Compras en una joyería, una juguetería, una mueblería o una tienda de ropa infantil; estancias en Sanxenxo o Baiona; cargos del agua o el gas; adquisiciones en Amazon y AliExpress; gastos que según las acusaciones indican que una acusada de estafar a un hombre tras ingresarlo en un geriátrico con 75 años dispuso del dinero –se transfirió 41.240 euros– para su beneficio, engañándolo presuntamente tras conseguir su firma “sin que se percatase” para figurar como autorizada en el banco, cuyos empleados, como la víctima, eran clientes del bar en el que ella trabajaba en Celanova.

Romina P. R., fue juzgada ayer en la Audiencia Provincial de Ourense. La Fiscalía solicita 5 años de prisión y multa de 3.600 euros. El abogado del sobrino del perjudicado –ya fallecido– eleva a 7 años y 3.780 euros. La defensa pretende la libre absolución o, en el caso de condena, la atenuante de dilaciones indebidas del proceso, cuyo inicio se remonta a 2017. La acusada niega la estafa.

La acusada: “Me ocupaba de él, me avisaba si tenía que ir al médico, me decían todo a mí. A veces venía a comer a mi casa y también le compraba ropa porque tenía poca. Muchas veces me daba dinero, 300, 400 y hasta 1.000 euros”

“Venía por el bar en el que trabajaba. Un día se puso malo y lo llevé a Urgencias porque no tenía familia”, introdujo la mujer en su interrogatorio. Con la víctima, un emigrante retornado de Venezuela que residía solo en una pensión, en un cuarto sin calefacción, entabló una amistad a partir de 2011. Era cliente diario del local hostelero.

“Me ocupaba de él, me avisaba si tenía que ir al médico, me decían todo a mí. A veces venía a comer a mi casa y también le compraba ropa porque tenía poca. Muchas veces me daba dinero, 300, 400 y hasta 1.000 euros”, afirmó la acusada. En 2016 lo ingresó en un geriátrico de Lobeira, con la conformidad del septuagenario. “Primero localicé la residencia, se la fui a enseñar, le gustó y firmé los papeles para el ingreso. Como persona por si necesitaba algo o si pasaba algo figuraba yo, como persona responsable de él”. La acusada manifestó que la llamaron a ella para avisar del fallecimiento, pero no acudió “porque ya tenía problemas judiciales”.

“Iba todas las semanas a visitarlo, casi todos los miércoles. Él me dijo que utilizara el dinero para lo que necesitara, mientras le dejara a él para poder seguir allí”

Romina P. R. sostiene que fue idea del septuagenario ponerla a ella como autorizada en su cuenta. En su declaración en instrucción, el señor afirmó que la firma no era la suya, si bien la pericial caligráfica concluye que sí, y tanto las acusaciones como la defensa consideran fiable el dictamen. “Iba todas las semanas a visitarlo, casi todos los miércoles. Él me dijo que utilizara el dinero para lo que necesitara, mientras le dejara a él para poder seguir allí”, explica la mujer.

La directora de la residencia: "Al principio iba a verlo, cada semana o 15 días. Vino para cambiarlo a una residencia más cercana, pero él dijo que no quería, porque estaba contento allí. Ella se enfadó, se puso a llorar y dijo que nunca más iría a verlo”

También asegura que, en ocasiones, le pedía que le llevara al centro cantidades de dinero, sobre 200 euros, y que se los entregaba “a escondidas”. Su versión fue rebatida por la directora del geriátrico. “Cuando ingresó traía 200 o 300 euros y le dije que los llevara de vuelta porque allí no necesitaba nada, con 50 euros le sobraban”. Cuando el hombre falleció no apareció efectivo en su cuarto que indicara esas entregas periódicas.

“Al principio iba a verlo, cada semana o cada quince días. Vino para cambiarlo a una residencia más cercana, pero él manifestó que no quería, porque estaba contento allí. Ella se enfadó, se puso a llorar y dijo que nunca más iría a verlo”, declaró la responsable del centro. La versión de la acusada es que el intento de cambio de geriátrico se basaba en que estuviera en otro más cercano a su casa. “Él estaba conforme. Me decían que no quería irse, pero no lo oí de su boca. Después de esto, cuando llamaba no me dejaban casi hablar con él”, alega Romina P. R.

Un total de 41.240 euros

Con la autorización bancaria firmada por el septuagenario “sin percatarse”, según la Fiscalía, entre el 27 de mayo de 2016 y el 23 de marzo de 2017, la encausada, operando a través de la banca online, presuntamente transfirió desde la cuenta del hombre a su favor 41.240 euros, una cuantía que deberá pagar como indemnización –más intereses– si la condenan.

El mayor ingresó en abril de 2016 en el geriátrico de Lobeira. La directora de la residencia expuso ayer, en el juicio, que la acusada solo le llevó ropa interior en una ocasión, que tampoco tenía que acudir a entregarle medicinas y que el hombre no salía del centro, por lo que no necesitaba hacer frente a gastos extra. Solo recuerda un día en que la encausada llevara a su amigo a comer en el exterior.

