El Juzgado de lo Penal número 1 de Ourense ha dictado sentencia absolutoria en el proceso que ha sentado en el banquillo al carballiñés Álvaro López Ratón, portero del Real Zaragoza, acusado de agredir sexualmente y lesionar a una mujer en las inmediaciones de un local de copas de O Carballiño la noche de San Juan de 2018.

Destaca la sentencia que no hay pruebas suficientes para condenarle ya que no hay testigos presenciales de la supuesta agresión y el testimonio de la denunciante, que en los casos de agresión sexual se considera una prueba de cargo fundamental, no ha sido persistente, sino que ha sufrido modificaciones en sucesivas declaraciones.

La joven presentó la denuncia cinco días después de la supuesta agresión, que se habría producido la madrugada del 24 de junio de 2018, en el exterior de un pub del barrio de Flores. Relató que tras una breve conversación, el futbolista la agarró fuertemente por el brazo y la llevó hasta un callejón con escasa visibilidad, situado en la parte trasera del local. Según su versión, él intentó mantener relaciones, la besó contra su voluntad, metió la mano en su ropa interior e incluso se bajó los pantalones, pero ante la negativa de ella, la zarandeó y empujó contra una pared. Antes de marcharse la llamó “zorra”.

La sentencia, sobre la que cabe recurso ante la Audiencia Provincial, destaca que “no ha quedado acreditada, más allá de toda duda razonable,” la participación del acusado en los hechos. “Dictar una sentencia condenatoria con las pruebas de que se dispone supondría la infracción del principio de presunción de inocencia y del principio in dubio pro reo”.

En este sentido, la jueza señala en su resolución que la versión ofrecida por la denunciante sufrió variaciones en sucesivas declaraciones y que carece de corroboraciones periféricas. Por ejemplo, señala la juez que en sus primeras declaraciones dijo que la había cogido de un brazo y en el juzgado de los dos, o que primero la empujó contra una pared, después contra unas escaleras y más tarde contra un banco.

“No hay ningún testigo que viera como la agarraba por uno o ambos brazos; que viera como la intentaba besar o la besó contra su voluntad; que viera que se bajó los pantalones; que viera que le metió la mano en su ropa interior; o que viera que la empujó contra un banco, escalera o pared”, todo ello a pesar de la existencia de dos locales próximos “en los que la gente entra y sale continuamente, en especial en noches como la de los hechos, la noche de San Juan”.

Además de la absolución, la jueza deja sin efecto la prohibición de que el sospechoso se comunicase por cualquier medio o se aproximase a menos de 300 metros de la denunciante.