Siete de julio y 38º de calor. Los estudiantes de segundo de Bachiller se agolpan a las puertas de las seis sedes de que estableció la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CIUG) en la provincia de Ourense. Saben que va a ser una jornada de mucho calor y también de muchos nervios. Al menos, en el primer examen.

Un total de 1.358 estudiantes iniciaron ayer las pruebas de acceso a la universidad, que durará hasta mañana, en un año escolar atípico en el que el coronavirus se llevó por delante la programación de la tercera evaluación y con ella muchos conocimientos a abordar por los docentes para preparar los exámenes con las mayores garantías. Los nervios previos a la entrada de las sedes (Biblioteca Rosalía de Castro, Edificio Jurídico Empresarial de la Universidad de Vigo, Edificio Politécnico de la Universidad de Vigo, IES Manuel Chamoso en O Carballiño, Facultad de Historia en el campus de Ourense y el IES Lagoas de Antela) eran los mismos que los anteriores años. El primer examen historia, aunque histórica es y será la selectividad de este año por alcanzar una cifra récord en la última década con la mayor participación. En concreto, 301 más estudiantes que el año anterior.

Todos contra el coronavirus. La CIUG informó en una circular de los requisitos para la realización de los exámenes, pero también con las nuevas medidas de prevención y protocolos de actuación para evitar un rebrote o ser un foco de contagios. El estudiantado que se presentó en el campus de Ourense de la Universidad de Vigo todos iban con mascarilla, algunos con geles y otros sin ellos. Cada alumno que accedió a las sedes fue responsable de su propia protección individual con la obligatoriedad de las mascarillas , aunque finalmente se permitió a los alumnos y alumnas que se quitaran la mascarilla en el momento de sentare a realizar cada prueba. En cada pupitre estaba un identificativo con el nombre de cada alumno y para entrar a las sedes se dispusieron de circuitos dobles, uno de entrada y otro de salida.

Con respecto a la entrada de los alumnos, en el caso concreto de las sedes en Ourense, se realizaron por diferentes puertas. En la Biblioteca Rosalía de Castro se abrieron las puertas de emergencia para que los estudiantes accedieran al piso -1 y -2 por dichas puertas y los de la planta 0 lo hicieran por la puerta principal, donde había dispensadores y también geles hidroalcohólicos para desinfectarse las manos. También en el recinto de estudio y consulta universitario, se taparon las ventanas con papel en previsión del calor y las temperatura veraniegas de la provincia, para que la realización de los exámenes tuvieran un mínimo de condiciones ambientales que favorecieran a los estudiantes en su afán de conseguir la mejor nota posible.

La limpieza, otro eslabón esencial para luchar contra el virus. Las sedes contaron con un proceso de limpieza que se realizó durante varias veces al día con la desinfección de aulas, centros y baños. Fuentes de la CIUG explicaron que "en beneficio de los propios alumnos y alumnas tienen a su disposición botellas de agua en previsión del calor que va a hacer estos días y también bolígrafos desinfectados para quien se le termine la tinta o tenga alguna incidencia con el suyo propio. En concreto, también se habilitó un reloj para que el estudiantado pueda mirar la hora que es y gestionar el tiempo del examen de forma más eficaz ya que no había ninguno en la biblioteca y los alumnos no pueden consultar sus aparatos electrónicos en el desarrollo de los exámenes. Además, los espacios mantienen la distancia social de 1.5 o 2 metros correspondientes".

El estreno: examen de Historia

Pablo González sale del examen: "Me ha salido genial tio, justo ayer repasé lo que entró: romanización y pensamiento ilustrado así que para un 5 me da, es lo que necesito". El corrillo se alimenta a medida que el reloj pasa de las 11:00 y la mascarilla ya sobra y los abrazos de adrenalina del primer examen se consumen esporádicamente. "No se pueden dar abrazos, Noelia", le dice una amiga a otra, visiblemente contenta. La sensación de los jóvenes es que el examen fue "fácil". Una prueba donde cayeron cuatro posibilidades a desarrollar entre conquista y romanización; régimen feudal y sociedad estamental; el pensamiento ilustrado o reformismo borbónico.

"Y además entró Fernando VII, así que genial. Es normal que estemos nerviosos porque es una selectividad atípica y, a expensas de eso, el primer examen es el más importante de todos. Porque si lo haces bien o entra lo que te has estudiado es una dosis de energía para continuar con los siguientes que vienen, pero si no lo haces bien o al salir te empiezan a decir que no pusiste las cosas que debías poner, ya te empiezas a poner nervioso y eso es perjudicial", dice Alejandro García.

El régimen feudal y Fernando VII fue uno de los modelos de examen que repasaron los alumnos de segundo de Bachiller de As Lagoas. "Justo cayeron conceptos del examen casi idéntico que habíamos repasado en estos meses previos a las pruebas, así que genial. A ver si sacamos buena nota y ahora a pensar en los siguientes".

La distancia interpersonal a la salida del primer examen fue difícil de mantener. Era necesario evaluar las respuestas y reconocer que los conceptos definidos eran los adecuados. Llamadas por teléfono, audios de WhatsApp y esperas con el cigarro o los apuntes de Historia en el mano.

Nervios fuera y a enfrentarse a Lengua y Literatura todavía por la mañana. Breve descanso, para volver con Matemáticas Aplicadas o Fundamentos del Artes a primera hora de la tarde y volver con Economía de empresa o Diseño a media tarde. Hoy será el turno de que a las 9.00 horas se inaugure la segunda jornada con Lengua Gallega, la primera lengua extranjera, Artes Escénicas, Química y Griego.

Los nervios se quedaron en el examen de Historia, la nota ya será otra historia. Queda el esfuerzo de todo un curso atípico resumido en tres días y en ocho exámenes que decidirán el futuro.