Calvos de Randín, de -11,2º de mínima a una máxima de 11,2. El frío sigue. La Xunta activó ayer la alerta naranja en el sur de la provincia, con mínimas por debajo de -8. En la zona del Miño, alerta amarilla. Ayer, Calvos de Randín registró -11,2 –la mínima gallega– , hubo -9,1 en Verín y -7,9 en Baltar. Con el viento flojo, el sol fue aliviando el frío, con máximas de 11,4 en la ciudad, tras amanecer a -4,4, y de 11,16 en el propio Calvos. | IÑAKI OSORIO

El regreso de los alumnos a los colegios e institutos tras las vacaciones de Navidad –ayer fue la tercera jornada lectiva del segundo trimestre– está coincidiendo con las jornadas más frías de esta ola polar. En muchas zonas de Ourense, especialmente en el sur de la provincia y en áreas de montaña, pero también en la ciudad, las temperaturas al comienzo de la jornada, e incluso durante todas las sesiones, son bajo cero. La capital de As Burgas registraba ayer el valor más frío de lo que va de año, -4,4 grados. A las nueve de la mañana, cuando se pone en marcha la actividad escolar, el termómetro marcaba una mínima de -9,1 en Verín y de -11,2 en el ‘congelador’ gallego de Calvos de Randín, en otro amanecer gélido.

En el CEIP Mestre Vide de Ourense, en el barrio de As Lagoas, estudian 442 alumnos de Infantil y Primaria. Juan Regal es el director. “¿Cómo lo llevamos? Con frío”, dice el docente con humor. La caldera conecta a las 7.30 horas de la mañana y está en funcionamiento hasta las 13.30. La situación de pandemia obliga a mantener un protocolo de ventilación para reducir el riesgo de contagio por vía aérea. “Por las tardes, durante las tareas de limpieza se abren las ventanas. De nuevo en cada cambio de clase, diez minutos, y durante todo el recreo. A lo mejor la temperatura baja cinco o seis grados, y se está a entre unos 15 y 17”.

En este centro, según el director, por regla general los alumnos no van con mantas ni están en la clase con el abrigo. “Creo que ahora ya todos llevan ropa térmica. Durante esos 10 minutos siguen con sus tareas. No se producen quejas porque todo el mundo, tanto profesores como alumnado, están mentalizados de que ventilar es fundamental. La solución es ventilación y mascarilla, y con la calefacción a tope”, resume el director.

El gasto energético este curso será mayor por la necesidad de que el calor artificial compense la bajada de temperatura en el aula que provoca la aireación, clave para contrarrestar el peligro de propagación del virus por aerosoles. “Efectuamos una carga de gasóleo en mayo y otra en noviembre, y me imagino que será necesaria otra más a finales de enero o principios del mes de febrero”, indica Regal.

El colegio solo ha tenido dos casos positivos de COVID entre los estudiantes, y en ambos la infección se produjo fuera del centro. El director considera que una buena medida de que el protocolo de prevención –mascarillas, distancias y ventilación– funciona es que el absentismo por enfermedad ha caído notablemente este curso. “El año pasado, en enero y febrero hubo varios casos de gripe y faringitis, y en algunas clases llegaron a faltar diez alumnos o más. Este, casi todas están completas, con 24 o 25”.

Un alumno de Bachillerato del colegio Divina Pastora de Ourense dice que en la vuelta a clase tras las vacaciones “se nota bastante más frío” que antes del parón, en diciembre, cuando el invierno ya se hacía notar pero sin temperaturas tan bajas. “Estamos más abrigados de lo normal y la calefacción también está mas alta. Nos ponemos las chaquetas y algunos llevan mantas, guantes o bufandas”.

José Manuel García es director del CEIP Rosalía de Castro de Xinzo de Limia, en el que cursan sus estudios 400 niños y jóvenes. Esta localidad ourensana es una de las que más sufren los rigores del tiempo gélido. Amanece con heladas que casi parecen nieve. La mínima ayer fue de -6,6 grados a las 8,50 horas. “Ventilamos 15 minutos antes de abrir las clases, 15 en el recreo y 15 al salir. Entre sesión y sesión, 5 minutos. Además, hemos incrementado la temperatura de la calefacción así como el número de horas, consiguiendo una temperatura bastante adecuada”, explica este docente, que calcula que el gasto energético ha aumentado en torno a un 5%. Durante el momento de apertura de las ventanas, a los alumnos les aconsejan que pongan los abrigos. “Sí hay sensación de frío mientras se ventila, pero no es tremendo”. Así es la rutina en los colegios de Ourense, en la ola de frío, para contrarrestar al virus.

En Ourense, hay actualmente 152 personas con una infección activa de COVID –no tienen por qué ser alumnos o profesores; el registro también incluye otro tipo de trabajadores– vinculadas a 74 centros educativos.