Los medios aéreos regresan a los montes ourensanos pero no para extinguir incendios sino para combatir la erosión del terreno arrasado por el fuego en aquellas zonas en las que es imposible el acceso a pie. La técnica se llama “helimulching” y es la versión aérea del “mulching”, que consiste en proteger el suelo calcinado con una cubierta de paja. Esta capa evita la escorrentía superficial en caso de lluvias fuertes, evita la erosión y ayuda a regenerar el terreno.

Es la fórmula elegida por la Consellería de Medio Rural para actuar en zonas de alto valor ecológico, paisajístico y natural afectadas por la terrible ola de incendios forestales que el pasado mes de septiembre arrasó más de 9.000 hectáreas en los montes ourensanos. El conselleiro, José González, supervisó ayer estos trabajos en Lobios y Verín, y destacó que la elección de las zonas en las que se actuará con esta técnica, un total de 200 hectáreas, fue realizada por un equipo del Centro de Investigación Forestal de Lourizán que visitó el terreno pocos días después de la ola incendiaria. “Ponemos en marcha esta técnica, que es pionera incluso en Europa, porque somos de los pocos que pueden realizar este trabajo, actuando en zonas marcadas por criterios técnicos para evitar escorrentías y lograr en la medida de lo posible la fijación del suelo”, explicó el conselleiro. El material empleado es la paja de cereales, y el trigo, la cebada o el centeno, los más habituales.

De las más de 200 hectáreas que se van a tratar, la mayor parte (82) están en Vilariño de Conso, donde ardieron 2.000 hectáreas en un foco iniciado en la parroquia de Sabugido. En esta zona se empleará el ‘helimulching’, ya que la orografía complica el acceso a pie y es más efectiva la técnica aérea. También se combate la erosión por el aire en 81 hectáreas del Parque Natural Serra do Xurés, en Lobios, donde también ardieron dos mil hectáreas en un fuego que comenzó en Río Caldo. A esta zona se desplazó ayer el conselleiro acompañado por el delegado territorial de la Xunta en Ourense, Gabriel Alén; el director general de Defensa del Monte, Tomás Fernández-Couto, y Cristina Fernández Filgueira, técnica del Centro de Investigación Forestal de Lourizán.

En este caso concreto, José González destacó el trabajo de colaboración con la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, que también actúa para minimizar o paliar el daño ambiental que puedan causar los posibles arrastres de ceniza a los ríos, y para reducir los riesgos de inundación.

La técnica aérea también se emplea en las parroquias de Cernado, en Manzaneda, y Rebordechao, en Vilar de Barrio, donde ardieron 450 y 700 hectáreas, respectivamente, y se actuará por el aire. La decisión técnica cifra la cobertura a aplicar en 16 y 10 hectáreas.

El helicóptero se emplea para cubrir el suelo de alto valor ecológico en zonas de gran pendiente, como es el caso de Lobios, escarpadas o de difícil acceso, y para el resto del terreno se recurre al ‘mulchinn’, que es la misma técnica pero de aplicación manual. Estos trabajos se desarrollan en las parroquias de San Millao y Montes, en el concello de Cualedro, para actuar en casi 12 hectáreas, y también en la de Queirugás, en Verín, donde se esparcirá la paja en otras 12 hectáreas de terreno calcinado. Por último, en Flariz, Monterrei, la actuación se desarrollará en seis hectáreas.

Durante la visita al terreno, el conselleiro indicó que tanto la protección del suelo dañado como otras medidas de coordinación abordadas con la CHMS en una reunión celebrada esta semana son actuaciones a corto plazo, pero también habló de la necesidad de actuar a largo plazo, para lo que es necesario, dijo, “trabajar en la ordenación del territorio a través de una planificación preventiva que nos permita de una vez luchar de forma permanente contra los incendios forestales”.

Dentro de ese trabajo, destaca la “revisión” de la Ley de prevención y extinción de incendios que, apuntó, “tiene que tener en cuenta esa ordenación del territorio y tener previstas esas zonas donde vamos a tener que actuar”. Esta revisión, concluyó, se hará en colaboración con “todos los que pueden aportar”, como el centro de Centro de Investigación Forestal de Lourizán, universidades y el servicio de extinción de incendios de la Xunta.