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Subidón en Vinos tras una semana negra

La hostelería despega en Ourense con el cambio de criterio en el acceso, ahora posible con certificado COVID | Pero no todos lo piden: “Eso es labor de seguridad ciudadana”

Un grupo de ciclistas sevillanos en peregrinaje a Santiago, con parada en el bar Samuel. |   // IÑAKI OSORIO

Un grupo de ciclistas sevillanos en peregrinaje a Santiago, con parada en el bar Samuel. | // IÑAKI OSORIO

El nuevo mapa de restricciones por COVID que rige desde hoy apenas afecta a la provincia. O Barco sigue en nivel máximo, y Avión, O Carballiño, Barbadás y Ourense ciudad en alto, al que también se incorpora Verín. Esto implica que la hostelería en interior en estos municipios exige certificado de vacunación completa, prueba negativa o haber pasado la enfermedad, una medida que ya se estrenó el pasado sábado, dando vía libre a una actividad que se había prohibido una semana antes.

La hostelería de la capital de As Burgas, donde muchos locales carecen de terraza y tuvieron que cerrar, celebra este cambio de criterio de la Xunta, pero con cierto resentimiento porque les obligó a suspender la actividad en plena campaña de verano y con una enorme afluencia de turistas, aseguran empresarios de la zona de Vinos.

“No vi un verano igual en mi vida; cuando en la playa hace malo, Ourense se llena”, afirma Julio Vázquez, del restaurante Casa Toñita, que lleva un mes cerrado. Primero por un positivo en el local que no afectó a la plantilla pero que impuso una cuarentena de 13 días y después por las restricciones. El mismo día que pensaba abrir Ourense pasó a nivel alto y se ordenó el cierre de la hostelería en interior. “Otros muchos y yo dimos vacaciones de 15 días, que es el tiempo mínimo de las restricciones, pero esta vez cambió, y no tuve valor para pedir a los trabajadores que volvieran”. Así que continuó cerrado “y hundido, porque ayer pagué las nóminas y los ingresos han sido cero euros en un mes como julio que siempre es buenísimo”, lamenta.

Comida de amigos en el Monterrey. | // IÑAKI OSORIO

La reapertura del interior el pasado sábado supuso un despegue para el sector, que constata una intensa actividad, sobre todo de turistas. En la calle Lepanto, Jorge Campos del bar Enxebre, asegura que no esperaba tanto movimiento: llena terraza y comedor todos los días. “Pedimos certificado y la gente responde muy bien, es cierto que prefieren fuera que dentro, pero estamos trabajando llenos. No doblamos en comedor dos o tres veces como antes pero muy bien. Nada que ver con la semana del cierre, que fue terrorífica”, apunta. Celebra por ello el cambio de criterio, ya que les ha permitido absorber toda la clientela que genera el turismo. “Ahora no es como antes, Ourense vive del turismo”.

También en el restaurante Sanmiguel han notado un repunte de clientes entre semana. El metre, Christian Andara, atribuye este incremento a que se trata de un local grande, con espacio para garantizar la distancia, y muy fresco, idóneo para escapar del calor de estos días. “Nuestra clientela fuerte es gente que supera los 30 y la mayoría tienen certificado, así que eso no supone un problema. En líneas generales ha sido una buena semana”, señala.

Ourensanos de Suíza, en el Monterrey. | // IÑAKI OSORIO

A pocos metros, Luis Roales, del restaurante Monterrey, lamenta el “error” del cierre de una semana. “Se habría funcionado mucho porque la calle estaba llena de gente y muchos preguntaban pero no se podía entrar”, explica. Esta semana, dice, ha trabajado sobre todo con turistas que han mostrado su certificado.

Pero no todos los hosteleros lo piden. Francisco José Ovejero, del bar Orellas, se niega a hacerlo. “No voy a convertirme en un delincuente porque ese certificado hay que contrastarlo con un DNI y existe una ley de protección de datos que hay que cumplir. Además, eso es labor de seguridad ciudadana,”, afirma. “No me pueden pedir eso con lo que llevamos encima y después del cierre encubierto de una semana”, dice, y critica que esa medida “le quitó el pan a unos para dar el doble a otros”, en referencia a locales que, lejos de reducir el aforo de sus terrazas, las han ampliado.

Francisco José Ovejero, con varios clientes del bar Orellas, que enseñan sus certificados. Iñaki Osorio

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