“Cuando llegó a la residencia dijo que él nunca había autorizado nada”, sostiene la directora. “Estaba muy disgustado y tenía mucha pena”

En una ocasión, el señor quería ir a Celanova a retirar dinero para medicinas y la acusada, que era quien acudía a buscarlo y lo llevaba, presuntamente “le fue dando largas”, dijo la directora. La educadora del geriátrico lo acompañó “y nos enteramos de todo”. Según esta última trabajadora, un empleado del banco le dijo que “¡menudo sueldo tiene Romina!”, tras ver el número de las operaciones de transferencia. El trabajador no recordaba esa frase ayer en la vista. Sí le sorprendió ver “muchos movimientos seguidos de 1.000 euros” y preguntó al señor si sabía de qué eran.

La acusada respondió a preguntas de su defensa. // SANTI AMIL - POOL

La responsable del centro contactó con la acusada. “Le dije que faltaba dinero y que lo devolviera, y contestó que lo tenía en otra cuenta. Pasados unos días llamé otra vez y me dijo que no tenía por qué hablar conmigo, que ya contactaría su abogado”

“Estaba que echaba chispas”

“Cuando llegó a la residencia dijo que él nunca había autorizado nada”, sostiene la directora. “Estaba muy disgustado y tenía mucha pena”. La educadora que acompañó al banco al perjudicado le indicó qué había sucedido y el mayor aseveró que “él no le estaba traspasando dinero, que solo estaba pagando la residencia, por lo que volvimos a la oficina para desautorizar”, según el testimonio de la trabajadora. También ella apreció que se encontraba disgustado.

El sobrino del fallecido: “Nunca dijo que la pusiera como autorizada en la cuenta del banco; es imposible". “Todo el sudor de su vida, el trabajo de toda la vida en Venezuela, se lo llevaron en unos meses”

La responsable del centro contactó con la acusada. “Le dije que faltaba dinero y que lo devolviera, y contestó que lo tenía en otra cuenta. Pasados unos días llamé otra vez y me dijo que no tenía por qué hablar conmigo, que ya contactaría su abogado con un burofax”. Tras contar el hecho a su superior, avisó al sobrino del mayor.

Este familiar, que residía en Cataluña y ejerce la acusación particular también testificó en la vista. No conocía a la acusada y afirma que su tío tampoco se la nombró. Por su personalidad, “muy pesetero y agarrado”, no le encaja que el mayor diera dinero a la mujer. “Nunca dijo que la pusiera como autorizada en la cuenta del banco; es imposible”, opina el pariente. “Todo el sudor de su vida, el trabajo de toda la vida en Venezuela, se lo llevaron en unos meses”.

La acusación particular: “Parece orquestado, un plan preconcebido: lo ingresa, abre una cuenta y a operar. En menos de un año, 41.000 euros. Nutrió su cuenta con su dinero". “Hizo múltiples compras para su beneficio. Lo último, sacar de golpe 10.000 euros”

Según el sobrino, su tío estaba que “echaba chispas” al descubrir la estafa. “Me engañaron como a un tonto”, asegura que contó. Según el pariente, el señor no había autorizado. El director de la oficina bancaria declaró que llevar documentación al domicilio para firmar una autorización era “irregular” pero también admitió que “es una posibilidad real” que ocurriera si el cliente es conocido.

“Nutrió su cuenta” con el dinero del hombre

“Miraba por él, le llevaba lo que le pidiera”, dijo una testigo de la defensa. “Se preocupaba por él”, añadió otro. “Prestar cierta atención a una persona no significa que deba heredar. No hay testigo o documentos, aparte de esa autorización firmada en casa, que diga que dejaba ese dinero a Romina, y su reacción fue de enfado y frustración al enterarse”, expuso la fiscal.

La defensa esgrime que “existieron cuidados, compras de ropa y gastos de desplazamientos, y él prestó autorización y puso su firma. Había una especie de pacto y contrato verbal. Es difícil pensar que firmó sin saber por qué”

“Parece orquestado, un plan preconcebido: ingresa al señor, abre una cuenta y a operar. En menos de un año, 41.000 euros. Nutrió su cuenta con su dinero”, subrayó la acusación particular. “Basta ver la disposición del dinero, con múltiples compras personales para su beneficio propio. Lo último fue sacar de golpe 10.000 euros”.

La defensa esgrime que “existieron cuidados, compras de ropa y gastos de desplazamientos, y él prestó autorización y puso su firma. Había una especie de pacto y contrato verbal”. Añade que la mujer se preocupaba por el mayor, que “nadie ha dicho que fuera manipulable”. Afirma que “es difícil pensar que firmó sin saber por qué”. No ve prueba de una “autorización a escondidas”.