- ¿Cuál fue el momento más duro?

-Sin duda en la primera etapa la soledad de los pacientes, que estaban totalmente aislados o en la UCI y fallecían sin poder tener al lado a sus familias. Ahí tanto la enfermería como médicos dábamos el apoyo posible, pero no es lo mismo. Luego se fue elaborando un protocolo que sigue hoy en día de informar a diario a los familiares , se fue ampliando a una visita, y se humanizó la atención en todo lo posible.

-¿Usted es de los que piensan que el mejor favor al sanitario no son los aplausos, sino la prevención ciudadana, para no saturar el sistema?

-El riesgo que sufrimos forma parte de nuestra profesión, pero el uso de mascarilla y el lavado continuo de manos es fundamental. De hecho el agotamiento tanto físico como psicológico de los equipos en estos dos meses y trece días ha sido enorme, y se recomienda en todos los hospitales ir renovando a ese personal. Sin prevención no sabremos qué pasará en septiembre

-¿La vacuna será la solución?

-Hay muchas investigaciones en marcha, pero para poder aplicarla en grupos de pacientes, hace falta tiempo, así que por mucho que avancen esta investigaciones calculamos que hasta principios de año no habría nada fiable.