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ARTESANÍA

Francisco Araújo, el único artesano de libros de Ourense

El ourensano, que regenta la Librería Cisne con su mujer y su hija, forma parte del selecto club de un oficio en extinción en Galicia

Rosa Mari, Francisco y Carmen en el taller de la Librería Cisne.   | // IÑAKI OSORIO

Rosa Mari, Francisco y Carmen en el taller de la Librería Cisne. | // IÑAKI OSORIO

Un libro de Otero Pedrayo para la Infanta Elena en 1999, libros y carpetas que salen en ‘Los Girasoles Ciegos’, restauraciones de salmos para el Obispado o encuadernaciones de periódicos autonómicos. La historia de Francisco Araújo es la de una vida dedicada a la artesanía. Desde un rincón de Ourense, hace que cada libro sea especial. Ahora, su hija recoge el ‘librillo’.

“La mejor filosofía es trabajar con alegría”. Es la proclama que reina sobre una de las columnas del taller de Francisco Araújo, el único artesano de libros y restaurador de la provincia de Ourense, que regenta con su mujer y su hija la Librería Cisne.

Sobre un marco tiene su último paquete de tabaco, para no olvidarse que dejó de fumar en 2003: “Mira todavía está el mechero y casi lleno el paquete”. Y sobre una estantería con cristalera tiene un Pinocho, el mejor identificador que con sus manos elabora vida, pero en forma de libros.

“Se me pasaban las horas volando. Muchas veces me dice la mujer que si vamos a comer”

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Dice Federico Martinón, en un artículo en FARO, que “se ha afirmado que percibimos un libro a través de todos los sentidos”. Y hoy en el Día del Libro, Francisco así lo demuestra. Saca una reliquia hecha de cuero, donde el olfato lo asevera. Otra hecha a parte de telas, donde el tacto lo confirma. Un libro pequeño, del tamaño de un corcho, que pone “Kamasutra”, donde hace falta enfocar la vista. El oído permanece atento a las enseñanzas del artesano, como hace su hija Rosa Mari que coge el testigo de su padre pero con modernismo y el gusto por vivir una vida ligada a lo que le hace feliz: “Se me pasaban las horas volando. Muchas veces me dice la mujer que si vamos a comer”.

Rosa Mari y Francisco Araújo cosiendo un facsímil de un periódico para un encargo. //IÑAKI OSORIO

Y es que es entrar al taller y la percepción del tiempo se para. En el piso de arriba de la Librería Cisne hay historia e historias. No solo las que encierran los libros si no las experiencias que narra Francisco. Primero fue (y es) tornero y después se dedicó a la construcción.

Desde 1986 regenta un oficio del que pocos pueden presumir: “Siempre le dije a mi hija que si coge un trabajo, un pedido, es para hacerlo y dejarlo bien, si no que deje el trabajo o que diga que no lo puede hacer”.

Entrar al taller, es hacerlo a una casa museo, un paseo etnográfico de la bibliofilia. “Hay máquinas aquí que tienen 150 años y hay otras que tienen más de 100 (señala a una) que las restauré yo”.

Mientras habla enciende una máquina Kraus que era de rueda, pero le puso un pequeño motor. El arte de la restauración de libros descansa sobre sus manos y su cabeza: “No me hace falta agenda, miro lo que tengo y me acuerdo de todos los pedidos”.

Francisco Araújo con su hija Rosa Mari y un libro de Artesanos de Galicia. // IÑAKI OSORIO

El ‘librillo’ de Francisco

Francisco estuvo viajando a Madrid en los años 90 para aprender más sobre la encuadernación. Ahora el artesano enseña a su hija las artes de un oficio que convierte libros antiguos, en reliquias vivas. Rosa Mari empezó en 2012 a ayudar a su padre y él fue el mejor profesor.

Desde entonces, con su toque personal, elabora diferentes manufacturas para bodas, bautizos e incluso hacen ejemplares sobre “Así estaba el mundo cuando tu naciste”. Un recopilatorio de noticias y revistas del día de nacimiento de una persona para regalar. “Estudié turismo, no tiene mucho que ver (ríe). Pero ahora le ayudo a él y en un futuro seré yo la que continúe, pero espero que mi padre se marche lo más tarde posible”.

La edad de jubilación está cerca para Francisco y él dice que “soy feliz con mis cosas en el huerto”, aunque su hija le corrige diciendo que “seguro que no aguanta, aquí es feliz, se lo pasa bien y disfruta así que se quedará más tiempo”.

El oficio y el negocio se mantiene con encargos de particulares y algunas entidades. Unos son especiales, otros encargos sin más, pero lo que los hace únicos es la encuadernación “made in Cisne”, donde Francisco y su hija dan vida a libros que fueron recuerdos y a recuerdos que serán libros. Como hizo Geppeto con Pinocho.

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