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cristina margusino | Jefa de servicio de Atención Primaria en Xinzo

“Los sanitarios del rural necesitan estabilidad laboral para dar una mejor atención”

Es miembro del equipo ganador de la primera edición de la Beca de Medicina Rural, entregada ayer en el Colegio de Médicos

Cristina Margusino es facultativa y jefa de servicio del área sanitaria de Xinzo de Limia.   | // IÑAKI OSORIO

Cristina Margusino es facultativa y jefa de servicio del área sanitaria de Xinzo de Limia. | // IÑAKI OSORIO

Cristina Margusino es la jefa de equipo de Atención Primaria en el centro de salud de Xinzo de Limia. Ayer recogió –en representación de todo el personal con el que trabaja y las entidades que colaboran en el proyecto– el premio de la primera edición de la Beca de Medicina Rural, convocado por la Asociación de Médicos Gallegos (Asomega) y la Sociedad Española de Medicina General (SEMG). El acto se llevó a cabo en el Colegio de Médicos de Ourense.

–¿En qué consiste exactamente este proyecto por el que los han galardonado?.

–Es un trabajo organizado desde el servicio de Atención Primaria de Xinzo, cuyo objetivo es intentar humanizar el servicio que se ofrece a las personas. Se nos ocurrió que podíamos celebrar unas jornadas en las que participasen los máximos agentes sociosanitarios posibles de la zona. Invitamos a todas las asociaciones, públicas y privadas, que pueden ayudar a mejorar la atención de los pacientes y de los no pacientes, porque al final también sirve como labor preventiva. En el caso de los que son pacientes también nos gusta contar con la presencia de familiares.

–¿Y sobre qué versan las jornadas que programan?

–Cada una va orientada sobre un tema concreto. La primera fue sobre la atención domiciliaria en el medio rural. Los pacientes también pudieron trasladarnos cómo se sienten con nuestro trabajo y qué necesitan. Es una retroalimentación. Todas las partes exponen sus necesidades y los problemas a los que se enfrentan cada día. De este modo, también conseguimos que el resto de instituciones nos ayuden a mejorar las condiciones de las personas y el trato que podemos darles. Nos reunimos con los ayuntamientos de la comarca para que pongan sobre la mesa las soluciones y herramientas con las que cuentan y que a veces no se usan por desconocimiento de que existen o por desconocimiento de los problemas reales de las personas.

–¿Cuándo empezaron a organizar estos encuentros?

–El primero fue ya antes de la pandemia, en el 2019. Y el año pasado teníamos programado el proyecto para seguir pero con esto del coronavirus tuvimos que parar, como todos los servicios sanitarios, y dedicarnos más a lo urgente. Aunque no pudimos realizar las jornadas con asistentes, sí que es verdad que ya se había creado un vínculo que nos sirvió para facilitar, por ejemplo, material a aquellos domicilios con pacientes encamados. La red de contactos y comunicación ya está creada y esto resultó más positivo, si cabe, con el coronavirus.

–¿Es viable un proyecto así teniendo tan solo diez minutos para cada paciente?

–Hay muchos factores que influyen en el trato que podemos dar. Una es la estabilidad de los profesionales sanitarios. Si tú estás en un puesto de trabajo un mes y al siguiente te trasladan a otro sitio, no llegas a conocer a tus pacientes. Poner en marcha proyectos como este se complica por la saturación que tenemos en las consultas, a lo que se le sumó en el último año el COVID-19. Nosotros vemos una media de 45 pacientes, con cinco minutos para cada uno, más la atención domiciliaria y las urgencias necesarias cada día. Pero lo estamos intentando echando horas por nuestra cuenta y se está consiguiendo porque el equipo de trabajo es muy sólido. Aunque en ocasiones las jornadas laborales se extienden más allá de lo oficial. A veces es agotador, pero este premio ha sido un impulso para no abandonar el proyecto y esperamos que ayude también a dar visibilidad al problema. Tener más tiempo por paciente aumentando las plantillas y ofrecer contratos de larga duración es imprescindible y urgente.

–Tampoco ayuda el envejecimiento de Galicia, más pronunciado en las zonas rurales.

–No, no ayuda. El envejecimiento y la soledad es un plus de peligrosidad. Muchas veces, al hecho ser mayores y vivir en el rural, se suma no contar con un sistema de hospitalización a domicilio que en ocasiones tratamos de suplir nosotros como buenamente podemos.

–¿Continurán entonces con las jornadas en el futuro más próximo?

–Sí, de momento sí. La semana que viene tenemos una reunión con la alcaldesa de Xinzo y en octubre estamos planeando una jornada orientada al trabajo en las residencias sociosanitarias, en las que hay mucho que mejorar por parte de todos para que la atención sea óptima.

–¿Cómo consiguen que la gente se entere de las jornadas y pueda asistir a los encuentros?

–Primero buscamos a personas más conocidas en los ambientes rurales para que hagan un boca a boca y también imprimimos cartelería que colocamos cuando podemos, yendo de pueblo en pueblo y de iglesia en iglesia, que es adonde sabes que seguro acude la gente, por lo menos una vez a la semana. Así que cogemos el coche y nos repartimos las zonas. También tiramos mucho de cuidadores no profesionales y centros sociales para que nos ayuden a formar a sus propios vecinos. Nos gustaría que se ponga más en valor el trabajo que se hace en los pueblos. Y no solo con premios, sino también con medios humanos y tiempo. Un tiempo imprescincible para realizar, con toda la calidad que requiere, este trabajo.

La beca de medicina rural está dotada con una cuantía de 6.000 euros para reforzar el proyecto

Al acto de entrega de la primera beca de medicina rural, que tuvo lugar ayer por la mañana en Ourense, acudieron el presidente del Parlamento gallego, Miguel Santalices; el conselleiro de Sanidad de la Xunta de Galicia, Julio García Comesaña; la jefa del equipo de Atención Primaria de Xinzo, Cristina Margusino y la ganadora de la mención honorífica por su trabajo sobre educación en autocuidado de personas con dolor crónico, Ana Bello. También asistieron Julio Ancochea, presidente de Asomega; José Luis Jiménez, presidente del Colegio de Médicos de Ourense; Lorenzo Armenteros, de la Junta Directiva de SEMG; y Ángel del Cerro, jefe nacional de Ventas de Laboratorios Bial. El primer premio está dotado con un diploma y una cuantía total de 6.000 euros. pensado para poder seguir desarrollando el proyecto ganador.

Parte del equipo que conforma el proyecto ganador, en el Colegio de Médicos de Ourense IÑAKI OSORIO

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