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Envejecimiento y dispersión elevan el índice de hospitalización por COVID-19 en Ourense

El 53% supera los 80 años | Mayores que viven solos ingresan con patologías menos graves por no tener apoyo para cuidados en casa | Desde el CHUO piden responsabilidad ante la desescalada: “No nos relajemos”

Personal sanitario en la UCI-COVID del CHUO.   | // FDV

Personal sanitario en la UCI-COVID del CHUO. | // FDV

Vuelve el pulpo a las calles de O Carballiño. | // CARLOS PETEIRO

Ourense ha conseguido estabilizar la mejoría tras protagonizar el inicio de la escalada de contagios de coronavirus en la segunda ola de la pandemia y a cierre de noviembre ofrece la mejor evolución epidemiológica del conjunto de Galicia. De las siete áreas sanitarias gallegas es la que presenta las tasas de incidencia acumulada más bajas: 125 casos por cien mil habitantes a 14 días y 45 en la última semana. También la capital presenta buenos registros, con 125 casos activos ayer, 115 de ellos diagnosticados en las últimas dos semanas. En el conjunto de la provincia son 458 los pacientes con PCR positiva en la actualidad, una cifra muy alejada de los 1.610 que llegó a contabilizar el pasado 17 de octubre.

Lo cierto es que la estabilidad en los datos que pretendía Sanidade ya existe en Ourense, que acumula un mes de descenso en el número de los casos activos, aunque sigue el goteo de fallecimientos. Ayer murió un paciente de 87 años en el CHUO. Es la presión asistencial la que mantiene activa la alerta en el área sanitaria ya que es esta provincia la que registra el mayor índice de hospitalización de toda Galicia. El 12,8% de las infecciones activas requieren asistencia, el doble que en el resto de las áreas gallegas donde, con más casos activos hay muchos menos pacientes ingresados.

La directora de Procesos Asistenciales del CHUO, Mar Vázquez Salvado, señala el envejecimiento y la dispersión poblacional como los factores que explican esta diferencia. Este lunes había 51 pacientes hospitalizados en el área sanitaria de Ourense y tres en la Unidad de Cuidados Intensivos. Una “bajada importante” con respecto al dato actualizado por el Sergas, que contabilizaba 7 pacientes críticos el domingo por la tarde. Vázquez Salvado explica que se han producido altas y algunos enfermos que permanecen en la unidad han negativizado, por lo que ya no cuentan como pacientes COVID.

La alta hospitalización, detalla, “tiene que ver con la idiosincrasia particular de Ourense, somos la provincia con la población mas envejecida y un 32% de los pacientes tienen por encima de los 65 años”. Concretamente, entre los 51 pacientes con COVID-19 ingresados ayer, detalla, el 53% tienen más de 80 años y el 76% de los ingresados más de 65”.

Pero no solo es una cuestión de edad, puntualiza, sino que influye también la dispersión geográfica y el elevado número de personas mayores que viven solas “y que no tienen un acompañamiento familiar que le pueda dar un soporte en su casa; esto quiere decir que a lo mejor con patologías menos graves requieren ingreso porque no tienen posibilidad de cuidados”. Esta es una realidad, añade, “que no está en exclusiva vinculada al COVID, pero el COVID la ha puesto en evidencia”.

La directora de Procesos Asistenciales destaca que la situación en Ourense, en cuanto a presión asistencial, “ha mejorado mucho”, sobre todo por la bajada de pacientes en la UCI, pero ante el inminente alivio de las restricciones alerta: “No nos relajemos”. Independientemente de las decisiones que tome el comité clínico respecto al puente y el mes de diciembre, la facultativa teme lo que pueda ocurrir en las reuniones vinculadas a las fiestas navideñas: “Me preocupa lo que va a suceder a la vueltas de estas fiestas en cuanto al número de contagios y a la presión hospitalaria”. Las restricciones son socialmente duras y difíciles de llevar, admite, “pero la responsabilidad tiene que estar ahora por encima de cualquier otra cosa”, concluye.

De hecho, la capital de As Burgas, que llegó a tener 572 infecciones activas el 13 de octubre, espera ver relajadas por fin algunas de las restricciones que rigen en este municipio desde hace más de dos meses. La hostelería, principal afectada, confía en que el comité clínico que se reúne esta tarde acuerde suavizar estas medidas y aplique en la ciudad el plan de reapertura por fases que ha elaborado la Xunta y que contempla un regreso a la actividad en diferentes niveles.

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, avanzó ayer en un acto en San Cibrao esta posibilidad, aunque prefirió ser prudente y no ofrecer detalles de la posible relajación de las restricciones antes de que se reúnan los expertos que realizan el seguimiento de la pandemia en Galicia. Lo que sí dijo es que se tomarán decisiones y que habrá “buenas noticias”.

Ocho denuncias en 26 dispositivos de la Policía Autonómica

Con el fin de garantizar el cumplimiento de las normas y restricciones establecidas para la contención de la pandemia, la Policía Autonómica puso en marcha 26 dispositivos de vigilancia y control en la provincia. En concreto, los agentes realizaron 34 inspecciones entre el 27 y el 29 de noviembre en nueve ayuntamientos con 73 identificaciones y la tramitación de ocho denuncias. En particular, los efectivos controlaron si se estaban cumpliendo las medidas vigentes en cada una de las zonas Los dispositivos se montaron en Bande, Calvos de Randín, Muíños, Ourense, Riós, A Rúa, San Cibrao das Viñas, Vilardevós y Xinzo de Limia.

Feria y pulpeiras devuelven la normalidad a O Carballiño

Poco a poco O Carballiño recupera el pulso de la nueva normalidad. Fue el primer municipio en cerrar su hostelería para frendar el avance del coronavirus, y también el primero en reabrirla tras mejorar su evolución. Un mes estuvo la persiana bajada pero desde el 21 de noviembre los vecinos de esta villa pueden entrar y salir del municipio, reunirse con no convivientes y sentarse a tomar algo en un bar. “Con mucha precaución pero la gente empieza a respirar, y se percibe que están más animados”, señala el alcalde, Francisco Fumega. Faltaba la feria para recuperar esa nueva normalidad y, como no, las pulpeiras. Ayer volvierona ocupar las calles del centro. Las dos últimas citas no pudieron salir por las restricciones pero este último día de mes regresaron los vendedores y volvieron a sonar las tijeras cortando el pulpo. “Es difícil normalizar algo así porque la gente tiene miedo y se nota, pero se ve mucha responsabilidad y prudencia tanto en los vendedores como en los clientes”, señala Rosa Fuentes García, concejala de Medio Rural y Servicios Públicos, que se encargó de organizar esta primera feria tras las restricciones. La idea es reubicar los puestos para reforzar las medidas de seguridad y es posible que se ocupen más calles en el centro de la villa para poder instarla a los casi 150 vendedores que acuden tradicionalmente a este mercado. Ayer, la feria se estiró por toda la avenida del Balneario, garantizando dos metros de distancia entre cada puesto y un pasillo lo más amplio posible. “La asociación de vendedores quería empezar cuanto antes y optamos por prolongar el espacio por toda la calle, concentrando la zona de agro, y siendo muy cuidadosos para evitar que se formasen cuellos de botella y que no hubiera posibilidad de aglomeraciones”, indica la edil.

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