Verónica Civeira (O Carballiño, 40 años) atesora 19 de experiencia como enfermera, fundamentalmente en atención primaria. Es la coordinadora de crónicos y también se encargó de organizar la parte de enfermería en el Equipo de Seguimiento Compartido de Atención Hospitalaria (Escah), que ha realizado el seguimiento individualizado de pacientes de Covid-19, a través de la plataforma informática Telea o de una llamada, bien del Escah o de los respectivos centros de salud. Fueron atendidos de este modo unos 1.200 enfermos, Al igual que la hematóloga Miriam Iglesias, coordinadora del equipo, Civeira también contrajo la Covid y experimentó cómo es el servicio desde el otro lado, aislada en casa. A diferencia de su compañera doctora, que tuvo que ingresar durante dos semanas en el hospital, la enfermera solo experimentó síntomas leves, aunque diversos. La Covid-19 estuvo con ella "hasta que pasaron 36 días y di negativo, en la quinta prueba PCR", recuerda.

Durante su aislamiento de un mes en casa, hizo cuarentena en su habitación para proteger de un posible contagio a sus dos hijas, de 11 años. El 14 de mayo se reincorporó a la actividad presencial, aunque durante su baja no dejó de colaborar con el equipo pese a ser ella misma uno de los casos bajo seguimiento e ir recuperándose poco a poco del virus. "A veces las compañeras que me llamaban se sentían mal por si molestaban, pero todo lo contrario, yo les decía que me daban vida. Seguí ayudando lo que podía, era una manera de estar activa y tener la cabeza inquieta", dice la enfermera.

Aunque el efecto del coronavirus fue leve en su caso, Verónica no dejó de notar su alcance, con múltiples manifestaciones. "Yo no tuve fiebre y sí otros síntomas, por este orden: tos, cansancio, dolor de cabeza muy intenso, pérdida de peso (en diez días, cinco quilos menos), dolor de articulaciones, diarrea, conjuntivitis y dermatitis. También me quedé sin olfato. Además, los primeros días tenía dificultad respiratoria", enumera esta sanitaria.

La Covid-19 la fatigó, otra de esas manifestaciones que con el progresivo conocimiento de esta nueva enfermedad se va consolidando como un estado habitual, según los testimonios de los pacientes. "Me cansaba mucho al caminar y me sofocaba. De repente tenía la capacidad de una persona de 80 años. Ahora ya no noto nada pero la condición física tardó en recuperarse casi un mes desde el negativo, al principio daba paseos de abuela. Pasé de ser muy activa, de caminar mucho o hacer zumba, a terminar fatigada los primeros paseos de un kilómetro o tras subir tres pisos".

Verónica, como su compañera Miriam- "es maravillosa, mi otra mitad" en el equipo, destaca la enfermera- han sido apoyo sanitario frente a la Covid-19 y también pacientes de esta enfermedad que tiene en jaque al planeta este 2020. "Montamos el seguimiento y sufrimos el seguimiento. Se vivía con preocupación, por supuesto, por la familia y los compañeros, pero también agradeciendo esa llamada de la enfermera, el internista o el médico y enfermera del centro de salud. La valoración por parte del paciente ha sido muy buena porque ha estado acompañado. Además sirvió para reducir mucho la atención en urgencias e ingresos, posiblemente más de un 30%. Ha sido muy útil".

Verónica elogia al personal de seguimiento del Escah y de los centros de salud. "Además de control y seguimiento, hicieron un gran trabajo de acompañamiento, derivando de enfermería a medicina o incluso a trabajo social, siempre que era necesario. Como decía Pau Donés, verdaderos ángeles de blanco".