El 11 de mayo entran en vigor los nuevos límites de velocidad en las vías urbanas y travesías, y en varias calles de la ciudad de Ourense ya lucen las nuevas señales verticales que prohíben circular a más 30 kilómetros por hora en las calzadas de un solo sentido y carril, como la Avenida de la Habana, Avilés de Taramancos, Ramón Cabanillas –la brigada de tráfico del ayuntamiento instaló la señal en el tramo de esta vía desde Celso Emilio Ferreiro, ayer por la tarde–, el primer trecho de Nosa Señora da Saínza –el de ampliación hacia Mariñamansa estará a 40 km/h, al igual que Emilia Pardo Bazán hasta la rotonda– o Pena Trevinca. Los expertos viales celebran este cambio normativo pero solicitan que vaya acompañado también de mejoras en la infraestructura y de medidas pedagógicas.

“Es un paso positivo, porque todos los estudios técnicos indican que a menor velocidad, menor es el riesgo para el peatón en caso de un atropello. A una velocidad de 50 por hora hay un 80 o 90% de probabilidades de fallecer, y con la reducción a 30 aumenta la seguridad del peatón”, indica Benito Bouzada, delegado de la Federación Estatal de Técnicos de Educación Vial (Fetevi). “También es una medida positiva a nivel medioambiental y en cuanto a reducción de la contaminación acústica, sin olvidar que reducir la velocidad también ayuda a descongestionar el tráfico”.

Este activista por la seguridad vial considera que la nueva normativa debe venir acompañada “de medidas estructurales que consigan una pacificación y una humanización de la ciudad. No se trata solo de instalar y pintar señales, sino de realizar una inversión en la infraestructura”. En esta línea, Benito Bouzada insta al Concello a implementar cuanto antes el plan de movilidad urbana sostenible. “Ourense necesita un giro de 180º, con una previsión a corto, medio y largo plazo, siendo conscientes de que cambiar la movilidad lleva tiempo”.

Un operario, instalando ayer la señal en Ramón Cabanillas. // FdV

Maxi Cid es delegado en Galicia de P(A)T, la asociación de prevención de accidentes de tráfico, que desde hace años reivindica la pacificación del tráfico en las ciudades. “A menos velocidad, menos accidentes, menos heridos y fallecidos y menos contaminación”, señala este experto. “Las ciudades deben pensar en los peatones. Si queremos una movilidad segura, hay que apostar por las vías de convivencia. El vehículo ha ganado demasiado espacio en la infraestructura urbana en detrimento del peatón. La movilidad urbana debe recuperar ese espacio y apostar por el transporte público y la bicicleta”, incide.

Cid considera necesario que el cambio no se quede solo en el establecimiento de unos nuevos límites. Además de actuaciones en la infraestructura, “hacen falta medidas pedagógicas y educativas. Por ejemplo, una zona 30 no quiere decir que la velocidad máxima sea esa, sino que es un lugar de convivencia entre el vehículo y el peatón, con prioridad para este último. Seixalbo es un modelo. Debe hacerse pedagogía para que sea comprensible por el conductor y el ciudadano en general, para que se vea que es una medida necesaria que redunda en la salud de todos”.

Juan XXIII estará a 30 km/h

Por regla general, los nuevos límites en las vías urbanas serán de 20 km/h en aquellas que dispongan de una plataforma única de calzada y acera, de 30 km/h en las de un único carril por sentido de circulación y de 50 en las calzadas con dos o más carriles por sentido de circulación. El plan para Ourense deja, sin embargo, la previsión de que la céntrica Juan XXIII, con dos carriles en cada sentido, pase a estar limitada a 30, al igual que Curros Enríquez, según fuentes municipales.

En el Puente del Milenio, en principio, la restricción sería de 40 km/h. La Diputación, Xunta y Fomento también deben gestionar la señalización de las carreteras de su titularidad, tanto en tramo urbano como en travesías, de cara a la modificación que entra en vigor el 11 de mayo.

Si la meteorología es favorable, la brigada de tráfico comenzará a pintar la próxima semana las calzadas con el nuevo límite, empezando por vías como Progreso, Habana o Juan XXIII.