El poso humano de la incineradora
Un año después del anuncio del fallido proyecto, O Irixo emerge como un pueblo "más consciente y unido"

Edita Payo, Juan Nogueira, José Castro, José Antonio, Javier Rodriguez y Luis González Tosar, en el lugar elegido para ubicar la incineradora. // Brais Lorenzo
S. DE LA FUENTE - OURENSE
El Consello da Xunta aprobó el 5 de diciembre de 2011 la construcción de la incineradora del sur de Galicia en O Irixo desatando una contestación social que creció como bola de nieve hasta provocar el rechazo político del Concello de Carballiño y de la Diputación de Ourense. Sin embargo, el proyecto se mantuvo hasta que el pasado septiembre, la Consellería de Medio Ambiente renunció por los incumplimientos de Estela Eólica y anunció que ampliará Sogama.
Aquellos que representaron el clamor contra la incineradora en O Irixo asumen que el golpe de muerte no lo dieron ellos pero se sienten parte de la victoria por lo que iniciaron. "La crisis, la renuncia de las primas... todo ayudó", dice José Castro, exaparejador municipal que presidió la coordinadora vecinal los primeros meses, "pero si O Irixo no se hubiese opuesto desde el principio quizás se habrían iniciado las obras".
Liberados del miedo a perder un municipio verde, limpio y productivo, los mismos que dieron el paso al frente para decir "no" siguen reprochando al alcalde, Manuel Penedo, que acordase con el gobierno autonómico implantar la incineradora en los montes de O Irixo "sin consulta previa y ocultándolo hasta que pasaron las elecciones", recuerda Antonio González, párroco de Loureiro y fundador de una cooperativa ganadera de la que viven decenas de familias. La vida de un cura, dice, "tiene que ser de entrega total a la gente, por eso me opuse, porque la instalación afectaba a la cooperativa y a la vida de muchas familias. Hubiese sido nefasto para este parque natural". En el aire queda para Antonio González la misma pregunta que inquieta al resto: "¿Qué había detrás para que el alcalde traicionase la confianza de tanta gente?".
De la ruptura entre parte de la población de O Irixo con su gobierno local emergió el espíritu reivindicativo. José Castro explica que "admitíamos pulpo como animal de compañía, pero ahora no, nos cansamos de eso y queremos que quien nos representa lo haga bien, por eso estaremos más pendientes". De hecho, la coordinadora vecinal que nació para defender los intereses de O Irixo frente a la incineradora se mantiene activa.
Para el poeta Luis González Tosar había "intereses" más allá de las promesas de creación de puestos de trabajo. En la primera fila de la reivindicación, este intelectual comprometido con el medio ambiente defendía también su proyecto cultural, A Ínsua dos Poetas, incompatible con la presencia del gigante de la basura. "Eligieron O Irixo, un pueblo de 1.740 vecinos, porque pensaron que no habría contestación", señala Tosar. También el cura había mostrado su indignación en este sentido cuando se conoció la intención de la Xunta: "No somos los parias de la sociedad".
Liberado del fantasma de la incineradora, González Tosar cree que O Irixo, "decretado muerto por su propio alcalde", tiene que construir su futuro. Vencida la desidia social, añade, "la gente está ahora preparada para afrontar dificultades". El gran logro de la incineradora, añade, "es la unidad y la conciencia que antes no teníamos".
Esta semana, los protagonistas de aquella lucha social volvieron a pisar el verde de los montes de O Irixo en los que un día se trazaron las líneas del macroproyecto. Además del cura, el poeta y el aparejador que un día el alcalde señaló como los culpables del rechazo social, subieron otros nombres propios de la rebelión. Javier Rodríguez, concejal socialista y único edil de la oposición que lideró la lucha política; el actual presidente de la coordinadora, Juan Nogueira; o el médico José Antonio. También Edita Payo, que representó al colectivo de mujeres y desempeñó un papel activo en la presión social. "Las mujeres llevamos la casa y somos agricultoras, vimos amenazada nuestra subsistencia y nos opusimos. La lucha no se acabó porque queda el resentimiento, pero ahora sabemos que tenemos libertad para opinar".
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