Se casaron en diciembre de 1997 y empezaron a vivir juntos. Desde 2010, cuando sufrió un accidente de tráfico que le causó una discapacidad y una adicción a los antidepresivos, y en especial desde febrero a agosto de 2018, el hombre mantuvo una "reiterada conducta de vejación y desprecio" hacia la mujer, "insultándola de manera cotidiana y reiterada a lo largo de dichos meses", con expresiones como "puta, zorra, ¿por qué no vuelves a tu pocilga?" Durante el mismo periodo de tiempo, el individuo también la amenazó, con frases como que "iba a quemar la casa" y "matar a los animales". Los hechos ocurrieron en el domicilio común y en presencia de la hija menor del matrimonio. Tras haber sufrido y aguantado esta situación, la víctima decidió poner fin a la convivencia en agosto de 2018 y formuló una denuncia ante la Guardia Civil.

El marido es condenado a 1 año y 9 meses de prisión por un delito de maltrato habitual, así como a 3 años de alejamiento de la víctima, a un mínimo de 100 metros. La sentencia del magistrado Ricardo Pailos no es firme y admite recurso de apelación a la Audiencia Provincial. La defensa pedía la libre absolución del acusado, solicitando la aplicación de una eximente completa o, al menos, una atenuante muy cualificada. El juez acepta que, en el periodo denunciado, el acusado era adicto al consumo de benzodiacepinas -en 2010 sufrió un siniestro de tráfico que le causó una discapacidad física así como una depresión y un abuso de fármacos-, "no resultando probado que por ello tuviese afectadas sus capacidades intelectivas y volitivas de manera permanente", dice el juez, que solo acepta una atenuante.

"No recordaba" haberlo hecho

En el juicio, el hombre afirmó que él no había insultado ni amenazado a su mujer, "que él recordase". Atribuyó la denuncia a un interés por quedarse con la casa y "sangrarme". Además calificó de "envenenada" la relación con su hija, alegando que estaba "muy influenciada" por la madre. La menor declaró en el juicio que las amenazas e insultos por parte de su padre a su madre habían sido constantes, y aumentaron de intensidad a partir de febrero de 2018. La prueba documental, la valoración del testimonio de la víctima -"coherente y persistente"- y el de su hija llevan al juez al "pleno convencimiento de la culpabilidad del acusado", que creó "una atmósfera irrespirable".