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Ourense

“Pasé cinco días sin que me llamara el médico y mi pareja esperó cinco días por una PCR”

Un positivo narra la saturación en los rastreadores y los centros de salud tras la explosión juvenil de casos en la capital ourensana

Una prueba en el Cribabus. |   // I.O.

Una prueba en el Cribabus. | // I.O.

Alexandre está pasando la enfermedad en casa. “Ahora estoy bien, pero pasé dos días con fiebre y tirado en cama, pero ya me estoy recuperando”. Él es uno de los miles de contagiados que registra el área sanitaria de Ourense, Barco y Valdeorras después de la explosión de los últimos casos tras las medidas de la desescalada.

Ante la pregunta dónde se contagió señala que “estuve repasando los lugares en los que estuve en las dos últimas semanas desde los primeros síntomas y no encuentro una explicación. No salí de fiesta ni de botellón ni tampoco tengo una vida social activa, del trabajo a casa y de casa al trabajo. Les envíe mensajes a mis contactos directos que eran tres, mi novia, mi suegra y mi madre y solamente mi pareja dio positivo”.

"No sé dónde lo pude coger"

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Tras analizar su calendario de trabajo y su agenda, los primeros síntomas empezaron el martes de la semana pasada. “Pues la verdad, un día me levanté así un poco resfriado, o yo pensaba que era un resfriado. Tenía congestión, mocos y un leve dolor de cabeza. Ante esos síntomas y viendo que no había tenido contactos de riesgo, fui a trabajar con todas las medidas de seguridad y prevención. Siempre las cumplimos, pero a partir de los síntomas todavía más, por si era positivo. Al día siguiente ya me empecé a encontrar peor y fui una tarde al PAC, allí me confirmaron que era positivo”.

Desde ese día, Alexandre se encerró en una habitación de su casa a la espera de la llamada de los rastreadores. “Me llamaron ese mismo día a las 22.00 de la noche con un trato muy bueno la verdad y le di mis contactos directos, que realmente contactos directos eran 3. Mi pareja, su madre y mi madre, me dijo que guardara cuarentena y ya”.

Sanitarios atienden a un paciente en la unidad de críticos del CHUO. | // BRAIS LORENZO s. de la fuente

El positivo, de 27 años de edad, señala que “me preocupaba por mi suegra, la verdad, porque es una persona de riesgo y no sabía si sería positivo o no. También por mi pareja porque no sabes cómo te afectará el virus. Desde que di positivo se encerró conmigo en casa pero en habitáculos separados. Pero lo que sucedió es que los rastreadores llamaron a su madre y a mi madre, pero a ella tardaron en llamarla. De hecho fue ella la que se puso en contacto con los rastreadores para decirle que quería que le hicieran una prueba PCR. Hubo un día que se encontró bastante mal y pidió la prueba para casa porque no se podía mover de la cama y le dijeron cinco minutos después que tenía una prueba en el autoCOVID. Eso ya denota que el sistema de rastreo y la comunicación entre los rastreadores y los centros de salud está colapsada, es normal, nadie esperaba este aumento de casos tan grande. Ese día estuvimos esperando y no vinieron, al siguiente tampoco y al siguiente tampoco. Hubo un día que nos levantábamos y ya decíamos que hoy tampoco sería el día. Pasó cinco días hasta que se la hicieron y al final dio positivo”.

“Nuestra familias no se creían que lleváramos cinco días sin que nos llamara el médico"

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Ambos se encuentran todavía en casa mejorando su estado de salud, y ahora sí, con llamadas casi diarias para ver cómo se encuentran y si tienen algún síntoma. “Nuestra familias no se lo creían, no se querían creer que habíamos estado cinco días sin que me llamara el médico y a ella sin prueba PCR. Por mucho que aumente la incidencia y los casos, el sistema no puede colapsar de esta manera”. Y añade que “no sé si seremos los únicos pero creemos que no, porque los profesionales no dan a basto”.

Ante la pregunta qué le diría a los jóvenes, señala que “me impactó un joven de 17 años que ya lo había superado se volvió a contagiar y pasó por la UCI, creo que era en Madrid. Esas cosas visibilizan el problema que hay ahora mismo. La verdad es que los jóvenes tienen una falsa seguridad de que no les va a tocar a ellos y si les toca que lo van a pasar. Pero el caso es saber qué secuelas deja o cómo ataca al cuerpo. Falta concienciación en el tramo de edad donde me incluyo. Yo era de los que me protegía bastante y todavía así, me contagié”.

Alejandro desvela que tiene amigos que salieron de fiesta durante la pandemia en pisos, en garajes o pisos turísticos por otras ciudades y que ellos no padecieron el virus. “Cuando toca, toca y hay que superarlo como se puede, no lamentarse de que me haya tocado. El caso se superarlo y estar bien”.

También quiere mandar un mensaje a todos los profesionales sanitarios que todavía padecen esta pandemia: “La sanidad pública necesita más personal y más recursos, no porque el sistema esté colapsado sino porque es el servicio más preciado de todos como personas individuales y colectivas. Sin salud, no hay vida. Y eso, a veces, la sociedad no se da cuenta y no lucha lo suficiente por ellos”.

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