La pandemia enseñó la importancia de invertir en sanidad y ciencia. Una fábula que en el proyecto de ley de los presupuestos para el año que viene no se queda en papel mojado o palabras vanas y el ejército mostró que puede ser también esencial en una pandemia. Una pata importante de la lucha contra el virus son los rastreadores que se encargan de obtener información de los casos detectados como positivos para hacer una telaraña con los contactos más estrechos y conectar estos con sus contactos estrechas y así sucesivamente, para dar con el mayor número de personas que tienen el virus. En Galicia, la parte fundamentel de ese pilar básico son los militares de la Brilat, que tanto en Pontevedra como Ferrol hacen labores de rastreo, en formato teleoperador, para apoyar en la lucha contra la pandemia.

Alberto Vázquez es sargento de la Brilat y se estrena, como todos, en este tipo de funciones, diciendo que “el ejército tiene que estar preparado para cualquier cosa. Antes el ejército estaba pensado para luchas bélicas o guerras, pero en el mundo en el que vivimos es cambiente, y el ejército se adapta a ese cambio y en este caso forma parte de la lucha contra el coronavirus”.

Los cuatro grupos de militares trabajan por turnos de mañana y tarde desde las 9.00 hasta las 22.00 horas. Jornadas intensivas en las que el objetivo es sacar la mayor información posible y conseguir completar esa telaraña de contactos estrechos de positivos detectados. El ourensano describe que “a las personas que llamamos les preguntamos los datos de contacto y los contactos en las últimas 48 horas. Muchas veces admiten que solo estuvieron con convivientes o familiares, pero otras dicen a amigos o personas con las que estuvieron tomando algo o en algún sitio con ellos. Por lo que a veces nosotros llamamos a esas personas y se enteran por nosotros que esa persona ha dado positivo. La gente en su mayoría se toma bien la llamada, pero hay otra que no se lo cree o que se sorprende bastante”.

Alberto es jefe de pelotón y ante cualquier duda o incidencia que ocurra durante el turno es el encargo de resolverlas. El ourensano explica que su trabajo consiste en “leer datos personales, así como el historial clínico por si ha hecho alguna prueba PCR la persona que estamos llamando, o si está pendiente de un resultado. Entonces hablamos con él para saber si tiene síntomas similares a los de coronavirus y completamos la ficha y si tiene síntomas directamente salta una llamada al centro de seguimiento para hablar con un médico directamente. Si es que no, tiene que cumplir la cuarentena de 10 días estipulados”. Cada llamada es una puerta abierta a una realidad diferente. Alberto señala que “hay llamadas de mucho tiempo, de 25 o 30 minutos. Les saludamos y empezamos la conversación pero los casos son particulares porque llamamos desde niños que tenemos que hablar con sus padres hasta personas de más de 80 años que nos cuentan su historia de vida o incluso al decirle que somos rastreadores militares nos cuentan dónde y los años de la mili y demás. Tenemos que escucharles y apoyarles porque es una situación difícil para todos, pero especialmente para ellos porque son las personas más vulnerables al virus”.

Al otro lado del teléfono hay dramas, preocupación, angustia y ansiedad por la situación sanitaria, pero también por una recesión económica que se traduce en desdichas familiares. El ourensano recuerda que “hacemos de psicólogos o terapeutas, lo importante de nuestro trabajo es tener empatía. Entre nosotros nos contamos por encima historias que nos impactan o que nos sorprenden, pero muy por encima, ya que por protección de datos no se puede hablar mucho y además con las normas covid estamos separados y casi no nos vemos. Pero sí te impactan historias como una madre soltera con dos hijas que no puede ir a trabajar y puede perder el trabajo. Hay historias que te las llevas a casa. Es inevitable hacerlo”.

Alberto cuelga el teléfono cada día preocupado también por la situación de su Carballiño natal: “Esperemos que las medidas sean por poco tiempo, pero sí que son necesarias para parar la propagación del virus. Es una situación preocupante, pero esperemos que se frene y se reactive la vida social para ver el Carballiño de antes con gente por las calles”.

“Estamos trabajando a tope”

Los cuatro pelotones tienen un registro de llamadas de media de 3.000 conversaciones telefónicas desde la base pontevedresa de Figueirido. Alberto Vázquez dice que “estamos trabajando a tope para adquirir y anotar la mayor información posible para hacer un seguimiento de los contactos lo más profundo posible. Pero sí que es cierto que hay gente que no dice todos los contactos con los que estuvo o personas que después de 2 o 3 días de haberlos llamado dicen que al final no estuvo con esa persona. O admite sí haber estado, pero en un sitio con ventilación y con las medidas de protección. Lo hacen para intentar evadir todo el tiempo de cuarentena o una parte, pero hay que decir que estos comportamientos son mínimos”. En la actualidad hay 120 rastreadores de la Brilat luchando contra el coronavirus y 70 también de la Armada, repartidos en Ferrol y Marín. Toda ayuda es poca en un procedimiento de seguimiento en el que los militares aportan su ayuda que es fundamental. Para ejercer dichas funciones tienen una formación con un curso online de 20 horas del Ministerio de Defensa, reconocido a nivel internacional sobre epidemiología y coronavirus, aunque muchos de los que están detrás del teléfono “solo necesitan hablar para tranquilizarse”.