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Cruz procesional de azabache de la catedral de Ourense

El tesoro de la catedral de Ourense tiene una serie de piezas singulares a las que en el FARO DE VIGO vengo dedicando una mirada renovada y quizá más completa que todas las que se han podido hacer, simplemente organizando las informaciones que poseo y ofrecer al público interesado, minoritario pero importante, aspectos de nuestro rico patrimonio. Dentro de este programa hoy me detengo en la llamada Cruz de azabache de la que no faltan referencias en muchas obras dedicadas a la catedral o el mundo interesante de la azabache, pero siempre con una cierta superficialidad propia de obras que obligatoriamente no pueden monográficamente detenerse en ella.

La cruz

Dejando aparte generalidades sobre la importancia y el uso de la cruz en la liturgia y devoción cristiana y por tanto la razón de su presencia de tantas en la historia y en el patrimonio de la catedral de Ourense. Esta cruz procesional se compone de tres partes: el vástago, la macolla y la propia cruz como es común a casi todas las cruces procesionales: el árbol adopta la tipología de la cruz de gajos, (él árbol de la cruz que la liturgia canta) de perfil circular de cuyos brazos parten unas pequeñas piezas cilíndricas que evocan las ramas cortadas. Rematan los extremos en una especie de piñas resueltas con estrías helicoidales y con una corona de la que brota una forma esférica con pequeñas puntas de diamante. El nudo o macolla en dos niveles y con criterio arquitectónico, un cuerpo cuadrangular con arquerías lanceoladas y otro sobrepuesto con más arquerías, almenas y pináculos que dan imagen de castillo, decoración a la que se suman motivos vegetales y figuritas de santos de cuerpo redondo dispuestas sobre el remate del cuerpo inferior. El vástago o canutillo donde se inserta el asta de madera, para el uso procesional, vástago cilíndrico de hierro, y también decorado con arquitos lanceolados de gusto oriental. Los arcos lanceolados no son desconocidos en la arquitectura mudéjar de tierras leonesas. La tipología, cruz de gajos que evoca un árbol con sus ramas cortadas, no era extraña en la orfebrería leonesa del momento, en la que el autor sin duda se inspira. La profesora Herráez Ortega en su obra “Arte del renacimiento en León. Orfebrería” (León, 1997) cataloga de los primeros siglos del XVI las cruces de Villamondrín, Melgar de Abajo, San Lorenzo de León, Villahibiera y Santa Marina de León, todas de taller leonés que demuestran que no era rara esta forma, aunque si lo era en Ourense.

Iconográficamente el mal uso de la cruz (los portadores solían ser muchachos que con facilidad las descuidaban, por eso las cruces procesionales son las piezas de orfebrería con los incensarios, más accidentadas), hizo desaparecer el crucificado del anverso, del que solo se conservan los pies, que declaran era una representación de tres clavos como los de las piezas de orfebrería, con la cabeza inclinada a la derecha.

En la macolla lleva 6 figuritas de azabache, no de labra especialmente cuidada, quizá algunas sustituyen a las originales, Arteaga a finas del XIX notaba la falta de algunas. Las hoy existentes son: San Bartolomé con el cuchillo, libro y el demonio sujeto por una cadena. Santiago el Mayor con las insignias de peregrino, San Pablo con la espada y un libro, San Andrés con la cruz aspada, y otros dos ¿apóstoles? uno con un libro abierto y una palma y otro con un libro y un bordón.

Los perfiles y adornos de la cruz están dorados, ofreciendo un grato contraste con el negro, oro que rompe la monocromía cromática intensificando los valores plásticos de la cruz.

El material

El Azabache es una variedad de lignito. Tiene una conformación compacta, es suave al tacto, ligero y bastante duro. El origen de este fósil, procede de una familia de árboles jurásicos, extinguidos al mismo tiempo que los dinosaurios, hace unos 60 millones de años. Es una piedra negra, plana, suave y arde aplicada al fuego dice San Isidoro. El nombre español es de origen árabe. En Asturias se le llama Acebache o Azebache. En Galicia Acebiche o Acibeche. Restos en tumbas neolíticas demuestran que se le atribuyó un carácter protector y mágico siendo por ello muy valorado. Ese carácter protector explica también ser material habitual en objetos llevados por los peregrinos al volver de Santiago, donde hubo una intensa fabricación de higas, conchas y pequeñas imágenes de Santiago. El mejor Azabache del mundo, junto con el de Whithby, es el de Asturias. Con una textura, un color intenso y dureza incomparable. La zona costera que va desde Gijón a Colunga es la que guarda mayores depósitos, e, históricamente donde se concentraron todas las explotaciones.

Obra leonesa

Se tuvo generalmente como obra de talleres compostelanos, por ser la ciudad del Apóstol el centro productor de obras en azabache con más importancia e intensidad, es sin embargo obra leonesa. En León, precisamente por su condición de ciudad situada en el Camino francés, conoció un notable desarrollo el gremio de azabacheros, conservando aún hoy la toponimia urbana el nombre de Calle de la Azabachería. La procedencia leonesa de esta cruz auriense la di a conocer yo hace años, aunque ahora compruebo que se ignora la fuente. La declara un apunte “se hizo en León”, de los libros de Fábrica del año 1497 en el que se señalan 8500 mrs pagados por la misma, (ACO F/3 FOL 194). Las relaciones artísticas que por estas fechas mantiene la Catedral con León, de allí procede el arquitecto Rodrigo de Badajoz, que realiza el vistoso cimborrio catedralicio, pueden explicar el origen legionense de esta pieza. Sobre la importancia de este oficio en León puede verse el trabajo de Raquel Martínez Peñín “La producción suntuaria en el León medieval: Los azabacheros”. (Estudios humanísticos. Historia nº 7 León 2008 pgs 79-102). El azabachero más cercano a nuestra cruz que menciona es de 1485 de nombre Raimundo.

Referencias bibliográficas

Hay que señalar que la primera mención bibliográfica destacada, acompañada de una foto, la hizo don Manuel Sánchez Arteaga en sus “Apuntes histórico- artísticos de la catedral de Orense” que publicó el cabildo el año 1916, aunque habían sido escritos varias décadas antes. En esta edición que cuidó don Cándido Cid en las páginas 193-194 se dice: “esta curiosa Cruz procesional es toda de azabache y en parte dorada. Tiene de alto sin él hasta, como unos 76 cm y de ancho en el brazo menor 45. Es muy antigua y tenemos motivos para suponer que ya poseía la catedral en 1503. Su ornamentación es ojival y le faltan varias piezas, entre ellas algunas de las estatuitas que la decoraban. Sólo se usa en los entierros de los capitulares y beneficiados de la Iglesia y en sus procesiones generales de difuntos que en la misma tienen lugar en determinados días”, añade en nota tres referencias de la misma en diversos inventarios que después recogeremos.

(*) Archivero diocesano

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