El ser una ciudad pequeña tiene sus ventajas y una de ellas es el menor atractivo de Ourense a ojos de timadores y estafadores, que desde hace años sólo la visitan de forma esporádica.

Esta circunstancia permite a la Policía Nacional, encargada de este tipo de delitos, dar casi por erradicados en As Burgas los timos tradicionales como pueden ser el de la estampita o el tocomocho, que engatusa a los incautos con supuestos billetes premiados de lotería.

Pero la ciudad no está sólo más o menos a salvo de los timos o estafas más tradicionales, sino también de los más modernos, como la clonación de tarjetas de crédito, instalando complejos dispositivos electrónicos en cajeros automáticos.

A día de hoy, la policía no ha detectado ningún expendedor trucado para la clonación de tarjetas, aunque sí detuvo en Ourense durante 2006 a un importante estafador francés "que había clonado decenas de tarjetas en su país de origen y fue localizado aquí sacando dinero en varios bancos", sin haber engañado a ningún ourensano.

El de la mancha

Relacionado con los cajeros también está el timo de la mancha, un hurto en el que alguien mancha de forma intencionada a una persona que acaba de sacar dinero de un banco y después se ofrece a limpiarle la chaqueta y la cartera.

De estos se denunció un único caso en diciembre de 2005 y desde entonces no se ha vuelto a repetir, como ocurrió con la única denuncia que alertaba de que una falsa empresa de gas estaba operando en Ourense, estafando hasta 70 euros "por una revisión rutinaria o la reposición de una pieza que no costaba ni 15".

La Comisaría provincial registró una única denuncia al respecto en enero de este año, y desde entonces no se ha vuelto a repetir, según informaron fuentes de la investigación.

Usurpación de identidad

No obstante, el caso más curioso de los últimos tiempos es el de un hombre de 26 años que consiguió estafar en Ourense durante 2006 alrededor de 750 euros usurpando la identidad de otro joven con residencia en la ciudad. Al parecer Óscar F.B. eligió a un chico al que se parecía físicamente y después acudía a casa de gente conocida a la que supuestamente hacía tiempo que no veía y le pedía dinero con cualquier excusa.

Tras estafar a tres o cuatro personas, la Policía Nacional consiguió detenerlo y ahora está acusado de un delito de usurpación de personalidad, pendiente de juicio.

Pero su caso no es frecuente y lo cierto es que la policía considera ésta "una ciudad tranquila en este sentido y con muy poca actividad", a lo que ha contribuido el especial control establecido durante 2006 para disolver a los grupos de inmigrantes que pedían dinero y una firma con la excusa de apoyar una causa concreta o a una asociación ficticia.