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Carta a Fernando Franco

Miro Carballo

Vigo

Te dirijo estas líneas para aclararte que no me creo que no vayas a volver.

Estamos en época de bulos y este ha sido uno con muy mal gusto. Como sabes, no es de recibo coger el periódico un lunes asistiendo a la rutina diaria de ir despertando mientras te preparan el primer café del día acompañado de un crujiente churrito y de repente…zas! Veo tu foto en portada y a pie de foto un bulo: Fernando se ha ido y no vuelve.

En consecuencia he estado el resto del día sin instrumentos mentales que aborden la inevitable verdad que escondía lo que no quise asumir como verdad.

Si esto es cierto, y creo que lo es, me parecería de poco gusto por parte de la vida desatenta, una equivocación de tal magnitud que aprovechó la muerte enamorada.

Se acaba el día y empieza una época muy vacía sin tu presencia. Un abrazo con mi corazón helado.

Solo me queda pensar en la querida Mara, madre de tus entrañables hijos. También pienso en tus adorables nietos.

Así mismo un abrazo a Lupe, el océano castellano donde encontraste refugio al final del camino y olvidar tus desengaños.

A todos ellos les entrego nuestra amistad para que nunca se apague tu llama.

Seguirás entre nosotros siempre.

Echo de menos que me contestes «un abrazo, chavalín», pero es lo último que me dijiste sin saberlo.

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