"O músico foi o primeiro que se baixou do escenario e o último en volver", apunta Mariano Ortega, de la sala Sete Flores en O Carballiño. El regreso de la música en vivo con público presente en un mismo tiempo y espacio se hizo esperar tras el parón obligado por la crisis sanitaria del coronavirus. Ahora, en una valiente apuesta por la cultura, la programación de las salas de conciertos y cafés culturales vuelve a llenar de música la provincia de Ourense. Eso sí, aforos reducidos, distancia de seguridad y mascarillas dejan una estampa "un tanto extraña" en la conocida como "nueva normalidad".

Con una mirada de optimismo hacia el futuro, los propietarios de los locales ourensanos en los que se puede escuchar música en vivo hacen un esfuerzo por "manter a programación", conscientes de que tienen "menos ingresos e máis traballo de desinfección e vixiancia para que se cumpran as medidas de seguridade". "A finalidade dos bolos é encher para que compense, pero agora todos entendemos que estamos ante unha situación extraordinaria", explica Mariano Ortega. Precisamente, la sala Sete Flores marcó un protocolo de seguridad que fija en 30 personas el aforo, una cifra muy por debajo de las 100 personas que caben en el local.

En una situación similar se encuentra Noe Vázquez, propietaria de A Arca da Noe, una taberna cultural ubicada en Vilar de Santos, en la comarca de A Limia que emprendió una particular desescalada musical a finales de junio. Desde entonces, este espacio programó una media de tres conciertos por fin de semana y su dueña se mantiene "optimista a pesares das incertezas" ante la idea de celebrar el próximo sábado, 1 de agosto, el sexto aniversario de A Arca da Noe, con una programación que incluye la presencia del grupo de música tradicional Tiruleque. El protocolo 'anti-covid' de este establecimiento también limita el aforo a un máximo de 25 personas, contempla la distancia de seguridad entre mesas y presta especial atención a la higiene de manos y el uso de la mascarilla en todo momento.

"A sensación que se percibe é un pouco extraña, ó existir unha restricción tan importante de aforo dá a impresión de que o local está medio vacío e vese a todo o mundo moi separado. Non obstante, ímonos acostumando", señala Noe Vázquez. A pesar del miedo y el estrés que puede generar una situación completamente nueva, la respuesta del público esta siendo buena, "de momento cubrimos todos os días", señala la propietaria de A Arca da Noe. "A xente dinos que xa tiña ganas de volver ós concertos e ó vir trasládanme que non sinten inseguridade", añade.

Por su parte, Mariano Ortega coincide en señalar que "os clientes están súper agradecidos de que volva a música en directo", también apunta que "a xente cumple e respeta as medidas de seguridade e prevención" y, en general, considera que "o confinamento pareceu concienciar bastante a xente".

En lo que sí que detecta cambios el gerente de la Sete Flores es en el hecho de que la gente espera a última hora para adquirir sus entradas. "Semella como que lle dá un pouco de apuro mercar con moita antelación e por iso a preventa faise prácticamente toda o último día", explica Mariano Ortega.

La 'nueva normalidad' genera pensamientos contrapuestos en los propietarios de cafés culturales, salas y otros lugares de programación de música, por este motivo buena parte de los locales de la ciudad de As Burgas permanecen aún sin nuevas fechas y los que ya tienen la agenda fijada hasta final del verano hablan de "debate interno". "Por un lado tes moita gana de facer concertos porque che gusta e sabes que desto é do que vives pero, por outra banda, tés medo e incerteza. Preguntaste ¿e se pasa algo e nos toca a nós?, pero ó final intentas ser o máis responsable posible e tiras cara adiante", explica Vázquez. Mientras que Ortega se muestra "feliz" porque "houbo un momento no que parecía que non iamos poder retomar nunca as actuacions".