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Aprender en el bosque: “Veñen cun medo terrible a manchar as mans ou os pés”

En el 2018 nació en Ourense un proyecto de educación en la naturaleza I Niños de entre 3 y 9 años aprenden a hacer pan o cocinar con fuego en un campamento de verano

La mayoría de los niños viven en la capital y este es su único contacto con la naturaleza. | // F. CASANOVA

En Chantada de Beiro (Ourense) existe, desde hace un tiempo una opción diferente para padres y pequeños. Se trata de una no-escuela en la que se aprende a través de la naturaleza y sus recursos.

“A raíz da miña experiencia nun centro ordinario dinme conta de que eu non era capaz de estar cun grupo de 25 meniños nunha aula. Non sabía como facelo. Pero aquí en Ourense non había ningún proxecto alternativo ás escolas ordinarias”, cuenta Victoria Aragonés sobre cómo empezó todo.

Al ser una educación que no está homologada, solo abarcan la edad que va desde los 3 a los 6 años, durante el curso escolar, y de 3 a 9 años, en los campamentos de verano que ahora se están desarrollando.

“Temos uns fundamentos básicos que son: o contacto diario coa natureza, o xogo libre e que os pequenos teñan tempo para eles empregalo como queiran porque as súas rutinas están moi marcadas polos horarios e os espacios pechados. E iso ten as súas consecuencias nas relacións que se establecen entre os adultos e as súas crianzas e entre as crianzas. Hai cero respeto entre eles e moita competitividade”, explica una de las cuatro encargadas del cuidado de los niños.

Los problemas de comunicación que desarrollan algunos para expresar sus emociones y sentimientos también se cuidan con especial atención en Aloumiños. “Que eles sexan capaces de dicir que o que alguén está a facer non lle gusta ou faino sentir mal é moi importante nunha sociedade chea de estrés e ruido”, incide Victoria.

A nivel motriz, dicen las profesoras, también se nota un antes y un después cuando los pequeños están en el campamento. Muchos de ellos llegan con cierta rigidez en el cuerpo y el contacto con la naturaleza los relaja. “Non son suficientes os paseos de fin de semana, necesitan moito máis. Ao final do tempo que pasan con nós, o bosque é casa para eles e síntense moito máis cómodos na natureza. Ao principio moitos, demasiados, teñen medo a ensuciarse. Pode sorprendernos porque o normal nos nenos pequenos é ensucirase. Pero chegan cun medo terrible a emanchar os pés e as mans ou a tocar unha miñoca, por exemplo. Logo dunha semana, iso cambia e descobren que necesitan facelo para aprender e gozar”, relata la encargada.

En los meses de julio y agosto, Aloumiños no Bosque se convierte en un campamento estival con menos de 20 niños. | // FERNANDO CASANOVA

El espacio es tan amplio que las monitoras se comunican a través de unos walkie-talkie para no perderse de vista entre ellas o a los pequeños. Y aunque hay mucha libertad para ser y estar, también existen los límites: cuidarse y respetarse los unos a los otros. “Os adultos temos capacidade para canalizar a rabia e o enfado, pero eles non. Aquí teñen lugar dabondo para berrar ou golpear unha pedra cun pau. Todo iso teñen que soltalo, porque non son agresivos, facémolos agresivos”, argumenta Victoria.

Junto a ella trabajan Jessica Moledo, Silvia Cabrera y Cristina Fernández, por las mañanas (de 09.30 a 14.30), para que las opciones de conciliación de los padres y el disfrute de los niños –en su mayoría residentes en la ciudad– sean los máximos posibles.

Colegio durante el curso, campamento en verano

El proyecto se llama ‘Aloumiños no bosque’ y nació en el año 2018, aunque tardó algo en gestarse por la dificultad de encontrar un espacio que cumpliera con los requisitos necesarios. Los niños comen también al aire libre, en unas mesas acondicionadas para ello, y el precio mensual durante el curso es de 270 euros –incluyendo todo – y aquellos que tienen dos hijos pueden acceder a un 20% de descuento sobre la cuota del segundo. La ratio que tienen estipulada es de 8 pequeños por cuidador y esto se mantiene inamovible durante verano e invierno. Para los campamentos de verano (que se desarrollan en julio y agosto) los precios oscilan según el tiempo que se quiera asistir a los mismos: desde los 80 euros por una semana hasta los 390 por las seis. “É importante que veñan preparados con mudas e varias capas de roupa, porque a temperatura varía moito desde que chegan ás 09.30 horas ata que marchan ás 14.30 horas”, destaca Victoria.

Adquirir conocimientos transversales

Aparte de los juegos y el esparcimiento individual, aprenden a través de actividades muy concretas. “Temos unha proposta diaria central, aparte dos xogos. Onte aprendimos a facer lume e entramos na finca dun veciño que sempre que nos ve polo bosque regálanos ovos. Outro día fixemos pan, e como non temos forno, é todo máis rudimentario pero descubren todo o proceso. Tamén nos sirve todo isto para que aprendan pautas de seguridade, por exemplo, sobre a precaución que hai que ter co lume e a importancia de deixar todo ben recollido cando imos de excursión a un entorno natural”, sintetiza Victoria.

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