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Una historia bonita

Pedro Regojo Otero

Pedro Regojo Otero

Vivimos en una época en la que todas son malas noticias. Estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial, lo que supondría la destrucción total del planeta Tierra, por lo que es confortable contar una historia bonita.

Mi hijo Felipe estuvo en la UCI entre la vida y la muerte y mi amigo F. Perlas se levantó y me dijo: «Yo, aunque no soy creyente,por mi amistad contigo rezaré por Felipe».

Estos días estoy leyendo la vida de Leopoldo Eijo Garay,un personaje muy importante del siglo XX,vigués de nacimiento y que estuvo casi toda su vida en Madrid como gran patriarca de Las Indias.

Mandó construir a sus expensas la iglesia de La Soledad de Vigo,donde D.Alberto Cuevas,sacerdote y antiguo alumno de periodismo en la Universidad de Navarra sigue ligado y rigiendo desde que se terminaron las obras.

Mi amigo F. Perlas era una persona muy generosa, ayudaba a preparar bocadillos para los pobres que los necesitaban.

Yo recomiendo la lectura de la vida de Leopoldo Eijo Garay escrita por Isabel Coma,viguesa de nacimiento y catedrática de la Universidad de Navarra.

La vida da muchas vueltas, y F. Perlas estuvo rodeado de gente creyente que le ayudó a reencontrar la fée y en su lecho de muerte se confesó, comulgó y recibió los últimos sacramentos.

Toda esta historia nos da una lección muy importante: no hay que dar por perdido nada.

Nuestro padre Dios siempre está con los brazos abiertos esperándonos incondicionalmente. No debemos olvidar que el todopoderoso padre Dios siempre desea nuestra llegada. Que alegría en el Cielo por un alma que vuelve a revivir.

Es muy importante no cansarse, perseverar y dejar a nuestro padre Dios que actúe. Debemos de pedirle que aumente nuestra fe.

Tener la certeza de que nuestro padre Dios está esperando a que volvamos.

Este ejemplo de mi amigo F. Perlas nos debe animar a no desfallecer, a tener paciencia y saber esperar en algo que nos cuesta mucho porque queremos todo «para ya».

Aprendamos a saber esperar. El Señor es mi camino… ¿a quién temeré?, el Señor nos conduce por cañadas oscuras…

Ánimo, a seguir adelante, el Señor siempre sale a nuestro encuentro.

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