Los monjes vuelven a Oseira
"Estamos bien, en nuestra casa", declara el superior del monasterio, Alfonso Lora, después de dos días en el convento de Ferreira de Pantón

El padre Alfonso Lora (1º dcha.), con otros monjes, a su llegada a Oseira procedentes de Lugo. // Iñaki Osorio
Ourense
Una día especial, pero a la vez triste. Así lo reconocía el superior de Monasterio de Oseira, el padre Alfonso Lora, nada más llegar desde el convento de Ferreira de Panton (Lugo), a donde fueron trasladados los once monjes después de ser evacuados en la jornada del domingo por causa de un incendio forestal. Una medida de precaución que reconoce "fue necesaria ante el riesgo que existía". Recuerda que "era tremendo; una bola de fuego y humo se acercaba".
Después del viaje de vuelta, desde Ferreira de Pantón a Oseira, que apenas duró una hora, llegaban a "su casa" pasadas las 17.00 horas de ayer. El padre Alfonso quiso manifestar su agradecimiento a todos los que participaron en la extinción del incendio, ya que "trabajaron mucho para evitar una desgracia mayor". Y aseguró que "estamos bien, en nuestra casa, y gracias a Dios no hubo que lamentar víctimas humanas", en alusión directa a lo que acontecía en otros lugares de Galicia, y para cuyos familiares tuvo un recuerdo especial.
Los once monjes que salían en la tarde del domingo en tres vehículos hacia el convento de Ferreira de Pantón vivieron dos días de incertidumbre, y muy pendientes de las noticias que llegaban desde Oseira. "Estábamos muy preocupados por lo que podía pasar, pues la situación cuando nos fuimos era muy preocupante".
Después de un primer reconocimiento, los monjes comprobaron cómo una buena parte del espacio natural que rodea al monasterio quedó destruida por el fuego, aunque "tuvimos suerte que no afectó a la parte de la huerta que tenemos", ni tampoco a los animales. Y eso que, como relata el padre Alfonso "daba miedo ver ese gran manchón negro, con espacios totalmente calcinados".
Aunque el fuego no llegó a monasterio, lo que si penetró en su interior fue el humo, por lo que tuvieron que proceder a abrir ventanas y puertas para "limpiar el aire que teníamos". También hizo referencia el padre Alfonso a que la lluvia de la pasada madrugada "vino muy bien", ya que permitió "cambiar totalmente la imagen con la que nos fuimos cuando se tomó la decisión de evacuarnos".
Ahora, y después de comprobar los efectos devastadores de los incendios forestales, el superior del monasterio de Oseira manifiesta que "volveremos a recuperar nuestra vida cotidiana", aunque reconoce que resultará muy difícil olvidar lo que sucedió. Y señala los efectos visibles del fuego que permanecerán durante bastante tiempo.
Es por eso que los once monjes de la orden cisterciense, nada más llegar, dejaban patente la tristeza por lo que se habían encontrado, aunque como dice el padre Alfonso "tenemos que seguir adelante".
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