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El CHUO registra un “pico de atenciones” por enfermedades mentales tras la desescalada

El jefe de servicio de Psiquiatría, Luis Docasar, estima que un 20% de las personas padece algún tipo de trastorno y lo desconoce

El jefe de Psiquiatría del hospital ourensano, Luís Docasar, en la puerta del CHUO. | // FDV

‘Mens sana in corpore sano ‘. Esta frase del S.II en la época del imperio romano es la mejor forma de definir la importancia de la salud mental, en la celebración de su día mundial. Nadie escapa a problemas psicológicos después de una pandemia de dimensiones bíblicas y desde el hospital ourensano así lo corroboran. El servicio de Psiquiatría registró “un pico de atenciones” tras el levantamiento del fin de las restricciones, derivadas de la pandemia.

Luís Docasar es el jefe de Psiquiatría del Complejo Hospitalario de Ourense y arguye que “al abrirse las puertas del hospital con la vacunación y el fin de las restricciones hemos notado un aumento de consultas. Pero hay que preguntarse si es por la pandemia directamente. Mi humilde respuesta es no, es indirectamente, de repente todas las atenciones se pueden tener de forma física y eso incrementa las personas que vienen a las atenciones aunque tenemos que decir que hemos tenido un pico muy grande de adolescentes que han venido por Urgencias primero y después a la unidad que recientemente hemos creado”.

Uno de las principales causas de mortalidad entre los jóvenes son las conductas autolíticas y el plan de prevención del suicidio del gobierno gallego hizo que se implantara una unidad de prevención específica para los adolescentes en el hospital ourensano. Luís arguye que “está teniendo un muy buen funcionamiento y muy buenos resultados, hay que pensar que los que antes entraban por Urgencias, ahora ya lo hace directamente a esta unidad”. Y describe que “hay un tipo de adolescentes que están muy irritables que están irascibles y ansiosos y eso les genera tener intranquilidad y ataques de pánico continuos. Hemos visto también otros que se autolesionan y es que viven en un escenario donde se obsesionan con su imagen y están pendientes de la aceptación de los demás, por eso la depresión en este grupo de edad es como si tuvieran más capacidad de deprimirse. No puedo especificar qué porcentaje de incremento hemos tenido, pero la verdad es que notamos un aumento”.

Luís Docasar hablaba tras la tercera ola que era partidario de que una ola psicológica llegaría a la sociedad por todo lo vivido en el confinamiento, por la pérdida de seres queridos y por el panorama económica personal en el que derivó la crisis sanitaria. El jefe de servicio de Psiquiatría señala que “las olas psiquiátricas van a venir más lentas y también van a venir más diferidas que las situaciones agudas de la pandemia, la afectación todavía está llegando muy muy lenta. Tenemos que pensar que el levantamiento de las restricciones llegó con el verano y que esta época de año ha hecho un efecto suavizador en esta cuestión. Todavía acabamos de empezar el otoño y habrá que estar pendientes las personas más vulnerables económicamente para ver si tienen bienes de consumo o necesidades de energía, porque esto produce una situación de fatiga”.

Un 20% no lo sabe

Luis Docasar advierte que “muchas de las enfermedades mentales que se producen en los pacientes se desconocen, el paciente no sabe que está mal y eso forma parte de su enfermedad. Tenemos un 20% de personas que tendrían que estar consultándose en este momento que no se se están atendiendo, porque los propios pacientes no saben que están enfermos, no tienen consciencia de esas necesidades”. El profesional habla de señales que envían estas personas como conductas extrañas, cambios de comportamiento radicales, frases depresivas a nivel laboral o social, pensamientos autolíticos, fugas del entorno familiar, una amenaza o comportamientos más irascibles.

Hablar de la enfermedad mental es hacerlo de uno mismo y visibilizarla es parte de todos para dotar de herramientas y mecanismos a aquellas personas que la sufren o familiares y amigos que la detectan. Luis dice que “la mayor parte de la gente hace tripas corazón y es resistente a consultas, por eso se genera un caldo de cultivo importante. Ante la duda pedimos que se pida consulta, porque a veces con una intervención sencilla ya se soluciona. Hay que concienciar a la población, aunque ya cada vez más el estigma es menor, que ir al psiquiatra o al psicólogo forma parte de nuestra salud mental y física”.

Feafes: “Las personas con enfermedad mental en el rural están desatendidas”

En este sentido, desde Salud Mental FEAFES Galicia quieren poner el foco sobre una realidad muy palpable en el territorio que se puso de especial manifiesto con la irrupción de la pandemia: la dificultad de acceso a los recursos de salud mental que sufren las personas que viven en los entornos rurales. Desde la Federación señalan que “en Galicia, más del 60% de los ayuntamientos tienen menos de 10.000 habitantes, y 119 de ellos cuentan con menos de 2.000 habitantes. Esto sitúanos como una comunidad con una gran dispersión geográfica y un importante aislamiento poblacional, dificultado por tanto el acceso a ciertos recursos especializados por parte de muchas personas.

Y añaden que “en el caso de la salud mental, la población que vive en el rural tiene menos posibilidades de recibir ayuda o acudir a servicios especializados, ya sean de carácter sanitario o social, debido a la escasez o inexistencia de los mismos en sus entornos. Existe un problema de acceso y transporte, que a veces exige costearse transportes privados que no están al alcance de todo el mundo”. En el mundo rural hay un gran desconocimiento por parte de las familias y personas allegadas sobre las propias enfermedades mentales.

Y en ese ámbito también quiere que se actúe desde la Federación de familiares y enfermos mentales: “Esta situación lo que lleva muchas veces es a una inacción en la busca de ayuda sanitaria o social y, consecuentemente, al aislamiento de estas personas. A esto hay que añadir el enorme estigma que existe cara los problemas de salud mental, con un especial peso en las localidades pequeñas donde el miedo al rechazo cobra, a lo mejor, un mayor protagonismo”. E insisten en que “todos estos factores provocan que la mayor parte de la población con problemas de salud mental que vive en el rural esté desatendida, agravando así su patología, provocando su aislamiento, limitando su participación social, y favoreciendo posibles situaciones de tensión y estrés en el entorno familiar derivados de la enorme carga que implican las tareas de cuidados”.

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