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Un problema de salud pública

Una unidad pionera para impedir suicidios en Ourense reduce las recaídas a la mitad

El programa trató a unas 600 personas desde 2009 » Un estudio demuestra que los pacientes en seguimiento tienen un riesgo de recaída casi 3 veces menor » Expertos piden un plan nacional y reforzar la detección en atención primaria

Amparo González, Marina González y Teresa Reijas, de la unidad de prevención de suicidios. // Jesús Regal

Amparo González, Marina González y Teresa Reijas, de la unidad de prevención de suicidios. // Jesús Regal

Los expertos le llaman "kit de la esperanza" al objeto (un colgante, una pulsera, una fotografía...) que en un momento de crisis, al filo del abismo, conecta al paciente con la vida. Esta es una de las pautas de un programa de intervención contra suicidios asentado en Ourense desde abril de 2009, en el que han recibido atención unas 600 personas por una realidad tácitamente silenciada. No todas lo consiguen pero un estudio médico evidencia la importancia de realizar un seguimiento específico y la labor de control que se lleva a cabo en la Unidad de Salud Mental de A Ponte; un departamento que fue pionero en Galicia al centrarse en los pacientes con inclinaciones suicidas hace más de un lustro. Según un análisis científico, los pacientes que son atendidos según el programa intensivo presentan un riesgo de recaída (de volver a intentar matarse) 2,88 veces menor al de aquellos sometidos a terapia convencional.

Sara (nombre ficticio) tiene 40 años e intentó quitarse la vida con medicamentos. Es el perfil de paciente de un estudio realizado con los datos de un total de 191 personas, 102 atendidos de forma convencional por el sistema de salud, y 89 que formaron parte del programa especializado. El trabajo de campo llevó 1 año de seguimiento más el posterior análisis de los datos recabados en la propia unidad y -lo más laborioso- en los respectivos servicios de urgencia.

Un 20,6% de los que recibieron tratamiento usual recayeron frente al 10% del grupo de intervención intensiva. El riesgo menor es independiente del número de intentos previos, la edad, el sexo o la necesidad de ingreso tras el primer intento. También de que los enrolados en el programa abandonaron o no antes de tiempo. Según el análisis, los pacientes tratados en el plan tienen menos recaídas, necesitan ingresar menos y es mayor el periodo entre el inicio del tratamiento y el hipotético reintento.

"Formar para salvar vidas"

Expertos como Ernesto Ferrer, psiquiatra del Complexo Hospitalario Universitario de Ourense y responsable de la unidad de Salud Mental de A Ponte (integrada pro una psicóloga clínica, una psiquiatra y una enfermera especialista), retratan el suicidio como el resultado de trastornos psiquiátricos, por lo que reclaman la consideración de este tipo de muertes como un problema de salud pública. Cuarenta y ocho ourensanos se quitaron la vida en 2013, un total de 31 hasta el 23 de diciembre pasado, según los datos de los forenses.

Entre tres y seis de cada diez fallecidos en esa circunstancias, había acudido a su médico de cabecera el mes anterior. Por eso los expertos piden mayor incidencia en el nivel de atención primaria. La tarea de los facultativos de los centros de salud es primordial, de modo que sepan ver síntomas de una conducta suicida. "Hay que formar para salvar vidas", remarca Ferrer.

Los factores que desencadenan los intentos son una de las variables de la ecuación. En Ourense, una provincia en regresión demográfica donde uno de cada tres habitantes tiene 66 años o más (unas 96.000, según el INE), el envejecimiento cuenta. "La edad es uno de los factores de riesgo para el suicidio consumado y otro es la falta de apoyo social, la dispersión o la dificultad de acceso a servicios", señala el psiquiatra. En esta provincia, la tasa de casos casi duplica la media española y también es superior al promedio gallego.

Para el experto, el factor que más condiciona un intento de quitarse la vida son un episodio previo y la depresión. También pesan otros elementos como una historia familiar de suicidio, la soledad, el consumo de tóxicos, tener una enfermedad o dolor crónicos, o una discapacidad. El desencadenante, aclara el experto, reside en la "percepción subjetiva del paciente". Por ejemplo, el de una persona "que tiene una hernia inguinal, se enfrenta a una larga lista de espera para operarse y se suicida al verse como una carga para sus familiares". También, de aquellos que creen sufrir una dolencia grave que no lo era pero que los afligió hasta el extremo.

¿Y la crisis, que todo lo ha ensombrecido? "No disponemos de información objetiva pero yo entiendo que sí que influye: el estrés, las dificultades económicas, la falta de apoyo? pueden condicionar una sintomatología depresiva", valora Ernesto Ferrer.

Los pacientes que siguen el programa multidisciplinar hallan una red de seguridad. Si no acuden a consulta (el tratamiento es personalizado pero dura un mínimo de 6 meses, con una entrevista de revisión transcurrido otro semestre) reciben una llamada al instante. El teléfono también es su apoyo cuando las fuerzas flaquean. El tratamiento busca la solución a sus problemas, a "sus conflictos como problemas de pareja", a saber manejar el malestar y afrontar situaciones de estrés. A los pacientes que reinciden y sobreviven, se les somete a reciclaje para analizar qué falló y reforzar la intervención.

300 intentos en un año

Pese a la eficacia y la especialización, la unidad de A Ponte solo se ocupa de la mitad de los intentos de suicidios, unos 150, de los casi 300 sucedidos en la provincia de Ourense en un año. En O Barco y Verín están dos de las cuatro unidades de atención psiquiátrica y en ellas, por razón de proximidad, se sigue a los pacientes de esas comarcas.

El responsable de la unidad de intervención de Ourense ve necesario "trabajar más con atención primaria" para conseguir identificar a más pacientes en riesgo de suicidio que aún no estén diagnosticados. Los especialistas urgen además un plan nacional o autonómico de prevención de suicidios, crear un grupo de expertos y un registro de datos "más allá del INE", de manera que la información permita realizar una "vigilancia epidemiológica".

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