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Manos jóvenes para limpiar el rural: “He desbrozado fincas en aldeas sin vecinos”

Las empresas ven “imposible” poder cumplir el plazo del 31 de mayo para eliminar la maleza junto a los núcleos | “Este es un trabajo de 8 horas pero duro, debe gustarte”

Alejandro Viso tiene una empresa de desbroces, 'Leiras limpas'. La de Vicente Conde se llama 'Destagal'. // FOTOS: BRAIS LORENZO y FERNANDO CASANOVA

Alejandro Viso tiene una empresa de desbroces, 'Leiras limpas'. La de Vicente Conde se llama 'Destagal'. // FOTOS: BRAIS LORENZO y FERNANDO CASANOVA

La despoblación y el envejecimiento son factores que complican el mantenimiento del entorno de las aldeas, en las que del paisaje de mosaico de antaño se ha tendido a que proliferen las parcelas en abandono, porque los propietarios ya no tienen la misma capacidad física para mantenerlas limpias, porque han fallecido o porque los herederos residen fuera y no siempre están pendientes de sus fincas, o incluso desconocen su ubicación.

“A muchos sitios vas y no hay vecinos. En una aldea de A Peroxa desbrozo las fincas de una señora, aunque allí no vive absolutamente nadie. Pero los terrenos, con frutales, eran de sus padres, y al final es más una cuestión sentimental"

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Con el cambio climático y la desatención del rural crece el riesgo de que los fuegos en el monte sean más peligrosos y lleguen a las casas. La ley 3/2007 de 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia, obliga a los dueños a eliminar la maleza, hierbas, rastrojos, basura y toda vegetación seca en una franja de 50 metros –si hay especies como eucaliptos, pinos o acacias– o de 15 –en el caso de los árboles frondosos– en suelo urbano, urbanizable y de núcleo rural; en torno a edificaciones y viviendas aisladas, urbanizaciones, depósitos de basura, cámpines, gasolineras e instalaciones industriales; así como junto a construcciones aisladas aunque se encuentren en suelo rústico. Por regla general, en la misma franja de 50 metros no puede haber árboles como el eucalipto, acacias o varios tipos de pino.

Los alcaldes avisan por bando

El plazo establecido por la Xunta termina el 31 de mayo y varios alcaldes, como los de O Carballiño, Boborás u Ourense, ya han emitido bandos para recordar a los vecinos la obligación, tanto si son titulares como arrendatarios o usufructuarios. Algunos regidores advierten de que “os titulares de fincas que non se atopen limpas serán responsables tanto civil como penalmente polos posibles danos que se poidan ocasionar tanto a persoas ou bens como consecuencia de incendios forestais nos que a súa orixe sexa a falta do debido coidado das parcelas”.

Además, la administración podrá repercutir los gastos de extinción de un incendio “ás persoas responsables de non cumprir co deber de limpeza e xestión da biomasa vexetal, e polo incumprimento das distancias mínimas”.

“La administración no va acorde con lo que es este trabajo. Si cada particular tuviera a una persona contratada o limpiara lo suyo sí daría tiempo, pero nosotros somos pocos en el sector y la gente que es mayor ya no puede limpiar y debe contratar"

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El Concello de Ourense recuerda que “transcorridos os prazos sen que a persoa responsable xestione a biomasa ou retire as especies arbóreas prohibidas, o Concello poderá proceder á execución subsidiaria, sen prexuízo da repercusión dos custos. As sancións por incumprir a lei van até os 1.000 euros se a infracción é leve, ou até os 100.000 se é grave”.

La norma está definida pero la práctica tiene un margen tasado. Para favorecer la limpieza, la Xunta, la Fegamp y Seaga firmaron un convenio para realizar –siempre que los titulares lo soliciten– los trabajos en las calificadas como parroquias prioritarias, por el número de incendios y hectáreas afectadas en los últimos años. En el caso del municipio de Ourense son seis: Vilar de Astrés, Arrabaldo, Cudeiro, Palmés y Velle. El servicio es voluntario y los interesados deben abonar una tarifa de 350 euros por hectárea y anualidad. Las empresas privadas de desbroces y trabajos forestales, muchas en manos de jóvenes emprendedores que se ocupan en mantener limpio el rural, ven “imposible” cumplir el plazo.

Vicente Conde y otro trabajador, realizando un desbroce en Barbadás. // FERNANDO CASANOVA

“Es inviable, harían falta muchas más empresas en el sector y muchos propietarios se acuerdan de la obligación cuando reciben la carta y no realizan un mantenimiento de las fincas a lo largo del año. Una buena parte del rural se encuentra abandonado”, asegura Vicente Conde, de 34 años, gerente de Destagal, una sociedad que creó en 2013, tras una larga experiencia en este ámbito laboral, desde los 18 años. Cuenta con varios trabajadores y también se dedican a pequeñas labores de reforma y construcción.

