Los datos acerca de esta perjudicial "moda" los ofrecen siempre los vecinos molestos o la policía, pero quien mejor puede explicar su razón de ser son los jóvenes, que justifican el "botellón" por una razón puramente económica.

Mientras que en los locales de ocio de la ciudad deben pagar un mínimo de 4,5 euros por cubata, A.A.B., universitaria ourensana de 21 años, comenta que bebiendo en grupo el coste medio de la borrachera "ronda los cinco euros". Este presupuesto se invierte en comprar una botella de alcohol para dos o tres personas, refresco, hielo y vasos de plástico.

Señala que lo más barato es "el calimocho, la cerveza, la calipiña -vino blanco con zumo de piña- y el calimelo -con melocotón" que, a su vez, son las mezclas favoritas de los jóvenes que empiezan a salir porque disponen de menos dinero y todavía no están acostumbrados a otros licores como vodka o ron, más comunes entre los veinteañeros.

Esta asidua de los botellones del Parque Barbaña y Las Mercedes cifra la edad mínima de los asistentes en los 15 años y matiza que los más mayores suelen reunirse en pisos de estudiante.