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Un cementerio sobre raíces de vides, en tierra de vinos

El campo santo de Ribadavia se inició en 1854

Cementerio, años 50, y detrás edificio de la cárcel // Pacheco. Fondo M.E.R.

Cementerio, años 50, y detrás edificio de la cárcel // Pacheco. Fondo M.E.R.

Ribadavia cuenta en pleno centro de la villa con un cementerio municipal que fue construido en 1854 en una finca que era un viñedo y, de hecho, aún hoy en día se pueden apreciar los socalcos que tenía. Era propiedad de "Boán", un vecino al que se la expropiaron y se le pagó por ello.

Para construir este campo santo el Concello tuvo que pedir un préstamo a la Diputación en el año 1850. De aquella el arquitecto, Odriozola, cobró 7.000 reales y los canteros un total de 3.000 entre todos. También se colocaron unas pirámides que costaron más de 200, que coronaban los nichos y que aún existen.

Pero ya en su día cuando se inauguró este cementerio todos los vecinos coincidían en que era pequeño. Ribadavia hasta 1904 tenía cuatro parroquias, y cada una tenía su cementerio o si no se enterraban en el interior de las iglesias, pero con anterioridad, en 1833, se prohibió por Real Orden enterrar en las iglesias y entonces en Ribadavia se empezó a buscar terreno y como estaba circundada por murallas tenía que ser un solar a extramuros y en un sitio bien ventilado y se optó por la viña de Boán. Al lado estaba el edificio de la cárcel del distrito que ya no existe, actualmente está allí un nuevo inmueble que cobija las oficinas de correos, la policía local y otras dependencias.

Así, en 1854 se empezó a construir el campo santo pero le faltó la sala de autopsias que obligaba la ley de 1833.

Y cuando ya había periódicos decimonónicos empezó en 1880 una campaña en prensa para ampliar el cementerio, por necesidad imperiosa, porque absorbía los difuntos de las cuatro parroquias, y a mayores los de A Franqueirán y Francelos que siguen actualmente.

Se siguió expropiando la viña, por la parte del naciente, y en 1902 durante la alcaldía de Leopoldo Meruéndano se inauguró la ampliación y se hizo coincidir con el día de San Pedro, en abril, y con la inauguración del alumbrado eléctrico, siendo una jornada muy emotiva por dos hechos tan importantes.

En el campo santo de Ribadavia había una zona para los no católicos, los protestantes, y de hecho se enterró allí a Cesáreo Rivera que era masón, y fue diputado durante la primera República y en la segunda República se le hizo un monumento dentro del cementerio. Al final ambos recintos se unieron en la década de los 80, en el siglo XX. Las familias protestantes siguen conservando sus nichos.

Se trata de un cementerio municipal cuyo primer socalco es representativo de la arquitectura funeraria de mediados del siglo XIX, de la sismología de las pirámides, con calaveras, epitafios.

De hecho, desde la Asociación de Amigos del Museo Etnolóxico, indican que "tenemos la idea de solicitar que lo declaren un BIC porque estos cementerios ahora ya no se ven". Lolín Lira, dice "es ideal para los de Ribadavia, Francelos, Franqueirán reposar en una viña, dormir el último sueño en la viña de Boán, es poético".

La asociación organizó recientemente una ruta guiada por el campo santo contando a los que acudieron su historia.

Este cementerio de Ribadavia fue objeto el año pasado, en octubre, de una mejora consistente en la reforma de los pasillos, pasamanos y cruceros, nueva iluminación led, entre otras, que supusieron una inversión superior a los 40.000 euros, que financió el Concello. Actualmente apenas tiene nichos libres y no cuenta con terreno para una nueva ampliación.

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