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Josefa Ledo: “Lo más grande de la iglesia son los misioneros”

Es la primera ourensana que recibe la medalla Pro Ecclesia et Pontifice | Siempre tuvo claro que “mi trabajo era servir”

Josefa Ledo, con el obispo Leonardo Lemos.   | // BRAIS LORENZO

Josefa Ledo, con el obispo Leonardo Lemos. | // BRAIS LORENZO

Una ourensana recibió ayer, en el Seminario Mayor, la Medalla Pro Ecclesia et Pontifice, la mayor distinción que realiza la iglesia católica a los laicos, y que el papa Francisco concedió a Josefa Ledo López, por sus 45 años como secretaria de la Delegación de Misiones de la Diócesis de Ourense y de OMP (Obras Misionales Pontificias). Es la primera ourensana en la historia de la Diócesis que recibe este reconocimiento, desde la institución de la medalla hace 133 años.

El obispo de Ourense, Leonardo Lemos Montanet, fue el encargado de la entrega, destacando la importancia de este acto como reconocimiento a la labor de Josefa Ledo, “quien es y seguirá siendo alma de la misión en Ourense, y a través de ella, la fidelidad de los misioneros, que siempre seguirán teniendo en Josefa el corazón de una hermana y amiga con entrañas de madre”. Por su parte, Josefa Ledo, muy emocionada, recibió la medalla “en nombre de lo más grande que tiene la iglesia, los misioneros. Siempre tuve claro que mi trabajo era un servicio y me dejé llevar”. Recordó a cada persona que fue fundamental en esta labor. Algunos ya no están pero siguieron presentes en cada esfuerzo, cada batalla y logro, y con todos ellos quiso repartir de manera simbólica, trocito a trocito, esa medalla.

Acompañándola también estuvo Francisco Prieto Fernández, obispo auxiliar de Santiago, vinculado de manera especial a la Delegación de Misiones de Ourense, de la que fue coordinador como vicario para la Nueva Evangelización hasta el mes de abril. Prieto hizo una breve reflexión sobre el rostro femenino de la misión.

También participaron el actual delegado episcopal de Misiones, Alberto Diéguez, que presentó el evento, así como sus predecesores, los trabajadores y voluntarios de la delegación, la familia de Josefa y otros compañeros y amigos. El broche de oro al acto lo pusieron varios de los participantes asiduos en los festivales de la Canción Misionera, que interpretaron algunos de los temas más conocidos de unos certámenes que para la homenajeada son una de las tareas más especiales vividas y promovidas durante décadas.

La medalla Pro Ecclesia et Pontifice es una cruz instituida por León XIII en 1888 con motivo de la celebración de sus 50 años de ordenación sacerdotal. Desde 1908 se entrega solo en oro a quienes hayan demostrado un largo y excepcional servicio a la iglesia católica o al papa como reconocimiento a la fidelidad a la iglesia y el servicio distinguido a la comunidad eclesial por parte de clérigos y laicos.

Josefa Ledo López nació en 1955 en Santa Eufemia de Ambía, Baños de Molgas, donde pasó sus primeros años. Luego su padre emigró a Alemania y ella terminó allí sus estudios primarios. De vuelta a España ingresó en el colegio Divina Pastora, Franciscanas, en Ourense, como interna. Durante la adolescencia se ilusionaba con las misiones, y en su etapa adulta comenzó en el grupo de muchachos de la Comunidad Misionera de Estudiantes, en torno a don Aurelio, un hombre que marcó un hito en el servicio a la misión. Pronto le propuso ser secretaria de las Obras Misionales Pontificias y de la Delegación de Misiones, que en ese momento era un constante ir y venir de jóvenes. Y Josefa Ledo siempre fue “el rostro de misiones”, 45 años estando y sirviendo a disposición de los misioneros.

El Obispado recuerda que Francisco Rodríguez, seglar que trabajó en las oficinas de curia durante toda su vida laboral, recibió esta medalla cuando se jubiló, hace más de 25 años.

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