La denuncia de un primo, con el que se había deteriorado la relación, llevó ayer a juicio, en el Penal Número 2 de Ourense, a un padre y un hijo acusados de un presunto delito continuado de maltrato animal. Murieron cuatro gallinas y una perra estaba presuntamente desnutrida. La protectora Progape la terminó acogiendo. El fiscal solicita una pena de 18 meses de prisión para cada uno así como 4 años de inhabilitación para la tenencia y el ejercicio de profesión, oficio o comercio relacionado con los animales. Ellos, Enrique e Iago F., de 58 y 32 años de edad, niegan una desatención y defienden que son inocentes. Sus abogadas, además, consideran que la prueba es ilícita por posible vulneración de los derechos a la inviolabilidad del domicilio y la intimidad, por el presunto acceso ilegal de los guardias civiles a la finca donde estaban los animales en el municipio de Nogueira de Ramuín, sin consentimiento de los dueños ni una orden judicial, según esta parte. La magistrada titular del Penal 2, Susana Pazos, resolverá en sentencia tanto la cuestión procesal como el fondo de este caso.

Los acusados tenían a su cargo cuatro gallinas, cuatro conejos y una perra de raza American Staffordshire Terrier –aunque según el hijo era “mestiza”–, de nombre Luna. El fiscal sostiene que, “de manera injustificada”, los dos “se desatendieron por completo del cuidado y asistencia” de la perra y resto de animales, desde principios de 2019, sin procurarles presuntamente ni comida ni bebida, ni asumir su cuidado. Tanto el padre como el hijo niegan el supuesto abandono.

Una llamada anónima

Tras una llamada anónima al 062, agentes de la Guardia Civil accedieron al interior de la finca el 7 de febrero de 2019. Uno de los guardias declaró ayer que al llegar los alertó un “fuerte olor a descomposición”, no solo a gallinero. “La perra estaba atada con una cadena de hierro de 5 metros, con el rabo entre las piernas, la mirada caída y delgada. El lugar estaba lleno de heces y escombros. Sí había agua, en un recipiente de unos 50 o 70 litros, pero no comida”, relató el guardia, que además puntualizó que la finca, delimitada por un muro pequeño, tenía acceso abierto desde un camino vecinal público (los acusados afirman que no estaba permitido; “ahí no puede entrar nadie”, indicó Enrique). Desde el exterior, “ya se observaba que no había y que todo estaba muy sucio”, dijo el agente.

El propietario se hizo cargo de la perra y la llevó a la protectora Progape el 8 de febrero de 2019. “Dijeron que estaba en buen estado pero como no queríamos más problemas la dejamos allí”, declaró ayer el acusado Iago F. “Estaba en buenas condiciones”, aseguró su padre Enrique. Un testigo del centro de animales dijo lo mismo. La versión del joven acusado es que “cada dos o tres” noches, cuando salía de trabajar, iba ya de madrugada a alimentar a los animales y soltar a la perra, que vivía atada “desde pequeñita; lleva toda la vida así”. Durante meses, el hijo se ocupó de la tarea por un problema de movilidad del padre, según ambos dijeron ayer.

“Tenía un capazo de cincuenta litros de agua y otro de comida igual, más o menos. Las gallinas también tenían comedero y agua”, sostiene el hijo. “Nunca” pasaron más de 3 días sin que fuera a atender a las aves y la perra; “segurísimo”, aseguró. Cuando llegó y encontró a las gallinas muertas se lo contó a su padre, para que ambos fueran a enterrarlas. “Ya eran viejas” y casi no ponían huevos, dijo el progenitor encausado.

El denunciante, un primo

Los encausados atribuyen la denuncia a que el padre dejara de regalar conejos al primo, que antes se ocupaba de dar de comer y beber a esos animales. “Teníamos una relación amplia hasta poco antes. Le daba un conejo a la semana, pero llegó un día en que ya no y se enfadó”, afirma Enrique F. El testigo, que reside al lado, relató que “al final yo era un criado, sin beneficio ninguno; no tenía por qué hacer ese trabajo”. Sostiene que los animales no tenían comida ni bebida y que los acusados “llevaban tiempo sin ir por allí, por lo menos un mes o mes y medio”, aunque a la Guardia Civil le manifestó que quince días.