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Los camioneros vuelven a comer caliente: “Movemos el mundo y somos los últimos de los que se acuerdan”

Camioneros comiendo este miércoles en el área de servicio de Rante, en San Cibrao das Viñas. IÑAKI OSORIO

En el habitáculo en el que recorren el país muchas horas al día tuvieron que comer en estas últimas semanas sin servicio de restauración para transportistas. Son un sector esencial, que garantiza el abastecimiento de bienes de primera necesidad y mercancías para todos los ámbitos productivos, y tuvieron que arreglárselas para alimentarse, con bocadillo o fiambrera, o con algún producto comprado en un súper o en una tienda de gasolinera, consumiendo en el exterior o en la propia cabina. Desde ayer ya pueden disfrutar de un plato en el interior de los restaurantes de las áreas y estaciones de servicio de las principales carreteras. Deben presentar la tarjeta profesional de transportista y ocupar mesas individuales.

Santiago, residente en Toledo, de 46 años, 20 como camionero, recorre con su tráiler España, transportando vehículos. En “Valencia, Cataluña, Aragón, Galicia...” –enumera– las restricciones afectan a los chóferes. “Me desperté en Coruña, subí a Ferrol, nada abierto, bajé a Coruña y Santiago, nada, y hasta aquí. Vengo porque me avisaron dos compañeros en el polígono de Barreiros”, decía ayer tras aparcar su vehículo en la estación de servicio de Rante (San Cibrao das Viñas), situada entre las autovías A-52 y la AG-31. “¿Tiene tarjeta de transporte? Vale, enseguida le monto la mesa”, indicaban los camareros del restaurante del sentido Porriño, que también da servicio a los huéspedes del hotel, quienes pueden sentarse juntos a comer si comparten cuarto. “Estos días tocaban bocadillos, cosas precocinadas o ir al súper. Comía en la cabina o en las paradas de las vías de servicio, en un banco”. Santiago considera una “vergüenza” que las restricciones impuestas a la hostelería en distintas comunidades afectaran incluso a que los camioneros no tuvieran dónde comer caliente. “Nosotros somos los que movemos el mundo”, recuerda.

“Somos los últimos de los que se acuerdan y, al final, sin nosotros no funciona nada si se para el transporte”

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Santiago, Mohamed y Alfonso, camioneros los tres. // IÑAKI OSORIO

Mohamed, marroquí, es camionero desde hace 6 años. Tiene 56. “Uf, fue complicado. Había que tomar café fuera... Comiendo dentro es más cómodo”, destacaba ayer. “Estábamos tirados. No puede ser”. Alfonso, lucense de 35 años y chófer desde hace unos 15 meses, también paraba ayer a comer un plato caliente. En las últimas semanas había tocado bocadillo y cabina. “Somos los últimos de los que se acuerdan y, al final, sin nosotros no funciona nada si se para el transporte”. Las medidas para cortar los contagios “hay que tomarlas, para frenar la pandemia, pero necesitamos comer en algún momento”, recuerda este chófer. El sector recupera un poco de comodidad y un trato digno.

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