Brais Lorenzo Couto (Ourense, 1986) lleva un año de premio en premio. Tras los galardones internacionales y nacionales, por su retrato humano de la pandemia, ahora recibe el XXXI Premio Carracedo de la Diputación de Ourense.

–El 2020, ¿es el año de Brais Lorenzo?

–Pues sí, va a ser complicado que se iguale otro año así en el ámbito profesional. Ya fueron muchos los premios y reconocimientos y si me lo dicen hace un año, no me lo creería. No trabajo con la pretensión o el objetivo de los premios, habrá gente que sí, pero no es mi caso. Concursar en diferentes premios fue una participación de supervivencia, la situación de los fotoperiodistas es mala.

–El refranero dice que “nadie es profeta en su tierra”, pero el Premio Carracedo 2020 de la Diputación de Ourense dice lo contrario de Brais Lorenzo.

–Obviamente, el refranero es muy sabio (risas). Pero después de un año muy complicado para todos, y de los reconocimientos internacionales que me han llegado, el Premio Carracedo es un honor para mí, y engordar esa nómina de premiados con profesionales ilustres es un reconocimiento importante, ya que es un premio al que se presentan profesionales muy buenos.

–Los fotoperiodistas fueron los ojos en época de confinamiento, ¿los premios reivindican la labor del fotoperiodista?

–Sí, claro, yo lo veo así. Estoy muy contento porque, aunque noto que en el día a día el fotoperiodismo está mal tratado, es importante que un jurado te reconozca, ante piezas de diferentes lenguajes como los reportajes escritos, televisivos o radiofónicos, y eso es algo que reivindica nuestra función. Es una ayuda y una motivación para seguir documentando la crisis y la vida diaria. Pero también es una reivindicación de la profesión del fotoperiodista, ya que he conocido a profesionales que he admirado que lo han tenido que dejar para realizar otras actividades que nada tienen que ver con esto. Me da pena por ellos, y que yo pueda vivir de esta pasión es una alegría.

–Habla del lenguaje, pero es que sus fotografías hablan más que mil palabras.

–Las imágenes pueden describir muchas cosas, pero también tengo que decir que el valor añadido, para contextualizar una foto, lo hacen los periodistas. Poner nombres a la cifras y humanizar la pandemia, era uno de nuestros deberes y el fotoperiodismo contribuye a eso, a ponerle cara, nombre o lugar a la pandemia. Y así lo ha hecho.

"Hubo trabas administrativas e incluso censura en algunos momentos"

–¿Faltó realismo en la documentación de la crisis?

–Sí, hay imágenes que no se pudieron hacer y ahora ya no se pueden hacer. Hubo trabas administrativas e incluso censura en algunos momentos para poder acceder a lugares como hospitales, cementerios o residencias, que era donde realmente estaba sucediendo el drama. Sé que es complicado gestionarlo, sobre todo al inicio, pero espero que se haya aprendido con la pandemia, además de poner en valor el periodismo local, ya que es tan importante contar lo que sucede en Ourense como en Washington.

–Sus fotos son y serán parte de la historia de la humanidad. De Ourense, para la eternidad.

–No solo las mías, sino las de otros tantos compañeros. Esas imágenes son un documento histórico que documentan una crisis que no se vivía desde la Guerra Civil en España. Es una pena que no hayamos podido hacer la cobertura de la pandemia de la mejor forma posible, que era como hubiéramos querido.