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El crimen del Bar Novo y el homicidio con un preso como víctima, próximos juicios con jurado

El homicida confeso del hostelero comparece ante el juez | La Audiencia fija una vista para resolver si los investigados por matar al recluso, por su herencia, siguen en la cárcel

El Bar Novo al descubrirse el crimen. // BRAIS L.

El Bar Novo al descubrirse el crimen. // BRAIS L.

Registro en el monte donde el preso fue enterrado tras el homicidio. // BRAIS L.

Hace dos meses, la Audiencia Provincial de Ourense activó el proceso para elegir, a partir del censo, a unas 1.500 personas que conformarán un listado del que serán elegidos los 36 aspirantes a convertirse en los 9 titulares y 2 suplentes en cada uno de los juicios con jurado popular que se celebren en este territorio en el próximo bienio, durante 2021 y 2022. En el horizonte se vislumbran ya dos casos que se resolverán mediante el veredicto de un tribunal de ciudadanos. Se trata del crimen del Bar Novo, perpetrado en el mes de febrero de este año por un hombre durante una discusión por drogas, así como del homicidio de Fernando Iglesias Espiño, un triple asesino de la década de los noventa al que solo le quedaban dos años por cumplir, de una condena de 25, y que presuntamente fue víctima de una muerte violenta a manos de dos hombres a los que había conocido entre rejas.

Esta misma semana comparece ante el juez instructor el homicida confeso del hostelero del Bar Novo. Jonathan R. P., de 38 años y sin antecedentes policiales antes de estos hechos, se someterá a la comparecencia indagatoria, un trámite previo a la fase de acusación en el que las partes aún pueden proponer las últimas diligencias de investigación. La Fiscalía considera que todo lo esencial ya se ha practicado.

En la indagatoria, el imputado puede o no declarar, reconociendo, matizando o negando los hechos, o bien puede remitirse a lo que ya ha manifestado. Tras su detención, ante la Policía y en el paso a disposición judicial, admitió los hechos y se mostró arrepentido. Presuntamente mató al hostelero Evaristo Morín, el dueño del Bar Novo, con el cristal de una botella del local, tras una fuerte discusión que, según la Policía, estaba relacionada con un intento de que le fiara cocaína.

La víctima, que ya había sido detenida años atrás en el mismo establecimiento por presunto trapicheo, guardaba en su vivienda 105 gramos de cocaína y 12.685 euros. En el bar, los agentes encontraron una tablet y una libreta y hojas con anotaciones. Las pesquisas se centraron en los últimos movimientos y en los contactos de Morín, señalando al sospechoso. En el local había ADN suyo. En los registros tras su detención se intervino una pistola de fogueo con la que presuntamente el investigado golpeó a la víctima en la cabeza, durante la discusión.

Evaristo Morín, de 65 años, fue hallado muerto en el interior del bar Novo, en la calle Colón, el pasado 5 de febrero a las 20.30 horas, pero la investigación posterior determinó que había fallecido 22 horas antes. Los agentes de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional lo encontraron en el suelo dentro de la barra, sobre un gran charco de sangre. El estado en el que se encontraba el escenario indicaba una posible pelea. Había restos de sangre en el interior de la barra, manchas provocadas por el desplazamiento del cuerpo y también marcas en los interruptores de la luz. Indicadores, todos ellos, de una muerte violenta, de causa homicida.

Por este mismo delito, la magistrada de Instrucción 1 de O Carballiño abre el procedimiento para la celebración de un juicio ante el tribunal del jurado por el crimen que tuvo como víctima a Fernando Iglesias Espiño, natural de Silleda (Pontevedra) y de 63 años, quien estaba cerca de dejar saldada una condena de 25 años por el triple asesinato de mujer e hijos, cometido en Gran Canaria en 1996.

Tras 80 permisos de salida sin incidencias, en agosto de 2018 no regresó al centro penitenciario de Pereiro, donde se encontraba en tercer grado. En diciembre de ese año fueron detenidos y encarcelados los presuntos homicidas, dos hombres a los que había conocido en la cárcel. Según la investigación, lo mataron para apropiarse de lo que le quedaba a la víctima –casi 20.000 euros– de la herencia de su madre. Francisco J. G. H. gestionaba en alquiler la granja avícola de Bouzas (Maside) donde la Guardia Civil cree que mataron a golpes al recluso, una explotación donde trabajaba y pasaba el tiempo en sus salidas de la prisión provincial. Óscar G. L. reveló a los agentes el monte de A Senra (Piñor) donde Espiño fue enterrado, en una fosa con agua. La cabeza estaba rodeada con una bolsa atada. Presentaba “al menos cuatro zonas de traumatismo contuso” en dicha zona del cuerpo, según la autopsia, que descartó la presencia de fracturas o lesiones por arma blanca o de fuego. Las marcas eran compatibles “con una barra de hierro o instrumento similar”.

En el caso de estos dos investigados, la indagatoria previa al juicio ante un jurado tendrá lugar en enero. Con antelación, para que no se agote el plazo máximo inicial de dos años de prisión provisional antes de una prórroga, la Audiencia Provincial ya ha señalado fecha –será a finales de este mes– para celebrar una vista tras la que resolverá si los dos investigados esperan entre rejas hasta que se celebre el juicio –como defiende la Fiscalía–, o quedan en libertad, con la alternativa de otras medidas cautelares, como propondrán las defensas.

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