Ser policía es una profesión especial por muchos motivos. La responsabilidad de portar un arma y de estar amparado por la ley para privar a una persona de libertad o usar la fuerza exigen un plus de entereza. Los policías son personas que sienten y padecen. Mujeres y hombres con preocupaciones y también con los mismos problemas que cualquier ser. Mientras los demás huyen de una escena en la que se proyecta violencia, estos superhombres deben enfrentarse a ella, en muchas ocasiones sin los medios y el respaldo necesario, pero con la vocación de servicio público que les caracteriza. Detrás de cada uniforme hay una dilatada trayectoria, de muchos años destinados lejos de sus raíces. Experiencia y mundo. Grandes ciudades y servicios diversos que dan una perspectiva de peso al servicio. El bagaje, una vez alcanzado el destino definitivo, es inmenso y aporta esa dosis de esfuerzo que valoran los ciudadanos.

Los policías están de servicio las 24 horas del día y el acierto o el error de uno de ellos se extrapola al colectivo. Deben ser ejemplo en conducta y valores. Los policías cuentan con diversos mecanismos de control antes de supervisar su actuación en el ámbito penal. Sus intervenciones están mucho más auditadas y fiscalizadas que las de cualquier otro trabajador o empleado público. La presencia policial para atender cualquier requerimiento es, habitualmente, objeto de filmaciones que luego se comparten en las redes sociales y que en ocasiones se descontextualizan. Precisamente de eso va la ‘Zamburiña’. Una unidad, la de Asuntos Internos, en connivencia con los autores de los anónimos, engañaron al juez instructor y dieron pie a una investigación fallida, en lo que a los policías se refiere.

Las escuchas telefónicas hay que analizarlas en el contexto en el que se producen. No se puede transcribir una conversación sin describir el tono o la relación existente entre los interlocutores. Hay que situarla en el momento y ser objetivos e imparciales. Eso es lo que hacen los investigadores en cualquier tipo de delitos. En este caso, a los cuatro policías encausados se les ha privado de la presunción de inocencia que debe predominar en cualquier procedimiento. Se creyó a ciegas la tesis del informante anónimo y, a pesar de que el castillo de ilícitos se fue desmoronando paso a paso, había que justificar el desembarco. Sin estar plenamente convencidos de la culpabilidad de los agentes, se puso la comisaría patas arriba pero se detuvo a los inocentes. Un error que la Fiscalía e instrucción no quisieron o no pudieron corregir, y que desembocó en el juicio que se vive estos días.

Los policías hicieron su trabajo. No se enriquecieron, no se quedaron con droga ni con dinero. Al transitar en la delgada línea roja del trato con confidentes, la administración debe proteger a los buenos, a los que trabajan para retirar a delincuentes de la calle y meterlos entre rejas. A los que por bregar se enfrentan a una inhabilitación que, aunque sea solo de un día, supone la pérdida de la condición de funcionario y la expulsión del cuerpo, hay que respaldarlos. Es totalmente abusivo que, además de la condena judicial, se les imponga de forma paralela una sanción disciplinaria, en una dualidad de la pena, y se les aparte provisional o definitivamente de la corporación. En el SUP lo tenemos claro: cuentan con todo nuestro apoyo y con el de la mayor parte de la comisaría.

* Policía, secretario general en Galicia del Sindicato Unificado de Policía (SUP) y vocal del Consejo de Policía.