Un par de clientes de un bar que solo vende café para llevar. | // PETEIRO

Desde hace 50 años, Antonio Dosantos regenta en la parroquia de Feces (Verín) el Tony, un comercio con las estanterías y mostradores llenas de casi todo: alimentación, ferretería, calzado, juguetes, droguería, armería... Hubo un tiempo, antes de que las vías de alta capacidad cambiaran el modo de desplazarse y de que proliferaran las grandes superficies, que “éramos unos 100 vecinos y 65 comercios, hoy quedamos 7 u 8 negocios”. Él afirma que “el 90%” de sus ingresos son de clientes portugueses. La ‘raia’ es una puerta de paso cotidiana, un marco invisible de ida y vuelta para la vida social transfronteriza. Galicia y Portugal comparten piel y fuertes vínculos socioeconómicos, familiares y vecinales. En Ourense, la frontera recorre más de 200 kilómetros por varios municipios del sur del territorio, desde A Mezquita a Padrenda. El confinamiento del conjunto integrado por Verín (13.700 habitantes), Vilardevós (1.800) y Oímbra (1.700), que suman 116 pacientes con infección activa de Covid-19, también afecta al tránsito entre uno y otro país. No es un cierre oficial, como en el estado de alarma, en la primera ola, pero lo cierto es que movimientos habituales, como los repostajes o las compras, no quedan al margen de las restricciones, que por regla general reducen la movilidad autorizada a desplazamientos por motivos de trabajo, educación, sanidad o trámites administrativos urgentes.

La afluencia de portugueses con justificación para cruzar reduciría la clientela potencial de negocios de la ‘raia’ que viven de la movilidad. “Si no nos dejan pasar a los clientes es lo mismo que si la frontera estuviese cerrada. Debemos tener cuidado con el Covid pero también con la economía”, dice Dosantos. Durante el estado de alarma, las ventas cayeron en picado. Aguantó porque el personal es la propia familia y el local es suyo. Con la reapertura de la frontera el 1 de julio volvió la normalidad a establecimientos del pequeño comercio como el Tony. “La gente regresó de nuevo y lo mismo pasó en Chaves, con los españoles yendo a comer y a comprar”. A su tienda acuden clientes en tránsito “desde Lisboa para arriba, de Oporto, Vilapouca, Guimaraes, Fafe...”, enumera.

Los tres municipios que conforman el área sobre la que la Xunta ha decretado el tercer confinamiento perimetral de Ourense contabilizan 116 casos activos, según los datos de ayer. En Verín, la cifra es de 85 –había 54 el 1 de octubre–, trece más que el martes 13, día en el que los negocios de hostelería que aceptaron el acuerdo voluntario iniciaron diez jornadas de cierre para frenar la curva rebajando la interacción social. Desde el 8 de octubre –63 infecciones activas en esa fecha–, están prohibidas las reuniones de personas no convivientes. Esa medida se extiende desde la pasada madrugada a Oímbra y Vilardevós, que contabilizan 18 y 13 casos activos, respectivamente.

“Lo que está claro es que este virus llega a todas partes. También que cuento más nos relajamos, peor, y se tiende a pensar que la casa de un vecino o un amigo es como la nuestra, y no. Más vale ser prudentes ahora y que empecemos a bajar”, advierte Ana Villarino (PP), la alcaldesa de Oímbra. En este municipio, como en los de Vilardevós y Verín, la incidencia de la segunda ola es muy superior a la de la primera en cuanto a casos detectados. “En marzo y abril nunca pasamos de 5”, indica la regidora. Este lunes se registraba en Oímbra su máximo hasta el momento, 19 casos en curso, uno menos que ayer.

Ayer era día de feria en Chaves. “Hubo gente que preguntaba si podía ir y la respuesta era clara: hoy sí [por este miércoles, horas antes de la entrada en vigor de las restricciones], pero mañana no. Hay mucha convivencia con Portugal, como por ejemplo Vilarinho da Raia. A trabajar se podrá ir pero a tomar un café no. Si todos nos concienciamos será provisional, a ver si el pico baja y nos estabilizamos”, manifestaba al alcaldesa de Oímbra. La cifra de infecciones en curso ascendió ayer a 13 en Vilardevós, que tiene cuatro pasos que comunican con el país vecino. El regidor, Manuel Cardoso (PP), ve “bienvenidas” las medidas restrictivas “si ayudan a que bajen los casos. Si los expertos así lo deciden, a ver si entre todos acabamos con la pandemia”.

El Sergas tenía diagnosticados 45 casos el 18 de septiembre en Verín, cuando se decretaron las primeras medidas restrictivas en cuanto a los aforos. Este martes, día 20, se registraba el máximo hasta el momento en lo que va de pandemia, 88 infecciones activas en un municipio de 13.700 habitantes. Está en nivel rojo de alerta. La situación de marzo nada tenía que ver con la de ahora, mucho peor”, señala Diego Lourenzo (BNG), portavoz del gobierno local. Pide tiempo y prudencia para valorar el impacto en la curva de la pandemia del cierre voluntario de la hostelería y la restricción desde hace dos semanas de las reuniones de las personas que no viven juntas.

Así está Verín según el Sergas

La directora xeral de Saúde Pública, Carmen Durán, explicó ayer que en Verín se ha dado un “incremento de casos mantenido en el tiempo”, sin una respuesta “óptima” de las medidas restrictivas ya implementadas. “En los últimos siete días tenemos un número de casos acumulados de 51 y en los últimos 14, de 86. Significa que no solamente se están sumando nuevos casos sino que además hay un mayor número de nuevos casos que en semanas anteriores. Es decir, sigue habiendo un crecimiento de nuevos casos en Verín, lo que nos hace adoptar medidas de otro rango que ayuden a controlar el crecimiento de esta curva”, expuso ayer esta técnica en una rueda de prensa.

Más de cuarenta negocios secundaron el cierre de los interiores y las terrazas, una iniciativa que cuenta con ayudas del Concello: una cuantía fija de 300 euros, a la que se sumará después un importe según el coste de la inactividad, para cubrir gastos como la hipoteca, el alquiler o los seguros sociales. Eladio regenta el bar Parada desde hace 47 años. Él solo despacha cafés para llevar. “Utilizo pocillos de un solo uso, despacho a través de la ventana para garantizar las distancias de seguridad y solo permito el acceso para el baño. Hasta hoy, toda la clientela que conozco no ha tenido casos de Covid, no somos culpables”, describe. “Con lo que gano saco ni para luz e impuestos, pero tras 47 años de trabajo tengo un colchón. Me pongo en la pie de los demás y la situación es difícil”.