“La administración no va acorde”

La normativa que exige la limpieza de vegetación que pueda ser pasto y acelerante de las llamas en torno a los núcleos habitados elevó el trabajo de estas empresas, de las que “salvo unas pocas que llevan muchos años, están todas en manos de gente joven”, afirma Vicente. Alejandro Viso, también de 34 años y al que en ocasiones ayuda su padre Raúl, montó ‘Leiras limpas’ en 2018 y tiene lista de espera de 15 días para desbrozar en la época de mayor demanda, que se extiende desde la primavera a septiembre.

“Hay muchos titulares que están fuera, en Luxemburgo, Suiza, Alemania, Sudamérica, y la finca está totalmente abandonada. Entre los que siguen viviendo en el pueblo, muchos te dicen: antes lo hacía yo, pero ahora ya no puedo. Tiran de mano joven"

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“A mediados de marzo empieza a subir el trabajo. También es cuando la hierba y la maleza crecen, y la gente empieza a llamar”. Alejandro, al igual que Vicente, considera que el plazo estipulado de 31 de mayo –en 2020, por el primer estado de alarma, se extendió hasta mediados de julio–, resulta insuficiente. “La administración no va acorde con lo que es este trabajo. Si cada particular tuviera a una persona contratada o limpiara lo suyo sí daría tiempo, pero nosotros somos pocos en el sector y la gente que es mayor ya no puede limpiar y debe contratar. Yo en agosto y septiembre estoy desbrozando todavía”, ilustra este autónomo.

Emigración y envejecimiento

La maleza prolifera incluso en mitad de las aldeas, en las casas en ruinas. La mayoría de los que requieren los servicios, dice Vicente, residen en otro lugar o son propietarios mayores que ya no pueden asumir la labor. “Hay muchos titulares que están fuera, en Luxemburgo, Suiza, Alemania, Sudamérica, y la finca está totalmente abandonada. Entre los que siguen viviendo en el pueblo, muchos te dicen: antes lo hacía yo, pero ahora ya no puedo. Tiran de mano joven. También hay clientes que han heredado fincas y como no han trabajado las tierras o no tienen tiempo deben contratar para cumplir la obligación de los 50 metros”, enlaza Alejandro.

“El principal problema de la provincia es el minifundio, carecer de base territorial. Se podría vivir de la madera, sea eucalipto o no, pero las máquinas no entran por los caminos y fincas. Sin una parcelaria, Ourense no saldrá de esta situación"

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Alejandro Viso, en su tractor, en Coles. // BRAIS LORENZO

Estos profesionales son testigos directos del estado del medio rural. “A muchos sitios vas y no hay vecinos. En una aldea de A Peroxa desbrozo las fincas de una señora, aunque allí no vive absolutamente nadie. Pero los terrenos, que tienen frutales, eran de sus padres, y al final es más una cuestión sentimental, en muchas ocasiones”, comparte Viso, que reflexiona sobre la situación del campo. “El principal problema de la provincia es el minifundio, carecer de una base territorial. Aquí la gente podría vivir de la explotación de la madera, sea eucalipto o no, pero las máquinas no entran por los caminos y las fincas pequeñas que abundan. Sin una concentración parcelaria, Ourense no saldrá de la situación en la que estamos”, opina. “Es necesario otro esquema del rural, para que sea más productivo y viable, para poder vivir de él”, dice Vicente.

Un trabajador de Destagal, cortando la hierba de una parcela. // FERNANDO CASANOVA

“A la gente le encanta ver jóvenes haciendo esto, lo agradecen y lo valoran. Muchos te pagan un poco más, te dan una propina porque se dan cuenta de que este es un trabajo duro”

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El trabajo, mecanizado y que requiere una inversión inicial para la compra de maquinaria, aperos y herramientas –Alejandro logró una ayuda de la Unión Europea de 5.000 euros–, ya no es de sol a sol, sino de ocho horas, pero incluso así exige. “Tira del cuerpo. Si no te gusta el monte no es para ti. Estás a la intemperie, a 40 grados en verano, pisando un terreno irregular... Hay un desgaste físico, te pasas el día agarrado a una desbrozadora de siete u ocho kilos”, subraya Vicente. “Lo bueno es que estás al aire libre, en la naturaleza, sin rutina”, valora.

“Es un trabajo duro, tiene que gustarte y hay que valer, pero da satisfacción ver las parcelas limpias gracias a tu trabajo. Y eres tu propio jefe”, dice Alejandro. “A la gente le encanta ver jóvenes haciendo esto, lo agradecen y lo valoran. Muchos te pagan un poco más, te dan una propina porque se dan cuenta de que este es un trabajo duro”, finaliza. Y fundamental.

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