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Emergencia nacional: incendios y estupidez

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Francisco Hernández Vallejo

Vaya por delante que ante una catástrofe reiterativa a nivel del estado, las responsabilidades están compartidas entre el Gobierno Central y las Comunidades.

Pasa el verano y solo queda parte del territorio español calcinado. El pasado año tocó a Galicia. Desde Ourense a Puebla de Sanabria el panorama es desolador. A día de hoy, la desidia y clima de crispación que España vive, unidos a la mayor de las incompetencias y falta de previsión, asolan Castilla-La Mancha, la Comunidad de Madrid, Castellón y sabe Dios dónde vendrá la racha siguiente.

En ese clima, salta el ministro Óscar López, y, antes, el ministro más torpe, lenguaraz, faltón e incompetente del gabinete, Óscar Puente, especialista en insultar y crear conflictos con presidentes de otros países; en ofrecer en transportes los peores resultados desde que existe la alta velocidad. Los dos representan el máximo exponente de la «estupidez política» y la inoportunidad.

Mientras esto sucede, vemos escenas mucho más dignas del presidente Sánchez, de Emiliano García Page, de la presidenta Ayuso, de Mañueco, etc, dando una imagen de colaboración que les coloca por encima de las evidentes diferencias. Es la primera vez; no me duelen prendas, en que veo a Sánchez asumiendo el liderazgo de este país.

A partir de estas reflexiones, el «pacto de Estado» es una necesidad imperiosa so pena de llevar a España a una desertización progresiva, a lomos del evidente «cambio climático», de la escasez de medios aéreos modernos y, aprobando de una vez por todas la prevención, priorizando la actuación sobre la masa forestal bajo el criterio de los expertos, la armonización de todos cuantos pueden participar en el cuidado del monte (prevención); la coordinación cuando toca extinguir los incendios...

Luego viene el factor humano y los pirómanos. En este capítulo, el Código Penal debe ser de una severidad especial. En muchas zonas rurales están perfectamente identificados y actúan con total impunidad.

Dejo para el final las comunidades de montes y, como vivo en el Val Miñor y doy largas caminatas por los montes de Nigrán y Baiona, observo las actuaciones sobre todo en este concello sobre la masa forestal. Por hacer algunos apuntes : deforestación salvaje de pinos viejos, con las laderas llenas de escombros. Una sola chispa puede volver a armar la de Dios es Cristo. Los ecologistas de pacotilla callados sin hablar, cómo en el fallido campo de golf, del daño a los acuíferos. Máquinas actuando en este mismo mes en las zonas de Fontes y, sobre la vertical de Faro Silleiro, con apilamiento de troncos en las pistas forestales que no se retiran.

Zonas de arbolado donde, al ser taladas, crecen sin control los eucaliptos, en vez de plantar arboleda autóctona como el carballo o el castiñeiro. Ausencia de cortafuegos suficientes y eficaces.

Esto que describo y contemplo casi a diario es extrapolable a la Galicia más profunda y a la España vaciada. Lamentable y con la ley del silencio por bandera. ¿El motivo? El lucro con la madera.

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