En 2018, el azar reparó por fin en la ciudad de Ourense y dejó el primer Gordo de la Navidad en la capital en toda la historia del sorteo, 206 años hasta aquel diciembre. El Bar Cervantes, que Manuel González heredó de sus padres –él y su esposa Pilar Cid mantienen vivo un negocio que está abierto desde hace 52 años–, despachó dos boletos del 03347, un número elegido por máquina. El dinero, 800.000 euros en total, no fue para los clientes habituales, fieles al 95219, la cifra a la que el Cervantes apuesta por tradición, semanalmente, desde hace cuatro décadas. La suerte, que es caprichosa, recompensó a unos turistas de Oviedo que habían estado durante el puente de la Constitución (el bar se encuentra en el corazón de Ourense, a menos de cincuenta metros de As Burgas y a unos veinte de la Praza Maior). A los dos días del sorteo navideño de 2018, calmada la expectación mediática, los agraciados telefonearon a Manuel para avisar. “Ahora mismo ese número de máquina no lo hay, aunque alguna gente lo pide porque le gusta, igual que en su día no parecía bonito”.

En el año de la pandemia las ventas de lotería han caído –sobre todo en los negocios que no son administraciones–, también las de los décimos de Navidad. “Sí que se nota, no tiene nada que ver con otros años. Hay menos turistas y solo trabajamos con gente de Ourense y la clientela habitual, que más o menos sigue comprando. Venimos arrastrando toda la temporada un bajón significativo en loterías, también en primitivas y bonolotos. Se gasta menos. En esta zona de la ciudad, había mucha gente de paso que compraba al visitar la ciudad. Ya en la campaña de verano y en los puentes del Pilar y de la Constitución, esa gente no vino”, explica Manuel.

Este hostelero ha mitigado el impacto de las restricciones por el COVID en Ourense despachando cafés para llevar. Es esa crisis que golpea al sector la que le hace formular un deseo de cara al sorteo del próximo 22 de diciembre. “Yo tengo suerte y voy trabajando por las mañanas, pero muchos compañeros llevan tiempo cerrados. Me acuerdo mucho de ellos. La vida es caprichosa a veces; estaría encantadísimo de que este año la lotería compensara a algún compañero de profesión. A todo el mundo le gusta que le toque pero bienvenido sea si esta vez puede ir para personas que hayan sufrido un año malo por esta cuestión laboral tan complicada, para que la lotería los compense de alguna manera”.

A pesar de que las cifras de ventas descienden en un año atípico, la pandemia no puede del todo con la costumbre, y es previsible que en los próximos días aumenten las compras de boletos de azar, ya que el tramo final, el de diciembre, es el más importante. En las últimas jornadas, de hecho, ya se ven colas en algunas administraciones de lotería que recuerdan a la añorada normalidad previa al virus. “Hay clientes que nos conocen de muchos años y siguen viniendo puntualmente para comprar décimos de Navidad, aunque ya no trabajen o vivan en esta zona. En las ventas a esa clientela no he notado tanta bajada”, indica el dueño del Cervantes, donde el sellado de apuestas comenzó hace unos cuarenta años. “Mis padres ya vendían quinielas antes de que apareciera la Primitiva”.