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Los cuentos del abuelo Ojea: "Estar con los niños rejuvenece"

80 pequeños y 40 mayores se retroalimentan en el centro intergeneracional de A Farixa

Las risas y el golpeteo en el suelo de esos cuerpecitos aún torpes a la carrera avisan a los mayores de que sus pequeños acompañantes ya se aproximan. Manuel Ojea -74 años- ha estado examinando el libro de cuentos con figuras de animales que sobresalen a cada vuelta de página. Los niños se arremolinan en torno al septuagenario. Solo una cría llora al ver al grupo de mayores, o tal vez a las cámaras y a los periodistas, mientras el resto de los preescolares escucha con atención. Manuel se enorgullece de cómo lo llaman aquí: el abuelo Ojea. Les dice a los niños cómo es un pelícano, bromea con los movimientos de la trompa de los elefantes, se divierte tanto o más que ellos.

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"Me llaman abuelo Ojea porque todos los días les leo cuentos y voy a verlos. Me gusta mucho estar con los niños, parece que uno rejuveneciera, como si nos dieran energía", destaca Manuel. Cuarenta mayores -con una edad media de 75 años- que son usuarios del centro de día y 80 pequeños de 0 a 3 años de la escuela infantil se retroalimentan, compartiendo actividades y experiencias en algún momento del día en el centro intergeneracional de A Farixa, inaugurado hace un año.

Cuando se producen esos encuentros entre grandes y pequeños, entre personas llenas de experiencia y otras con toda la vida por delante, Manuel siente alegría. "La juventud es nuestra vida. Nos dan vida a los mayores que llegamos a un punto en el que nos vemos imposibilitados. El cuerpo rejuvenece". El abuelo Ojea lee los cuentos, canta y conversa. Sin barreras con la diferencia de edad tiene un mejor amigo. "Samuel se acuerda mucho de mí y su padre le pregunta por mí. ¿Qué tal el amigo Manu? ¿Mi amigo Manu?", cuenta el septuagenario, que tiene tres nietos. El encuentro a diario con los pequeños del centro intergeneracional les hace recordarlos. "Es como si estuviera con ellos, me hago a la idea".

Ana María Álvarez, natural de Cabeza de Vaca (Ourense), es una de las usuarias más longevas del centro de día. Tiene 94 años, está viuda "desde hace bastante años, no sé cuántos ya", y vive con una de sus hijas. Mientras ella trabaja, la nonagenaria aprovecha el tiempo en el recurso de A Farixa.

"Aquí se está muy bien, nos entretenemos porque nos tienen siempre haciendo algo". Poder estar en contacto con los niños gracias a esta iniciativa intergeneracional que lleva un año en marcha en Ourense "es muy agradable". Ana tiene nietos y, aunque "ya son grandes", el intercambio de experiencias con los pequeños de la escuela infantil le hace recordarlos. La nonagenaria destaca además la buena relación entre los usuarios mayores como norma general de la convivencia diaria. "Nos llevamos bien, aquí no nos peleamos".

Inocencia más experiencia

La conselleira de Política Social, Fabiola García, visitó ayer el centro "de referencia" de A Farixa. Expresó el compromiso de la Xunta por la convivencia intergeneracional, que fomenta "una sociedad más cohesionada y unida". En Galicia existen dos recursos de este tipo, ambos promovidos por la Fundación Amancio Ortega: en Arteixo y Ourense, con 80 plazas para centro de día y 82 para la escuela infantil. La Xunta quiere que el modelo se extienda. Espacios de participación entre generaciones para que la inocencia se mezcle con la experiencia. "Es un espacio de convivencia común, para compartir ideas e inculcar valores a los más pequeños"

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