Ana Guitián (Ourense, 56 años) elige el poema 'Iluminación' de José Ángel Valente. "Quién eres tú, quién soy, dónde terminan, dime, las fronteras y en qué extremo de tu respiración o tu materia no me respiro dentro de tu aliento. Que tus manos me hagan para siempre, que las mías te hagan para siempre y pueda el tenue soplo de un dios hacer volar al pajarillo de arcilla para siempre". Recita delante de sus compañeros en el taller de poesía que, ayer como cada miércoles desde hace seis años, realiza el hospital de día para personas con patología psiquiátrica. Es una de las actividades grupales -como las caminatas y el cuidado del huerto terapéutico, con parterres con tomates, guisantes, lechugas, judías y frutales en la cubierta del nuevo edificio de hospitalización del CHUO-, que mejoran la cohesión y socialización de estos pacientes. "Un grupo tiene una misión común. A veces las personas con una enfermedad mental tienen asignados roles en la familia, la escuela o la sociedad que los penalizaron mucho. El grupo nos permite darles un papel nuevo", subraya el psiquiatra Alexandre García Caballero, coordinador del hospital de día de Ourense, que atiende a unos 25 con trastorno mental grave. Además otra treintena participa en determinadas actividades, conformando el denominado 'club de pacientes'. El perfil es diverso: desde los 21 a los 60 años, y de ambos sexos.

Ana es bipolar. "Tenemos un sexto sentido, muchos artistas como Virginia Woolf o Hemingway lo eran y destacaron en la escritura". Esta ourensana tiene reconocida una incapacidad absoluta. Trabajó como maestra de educación infantil y, hace unos meses, intentó reincorporarse a su profesión, "pero me dijeron no". Es paciente desde hace años del hospital psiquiátrico de día. "Tengo recaídas fuertes y me ayuda a volver a agarrarme, aunque estoy por la labor de retirarme, de jubilarme", dice, y se ríe.

Cada mañana caminan seis kilómetros por las sendas del río. Este colectivo suele ser más vulnerable a estilos de vida insanos, por la alta incidencia de sedentarismo, consumo de tabaco y hábitos de alimentación desequilibrados. El colectivo tiene mayor riesgo cardiovascular y abulia. "Los paseos nos vienen de maravilla a los enfermos mentales, como a todo tipo de personas. Ayuda caminar, ver la naturaleza, estar acompañado y tener un horario y una obligación para levantarse, porque la mayoría de nosotros no trabajamos", valora Ana.

Ella reivindica la normalidad, el fin de las etiquetas y los estigmas. "La enfermedad mental a estas alturas, en pleno siglo XXI, tiene que salir del armario en el que sigue metida por culpa de una estigmatización increíble de la sociedad, que se basa en una falta de conocimiento. A veces, el primer estigma surge en la familia y a partir de ahí... Debería haber una educación desde la infancia en la que se explique qué somos y qué hacemos. No somos gente grillada, yo creo que Trump está más", y se ríe de nuevo. Después, Ana Guitián deja una reflexión final: "Nosotros no nos apartamos entre los compañeros, vemos que cada uno decide y respetamos la decisión y definición de cada uno. Nosotros no nos discriminamos".