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La rutina regresa a la vida de los mayores

José Antonio Rodríguez, sentado en la nueva estación de autobuses de Ourense.

José Antonio Rodríguez, sentado en la nueva estación de autobuses de Ourense.

Antonio (93 años) sentía una curiosidad enorme por la nueva estación de autobuses de Ourense. Desde que supo del proyecto intermodal. Le intrigaba como resolverían los técnicos la entrada y salida de los vehículos, dónde maniobrarían, cómo serían los accesos. No había visto ninguna maqueta del proyecto y cuando se instaló en la vivienda de mayores Edades el pasado mes de septiembre, las vallas cubrían las obras y no pudo siquiera intuir cual sería el resultado final.

La segunda y la tercera ola de la pandemia las pasó en el centro y solo en dos contadas ocasiones volvió a casa con su hija Carmen. La última hace tres meses y aquella obra todavía no se dejaba ver. En cada llamada telefónica, cada visita, preguntaba por el avance de los trabajos. ¿Cómo va la estación de autobuses?

Su hija le iba informando y cuando la semana pasada se aprobó el programa de desescalada gradual en Galicia y entre las nuevas medidas se incluyó la posibilidad de que los usuarios de centros sociosanitarios ya inmunizados pudiesen realizar salidas de dos horas con sus familiares Carmen programó un ‘tour’ para su padre por la nueva estación de autobuses de A Ponte, recién estrenada el pasado 6 de febrero.

Carmen acompaña a su padre en el paseo por la estación de autobuses. Iñaki Osorio

Lo recogió en taxi ayer por la mañana y pidió al chófer que los dejase allí mismo. “Me gusta como la dejaron. Ya tenía ganas de verla. Está muy ocupada todavía con muchos trastos, pero cuando se vea acabada quedará precioso todo esto”, dice tras una primera observación en la que llaman su atención las grúas y las obras pendientes del parking subterráneo.

“Me gusta como la dejaron. Ya tenía ganas de verla. Está muy ocupada todavía con muchos trastos, pero cuando se vea acabada quedará precioso todo esto”

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Lo mira todo, las dársenas, la rotonda, el muro, los aparcamientos para bicicletas, las papeleras. Ya dentro se recorre toda la sala de espera, observa las máquinas expendedoras de bebidas y comida, el despacho de billetes y el acceso directo al andén. “Fíjate, toda la estación cerrada, una sala de espera tan buena. Estás viendo todo, la explanada, el andén y los autobuses”.

La preocupación de Antonio por el proyecto tiene sentido. Es un pontino de la calle San Paio que ha paseado mucho por la estación y es un gran observador. “Fue mecánico tornero en O Couto, después emigró a Alemania y trabajó en montaje de muebles”, relata su hija. Cuando regresó a Ourense trabajó como taxista. “Pero lo que le gusta son los cambios, la ingeniería”.

Sonia fue a recoger a su madre Ilduara Garrido el domingo para llevarla a casa. Fernando Casanova

En la Vivienda de Mayores Edades también reside Ilduara Dorribo, de 84 años. En su pueblo todos la conocen por Sara y este fin de semana puso por primera vez, desde mayo, un pie fuera de la residencia. Aunque había salido alguna vez para ir a fisioterapia, dice su hija Sonia Casares, eso no cuenta. Este fin de semana volvió a la normalidad que le robó la pandemia, comer con su familia y disfrutar de la compañía de los suyos. Una inyección de rutina doméstica que ya anhelaba.

Ilduara sufrió un ictus en mayo y su salud se resintió. Los cuidados que requería aconsejaban la residencia y la familia tomó esa decisión que no fue fácil. “Al principio lo pasamos mal pero ella lo llevó bastante bien y cuando le explicamos que necesitaba bastantes cuidados lo entendió”. Ahora están contentas con la decisión, el centro Edades, dice Sonia, “le gusta mucho porque tienen un jardín muy grande y bonito, y allí están muy entretenidos, tienen actividades todas las mañanas y no hay tiempo para aburrirse”.

"Lo primero que hizo fue preguntar por los nietos"

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El domingo por la mañana fue a recogerla y lo primero que preguntó Ilduara fue por los nietos. El plan para la primera salida fue familiar. Comida con su otra hija, Rosario, y sobremesa en la terraza con Sonia y los niños. “Bueno, no tan niños, el mayor tiene 17 y el pequeño 11, pero mi madre no perdona, prefiere que vayan ellos a que vaya yo”. En todos estos meses, el contacto con los nietos fue prácticamente nulo. El mayor la visitó en la primera desescalada pero al pequeño no lo veía desde antes del confinamiento. “Fue todo por videollamada pero no es igual”, dice Sonia.

Sonia abraza a su madre al ir a recogerla a la residencia Edades de Ourense. Fernando Casanova

Así que la salida, aunque corta, la disfrutó muchísimo. “Le hizo mucha ilusión, estaba encantada y comió de maravilla, todo le sabía a gloria”. De vuelta a la residencia, las ganas de repetir. “Pensé que al llevarla igual se ponía triste pero no hubo lágrimas. Ella allí está tranquila y feliz, entre semana la visita mi hermana y yo voy los fines de semana. Ahora que ya puede salir la iremos a buscar, para comer, para dar un paseo o para ir al pueblo que seguro que le encantará”.

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