No hay mucho que celebrar porque todavía hay seis pacientes críticos por secuelas de la Covid-19 pero la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Ourense quedó libre ayer de coronavirus. El último paciente que presentaba diagnóstico positivo ha dado negativo en la última PCR por lo que, oficialmente, la UCI queda despejada del SARS-CoV-2 por primera vez desde que el pasado 18 de marzo ingresó el primer paciente grave en esta unidad.

"Llevamos ya dos semanas sin ingresos de pacientes críticos", destaca el jefe de servicio de la UCI, Víctor López Ciudad, "y esto indica que la pandemia está en la fase de control y que la situación está evolucionando muy bien". El último paciente con Covid que ha dado negativo permanece en esta unidad y continúa como crítico porque, reitera este facultativo, las secuelas permanecen y las complicaciones derivadas del contagio abren un "largo camino de atención".

La situación en la UCI, que registró su pico más alto el 14 de abril con 23 positivos ingresados simultáneamente, "ha sido muy estresante", reconoce López Ciudad, "pero en estos momentos está mucho más controlada y, en principio parece que va a seguir así". Esta afirmación se sostiene, apunta, en los datos epidemiológicos tanto a nivel provincial como gallego, "que indican que el índice de contagios nuevos es muy bajo". Ayer mismo, sólo se contabilizó uno en el área sanitaria de Ourense. En todo caso, apunta el jefe de la UCI, "esto no significa que no debamos estar alerta y seguir con las medidas de distancia social, mascarilla y lavado de manos frecuente".

Desde el área sanitaria de Ourense recuerdan que la crisis sanitaria trajo consigo "momentos de gran intensidad y preocupación" vividos por el servicio de Medicina Intensiva y el conjunto del personal, que motivaron la expansión de las camas de críticos en tres unidades con una cuarta habilitada en previsión.

La Unidad de Recuperación Post Anestésica (URPA) se abrió el 25 de marzo para dar cobertura sanitaria al incremento de los contagios con el trabajo coordinado del personal sanitario de los dos servicios especializados en el manejo de pacientes críticos, Medicina Intensiva y Anestesia y Reanimación.

La posibilidad de que la aceleración de ingresos críticos superara la capacidad asistencial y de equipamientos, especialmente personal, monitorización y ventiladores, destacan desde el área sanitaria, no llegó a producirse ya que Ourense "dispuso en todo momento de capacidad asistencial para atender más casos". De hecho, siguiendo el plan de contingencia de la pandemia, "se llegaron a habilitar en abril dos quirófanos con un total de seis camas de críticos que no llegaron a ser necesarias".

Además de las 22 camas de UCI y de las 14 de Reanimación (REA) existentes enel Hospital Universitario de Ourense, donde se centralizaron los casos críticos del conjunto del área sanitaria, y de la puesta en marcha de la UCI-Covid con 20 camas, se aumentaron en paralelo tanto el equipamiento, como la capacidad asistencial.

Desde la fecha del primer ingreso en UCI, se atendieron en Ourense 29 pacientes de coronavirus de entre 34 y 79 años. La estancia en esta unidad osciló entre 15 días y dos meses y tres de los pacientes fallecieron. Destaca que el 70% de los ingresados son hombres, lo que coincide con los distintos estudios publicados que subrayan una mayor predisposición a padecer sus efectos.

López Ciudad remarca también el bajo índice de mortalidad en la UCI del CHUO respecto a otras áreas sanitarias con tres fallecidos de 29 personas atendidas. "Todos los pacientes que ingresan en esta unidad son muy graves y aunque un solo fallecido es una desgracia un índice del 10% es muy bajo", indica. El jefe del servicio señala que la escalada de contagios y el mayor pico vivido en abril generó una gran preocupación. "Teníamos dos problemas importantes porque, por un lado había una gran concentración de pacientes, todos muy graves y la inmensa mayoría con ventilación mecánica, a los que teníamos que dar la vuelta con la complicación que supone esta maniobra, y por otro teníamos el miedo de que la avalancha de pacientes no parara. Es verdad que teníamos un plan de contingencia pero no sabíamos hasta donde iba a llegar y nos preocupaba porque estos pacientes requieren una atención muy continua tanto de enfermeros como de médicos".

La sensación que queda ahora es contradictoria, indica. "Todos hemos dado lo máximo y hemos trabajado conjuntamente para conseguir el mejor resultado, pero es una sensación agridulce por los pacientes que fallecieron a pesar de nuestros esfuerzos, y por las familias que no pudieron visitarlos, ni estar con ellos en los últimos momentos".