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Loles León: “Yo he ido toda mi vida como los salmones, a contracorriente”

La polifacética artista actúa, a las 21.00 horas, hoy y mañana en el Teatro Principal

Briel González, Loles León y Fran del Pino, durante una escena en el Teatro Principal   | // F. CASANOVA

Briel González, Loles León y Fran del Pino, durante una escena en el Teatro Principal | // F. CASANOVA

Chica Almodóvar. Cabaretera. Paloma Cuesta, pero también Minga y Trini. Churrera en el negocio de sus padres en la Barceloneta. Mente ágil y lengua vivaraz. Espontánea y muy risueña. Brava y feminista. Consciente de la falacia de la belleza y la juventud. Transparente cuando se baja del escenario.

Loles León (Barcelona, 1950) vuelve a los escenarios para cantarle a la vida –a su vida– con sus partes de drama y comedia, bajo la dirección de Juan Luis Iborra que escribió ‘Una noche con ella’ saltando de la realidad (un 80% del texto) a la fantasía (el 20% restante), según sus propias palabras.

–Comienza la obra afirmando que si a uno no le gustan cosas de su vida, las puede cambiar sobre el papel para representarlas en un escenario. ¿Es esta obra una catarsis?

–No, no me lo planteo así. Porque yo eso lo he hecho casi siempre. Si hay algo que no me ha gustado lo he amoldado o sustituido por otra cosa. Sí es cierto que en el texto hay momentos muy íntimos o con más peso emocional. Más concretamente cuando hablo de la época en la que empecé a trabajar en las salas de cabaret de Barcelona.

–¿Pero hay algo de su vida que no le guste?

–No, es más una sugerencia que quiero hacerle al público. Una invitación para que aquellos que se han transformado en algo que no querían, sientan que todavía tienen la oportunidad de cambiar. Yo estoy aquí por todo lo que he hecho y no me arrepiento de nada. Es un guiño hacia todos aquellos personajes de la historia, entre los que podemos incluir a actores también, a los que realmente no se ha llegado a conocer. Aquellos que estaban metidos en el mundo del espectáculo y han sufrido presiones para cambiar su vida en base a la imagen que tenían que dar. Pienso, por ejemplo, en Rock Hudson ocultando tantos años su homosexualidad. Si no te gusta tu vida, cámbiala.

–El director comentó que ha escrito otros textos para usted antes, per no llegaba a verse en ellos para interpretarlos.

–Yo hago personajes que no tienen nada que ver conmigo. Pero sí que es verdad que tengo que sentir como un pálpito para decantarme por ellos. Se leen muchos guiones pero realmente solo se llegan a interpretar una pequeña parte. Con Ibarra tengo tanta confianza que yo le decía que no veía reflejada en algunas escena y él seguía intentándolo. Hasta que al final me emocionó leyéndome cinco páginas por teléfono y me emocionó.

–Tras una amistad de treinta años Iborra la conoce muy bien. ¿Ha habido alguna parte del guión que le despertase pudor interpretar por ser muy íntima?

–Hemos conseguido introducir esos momentos con naturalidad. Dimos muchas vueltas para que nada rechinase. Y hemos tenido que resumir mucho porque los primeros ensayos duraron tres horas porque incluso hablábamos de algunos novios que tuve. Entonces empezamos a quitar por el bien del espectador.

–Para el director el confinamiento supuso la inspiración para ponerse a escribir ‘Una noche con ella’. ¿Para usted qué significaron tres meses de encierro?.

–Pues muchísima soledad. Pero a mí me gusta también pasar tiempo conmigo misma. Así que no supuso algo muy peliagudo para mí. Vi muchas series y películas. También leí. Porque mi hijo se fue fuera de Madrid y la mayoría de mis amigos también. Y después empezamos todos a entrar como en un bucle de decaimiento en el que ni siquiera llamábamos tanto por teléfono como al principio del encierro. Me entretuve mucho con las redes sociales. Y todo esto me sirvió también para corroborar que la humanidad necesita la cultura más de lo que se piensa. Los teatros y los museos pusieron todos los medios a su alcance para conseguir que la gente no lo pasase tan mal. Se podían ver representaciones teatrales, óperas y exposiciones gratuitamente. Sin sacar más beneficio que el de aportar entretenimiento y compañía a las personas.

–José Sacristán comentó en una entrevista que ha accedido a algunos papeles en televisión para después poder vivir algunas temporadas haciendo teatro. ¿Le ha pasado esto a usted?

–Yo he ido trabajando sobre la marcha. Sacristán es un grande. Yo en algunas ocasiones no he podido escoger tanto. Cogía todo lo que me venía para vivir. Si en el teatro se gana menos, pues he cobrado menos. Si en la tele se paga más, pues una mejor época económica. Por eso tampoco entiendo a esa parte de España que pone el grito en el cielo y nos acusa de vivir de las subvenciones con su dinero. Yo nunca he cobrado una subvención.

–Quizás esos comentarios vengan de gente que no va al cine y al teatro y no ve todo el engranaje.

–Es que con una película a lo mejor comen cien familias. ¡Y con una serie ni te cuento! Los que se quejan de los 30 millones al año de ayudas al cine no suelen ser los mismos que se quejan del dinero público dado a los bancos o de las escuelas concertadas.

–¿Y en qué ámbito se siente más cómoda trabajando: teatro, cine o televisión?

–A mí me gusta todo. Me encanta mi oficio y trabajar. Aunque sea en un corto en el que sé que no voy a cobrar porque hay pocos medios. Esta profesión da sentido a mi vida.

–En alguna parte de la obra pone en su sitio a hombres que le lanzan comentarios machistas. Contesta siempre sin tapujos a todo. ¿Eso ha contribuido a que se la describa continuamente como una mujer con mucho carácter?

–Es que yo llevo trabajando desde los años 70. Sola por los pueblos de toda España. No llevaba a un marido o un representante al lado. Entonces he contestado cuando tenía que contestar y he reivindicado lo que me correspondía en cada momento. Pero eso a veces me ha dado mala fama. Yo he ido toda mi vida a contracorriente, nadando como los salmones. He saltado todas las olas, le guste o le pese a quien le pese. Y si sacaba el carácter es porque me estaba defendiendo. Y me da lo mismo porque sé quién soy y a dónde quería llegar. Y lo he conseguido teniéndolo mucho más difícil que un hombre. A ellos se les abrían las puertas y a mí se me cerraban en las narices. Así que las echaba abajo a patadas si hacía falta. Tengo una hemeroteca que me respalda como una mujer reivindicativa, transgresora y pionera en muchos aspectos de la profesión. Puede ser que mi presencia o actitud tirase para atrás a algunos, pero era una forma de que me respetasen y no se sobrepasasen.

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