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Tras el rastro de los orfebres ourensanos

Ángel Domínguez, profesor universitario, en la biblioteca del Seminario Mayor donde trabaja.   | // IÑAKI OSORIO

Ángel Domínguez, profesor universitario, en la biblioteca del Seminario Mayor donde trabaja. | // IÑAKI OSORIO

Hace más de una década Ángel Domínguez –bibliotecario del Seminario Mayor de Ourense y profesor asociado de la Universidad de Vigo en la Facultad de Historia– se marcó un objetivo: realizar un análisis de los plateros ourensanos, tratando de subsanar en la medida de lo posible la laguna existente en la bibliografía nacional y regional.

Su investigación –que alcanzó la máxima calificación que se puede otorgar a las tesis doctorales (cum laude)– hace balance de 150 años que abarcan desde mediados del siglo XVI –donde, según cuenta, todavía se aprecian resquicios estructurales y ornamentales del estilo gótico– hasta el inicio del siglo XVIII –que supone un momento de renovación y modernización en el arte–.

“Los primeros años sobre los que indagué fueron un periodo, en general, fecundo y productivo, en el cual se asiste a la sucesión de varias corrientes estilísticas. Mientras que en los últimos años que abordo en la tesis, la influencia que ejercen en nuestra tierra ciertos obradores vallisoletanos provocó que la platería se adecuase a la de los talleres activos más pioneros del panorama español del momento”, explica el profesor.

En las más de 1.000 páginas resultantes de su investigación se refleja que, indudablemente, el núcleo de producción más sobresaliente se hallaba en Santiago de Compostela –ciudad arzobispal y centro de peregrinación de primer orden– pero que, tras ella, el segundo foco en interés fue Ourense –donde pese a la destrucción y desaparición de muchas piezas, se conserva un legado de primer orden, tanto en las colecciones monásticas y catedralicia como en las piezas de las iglesias parroquiales.

“Se han hecho investigaciones similares sobre otros campos como la arquitectura o la escultura, pero faltaba la orfebrería. Puede que porque siempre fue tratado como un arte menor. Antes de mi tesis se estudiaron algunas piezas muy concretas y destacadas, como el Centellero del Santo Cristo de la catedral, pero no había nada tan amplio”, relata sobre la ausencia de estudios en cuanto a la platería ourensana.

El área abarcada en el estudio se circunscribe a la diócesis de Ourense, cuyo territorio comprende más de 5.000 kilómetros cuadrados –distribuidos en 12 arciprestazgos con 735 parroquias–. Los límites de la diócesis corresponden con los de la provincia, exceptuando la comarca de Valdeorras y parte de la comarca de Trives y Viana do Bolo –que están integradas en la limítrofe diócesis de Astorga (León).

“Si bien es cierto que el principal centro productor de orfebrería se encuentra en la ciudad, tampoco se pueden obviar los diferentes talleres que se han documentado, siendo digno de mención el caso de Verín”, resume sobre otros puntos de interés del Barroco.

Ángel Domínguez descubrió que muchos grabados de los libros se repetían en las piezas de orfebrería. Iñaki Osorio

En su tesis doctoral, Domínguez demuestra que en los ciento cincuenta años que abarca la investigación había en Ourense cerca de un centenar y medio de orfebres, aunque muchos de ellos no pasaron de la condición de meros oficiales, sin que haya podido constatarse la contratación de obra, a lo que se suma el frecuente anonimato artístico.

“En la biblioteca del Seminario Mayor no encontré gran documentación en la que basarme. Pero sí me sirvió para darme cuenta de cómo los grabados de esos libros, en muchas ocasiones, coinciden con motivos decorativos de las piezas de orfebrería. Estoy plenamente convencido, y me gustaría profundizar en ello más adelante, de que la mayor parte de los maestros plateros se inspiraban en los grabados para las obras que después vendían en sus tiendas”, destaca sobre un círculo que comienza y finaliza en el papel, puesto que solo en los documentos de las parroquias y la diócesis se puede seguir el rastro de estos artesanos.

"El trabajo de campo fue algo más complicado, porque tuve que desplazarme por las parroquias en busca de las piezas y fotografiarlas, encontrándome con el recelo de muchos párrocos"

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Durante unos tres años Ángel se dedicó exclusivamente a “vaciar” los libros de las 735 parroquias –de 09.00 a 13.00 horas, que es cuando permanece abierto el archivo–. Pero a medida que iba ampliando su investigación, necesitaba recurrir intermitentemente de nuevo a ellos. “El trabajo de campo fue algo más complicado, porque tuve que desplazarme por las parroquias en busca de las piezas y fotografiarlas, encontrándome con el recelo de muchos párrocos que tenían miedo a que mi investigación se hiciera pública. Es lógico porque son piezas susceptibles de ser robadas. Y creo que si no fuera porque sabían que yo trabajo en la biblioteca del Seminario Mayor, no me habrían dejado acceder a las obras. El lado bueno es que tenemos un patrimonio muy bien protegido”, bromea semanas después de haber presentado su tesis ante el tribunal.

Las fuentes documentales destapan también la desigualdad económica y sociocultural de los plateros, gozando algunos de una buena posición económica que les permitió vivir muy desahogadamente y controlando un buen capital, frente a otros cuya vida transcurrió con continuos apuros, rematando sus días incluso en la pobreza –según lo autentifican las partidas de defunción que el bibliotecario consultó–.

Otro dato curioso es que esas mismas disparidades de estatus económico se detectan en la formación de la mayoría, pues mientras algunos maestros redactan cartas de pago con una caligrafía impecable, otros a duras penas consiguen firmar la documentación.

En cuanto al papel que la mujer desempeñó en el oficio, no se ha podido testimoniar caso alguno al frente de un taller o colaborando en él. Aunque sí aparecen en algunos casos como fiadoras de sus esposos al contratar obras.

Y fue precisamente una mujer la que impulsó toda esta investigación: la directora de tesis Yolanda Barriocanal López, del departamento de Historia, Arte y Geografía de la Universidad de Vigo. “Gracias a ella me adentré en esto. Lo interesante sería ahora poder continuar con el siglo XVIII y XIX porque de esas épocas ya hay más documentación”, finaliza dejando los libros abiertos.

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