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El obispo indica que las obras de caridad "son las únicas que no admiten confinamiento"

Concelebró la Misa de la Cena del Señor con el deán de la catedral, el precepto de ceremonias y el canónigo cantor, acompañados por dos seminaristas y "sin el pueblo"

Celebración del Jueves Santo en la Catedral, por primera vez sin feligreses. // Iñaki Osorio

Celebración del Jueves Santo en la Catedral, por primera vez sin feligreses. // Iñaki Osorio

El obispo, Leonardo Lemos Montanet, presidió la Misa de la Cena del Señor, a partir de las cinco de la tarde en la catedral, concelebrada con el deán de la basílica, José Pérez Domínguez, el precepto de ceremonias y el canónigo cantor. También participaron dos seminaristas. Leonardo Lemos destacó las "connotaciones sacerdotal y eucarística" que tiene esta jornada y "sobre todo la vertiente de la caridad fraterna". Fue retransmitida por varias cadenas de televisión locales.

Leonardo Lemos sostiene que las obras de caridad, en un día de Jueves Santo como el de ayer, "son las únicas que no admiten demora y que no admiten confinamiento ni cuarentena". Celebrar la liturgia del Jueves Santo "nos lleva, precisamente, a ser hombres y mujeres abiertos al ejercicio de la calidad".

El obispo destacó que Cáritas ha pasado de repartir poco más de 200 comidas al día -para las personas más necesitadas, muchas de ellas con hijos a su cargo-, a más de 500, debido al cierre de los comedores escolares por la pandemia del coronavirus, por lo que "están desbordados".

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La misa del Jueves Santo sin fieles

Leonardo Lemos se muestra conmovido ante las manifestaciones de generosidad que se están registrando en la diócesis, procedentes de particulares, empresas, instituciones y del propio clero. "Todos ellos están realizando aportaciones, dentro de sus posibilidades, para atender las necesidades sociales que están surgiendo en nuestro entorno".

El obispo destaca que la Misa de la Cena del Señor se celebró ayer en la Catedral, "en una situación anómala, por primera vez en su historia", al encontrarse "vacía de fieles". Contempla esa situación como "un despertador en el alma, por parte de cualquier creyente, para descubrir detrás de ese vacío, de ese silencio, de esa soledad, de esos bancos vacíos, la presencia de tantas necesidades, de tantos hombres y mujeres, sean católicos o no, que están pasando momentos de gran tristeza". En ese sentido, recuerda las familias de las personas fallecidas por el Covid-19, "con la tragedia de que tienen que llevarlas al cementerio, sin que la familia pueda verlas: una situación muy dolorosa, muy dolorosa".

El obispo invita a los feligreses de la diócesis a hacer un esfuerzo en esta Semana Santa "para seguir la misa por los medios de comunicación, uniéndonos a través de la comunión espiritual; rezar por los sacerdotes (especialmente el de nuestra parroquia), que siguen ofreciendo la Eucaristía por el Pueblo de Dios; y ponernos en contacto con algún conocido que pasa estos momentos difíciles en soledad".

Recuerda que el Viernes Santo es primer día del Triduo Pascual. No hay celebración de la Eucaristía, se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor, "en la que recordamos su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato, la flagelación, la coronación de espinas y su muerte en la cruz".

La muerte de Cristo "recuerda el cúmulo de dolor y de males que pesa sobre la humanidad de todos los tiempos: el peso aplastante de nuestro morir, el odio y la violencia que aún hoy ensangrientan la tierra". Pero, al celebrar este día su muerte, "no nos olvidamos de su resurrección. Por eso es "un día propicio para renovar nuestra fe, reafirmar nuestra esperanza y expresar nuestra confianza en Dios, seguros de su apoyo y de su victoria".

El obispo destaca que la Iglesia "nos pide guardar ayuno como preparación para las Pascua. Además, como expresión de nuestra fe, podemos colocar en un lugar destacado de nuestros hogares, hasta el Sábado Santo por la noche, un altar con la cruz, y adorarla con una genuflexión u otro signo de devoción; acordándonos cada vez que pasemos junto a ella de todos los que sufren".

El Sábado Santo se caracteriza, según el obispo, por "un gran silencio, que recuerda el día que pasó entre la muerte y la resurrección de Jesús". Por la noche, la Iglesia celebra la solemne Vigila Pascual, en la que, a través de la proclamación de la Palabra de Dios, "se anuncian las maravillas del Señor en la historia, culminando en el anuncio de la Resurrección de Cristo. Esta buena nueva se actualiza a través de los ritos sacramentales del bautismo y la eucaristía".

Al terminar la misa del Domingo de Pascua se celebra habitualmente la procesión de la Virxe Santa María Nai, con el Desplante. Este año no se realizará la procesión, pero al terminar la Misa de Pascua, el obispo se asomará a la fachada principal de la Catedral de San Martín. Desde lo alto de la escalinata, realizará la bendición con la custodia a toda la ciudad y a todos los pueblos de la diócesis.

En ese momento, también intentará "transmitir esperanza, en la lucha contra la pandemia del coronavirus".

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