan a los lectores por su contenido racial, sexual o político –entre otros asuntos– para ejercer una especie de contracultura. “Allí dura solo una semana, pero nosotros quisimos ampliarlo a un mes para que a la gente le dé tiempo a leer varias obras si le gusta la idea”, cuenta la bibliotecaria María Benítez.

La Oficina de Libertad Intelectual (OIF por sus siglas en inglés) es la que se encarga de analizar y recopilar cada año libros y materiales en las bibliotecas públicas –y en las de escuelas y universidades– que han sido cuestionados por los lectores. Y es curioso descubrir como, según cómo se encuentre la situación política del país, son unos temas u otros los que más rechazo despiertan.

Así, en 2019 –en plena efervescencia del movimiento antirracista surgido tras la muerte de George Floyd y la respuesta de ciertos sectores de poder– algunos libros fueron sacados de las listas de lecturas para estudiantes tras la queja de los padres que consideraban que esos temas no eran aptos o recomendables para sus hijos.

“Es una manera de fomentar la libertad de lectura, expresión y pensamiento. Lo que ocurre es que aquí muchos de esos libros no se pueden conseguir, así que busco en otras listas de obras censuradas a lo largo de la historia y los incluyo. Este año me centré en autorías censuradas o autocensuradas, de mujeres que muchas veces tuvieron que escribir con seudónimos o empleando solo sus iniciales. Bien porque les fue impuesto desde las editoriales o bien porque ellas mismas entendieron necesario hacerlo para que sus trabajos fueran analizados por los críticos y el público sin sesgos de género o raciales”, explica Benítez.

Aunque pueda parecer algo de tiempo pasados, existen ejemplos actuales de mujeres –o supuestas mujeres– que se esconden para no dar a conocer su rostro. Es el caso de la escritora de novelas negras Carmen Mola, de la que nada ha trascendido.

‘Gregorio y yo’, de María Martínez Sierra, es otro de los títulos que se pueden llevar a casa los usuarios de la biblioteca. Aunque en realidad su nombre era María de la O Lejárraga. Fue novelista, dramaturga, ensayista, traductora y feminista activa, pero permaneció ausente de las portadas de sus libros durante toda su vida.

Los apellidos que adoptó eran los de su marido, Gregorio Martínez Sierra, que fue el que recibió elogios en los estrenos de títulos como ‘Canción de Cuna’ o ‘El amor brujo’ mientras ella esperaba en casa.

“La gente va a los clásicos o las novedades por inercia”

Otro ejemplo reciente de escritora bajo un seudónimo que se encuentra entre los destacados de este mes en la biblioteca es el de Joanne Rowling –más conocida como J. K.–. Corre el rumor de que la editorial que le publicó el primer libro de la saga Harry Potter temía que los lectores más jóvenes mostraran reticencias a comprar libros de fantasía escritos por una mujer y le pidieron que utilizase iniciales en lugar de su nombre original. “Metida ya en esta dinámica y queriendo cambiar de registro, se decantó por emplear otro seudónimo para sacar a la luz una novela policíaca. No quería presiones al dirigirse a un público de diferente edad y gustos, así que se bautizó como Robert Galbraith”, explica la bibliotecaria incidiendo en el hecho de que sigue siendo un nombre masculino. Esta iniciativa también persigue dar a conocer a autores que suelen pasar desapercibidos entre las decenas de estanterías de la biblioteca. “Muchas veces la gente solo se va a las últimas novedades o los clásicos por inercia, quedando un margen muy amplio de obras sin descubrir”, añade Benítez. “También hay que empezar a normalizar que no nos guste una autora. No debemos sentirnos culpables si no terminamos el libro o no responde a nuestras expectativas. Su escritura se vio forzada por las circunstancias y salió de un molde que establecía la sociedad. Eso dificultaba más su proceso de creación”, argumenta la bibliotecaria.

Nuevos ejemplares de Carmen Laforet llegarán a la biblioteca. | // FDV

Celebrando a Carmen Laforet en el centenario de su nacimiento

Con motivo del centenario del nacimiento de Carmen Laforet también hay dedicado un espacio a la autora de ‘Nada’ en la primera planta. En él se destacan algunas de sus obras menos conocidas y las encargadas de elaborar esta sección esperan que en los próximos días lleguen ejemplares de más novelas y relatos de su autoría que acaban de ser adquiridos.

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