Deporte, política y convivencia
Francisco Hernández Vallejo
El pasado día 10, el diario Marca publicaba una columna sobre el gesto del jugador del Real Madrid Dani Carvajal cuando, en el encuentro de Balaídos contra el Celta, salió al campo Iago Aspas.
Carvajal aplaudió al jugador celeste, que además de ser una leyenda viva del deporte vigués, fue compañero de Carvajal en la selección española. El gesto dignifica al jugador del Madrid y denigra a todos aquellos que reprobaron ese aplauso en las redes sociales. Tampoco deja en muy buen lugar a aquellos que en base a la ideología política del jugador del Madrid anteponen esa ideología al gesto. Es una especie de mezcla de «churras con merinas», o bien de confundir el culo (con perdón) con las témporas.
Es una desgracia el deslizamiento progresivo de un sector de nuestro país a la reprobación por motivos ideológicos de conciudadanos con diferentes ideas. En teoría aplauden la libertad de expresión, siempre que sintonice con su tendencia, y son incapaces de reconocer gestos u actos positivos de personas a las que previamente, como es el caso que nos ocupa, han etiquetado ya, o de fachas o de rojos. En el caso de Carvajal, el hombre lleva a cuestas el no haber sido efusivo con el presidente del Gobierno cuando la selección española fue recibida tras ganar la Eurocopa.
Llegamos a un punto en que desde las mismas bancadas del Congreso se ha trasladado a la población una crispación que no puede más que desembocar en acentuar diferencias en vez de consenso y sinergias. Esto que parece banal no lo es, y nos acerca a una política de bloques que impregna a la ciudadanía.
Cuando esto se traslada a estructuras familiares o de amigos de toda una vida, nos hace comprender el caldo de cultivo que nos llevó hace ya muchos años a un enfrentamiento civil, a los ajustes de cuentas, a la pérdida de valores y a los excesos dialécticos que llegan a las ofensas por el hecho simple de no compartir las mismas ideas.
En tiempos de la dictadura, hablar de política o escribir tenía un riesgo evidente que podía dar con tus huesos en la cárcel y salir magullado. Ahora, si a través de las redes comunicas con un grupo de amigos para compartir información de cualquier signo, sean opiniones, artículos o noticias de actualidad, tienes que andar con pies de plomo y seleccionar al dedillo a quién se lo mandas, so pena de recibir exabruptos a veces dolorosos por la estrecha y larga relación con quien replica.
Estos hechos que pueden parecer banales, de llevar al maximalismo puras anécdotas deportivas y juzgar a las personas en base a puntos de vista políticos, rompe la convivencia sana y vulnera principios democráticos esenciales que llevaron a España a una reconciliación entre vencedores y vencidos de la confrontación civil.
Como conclusión, además del dolor personal que puede producir un agravio dialéctico, que es proporcional al grado de afecto y trayectoria, uno termina por hablar del tiempo, de permanecer en silencio y terminar mandado fotos de bosques frondosos a quienes los árboles del sectarismo no les permiten ver el bosque de la convivencia y el respeto a las ideas cuando se exponen sin acritud.
Que el gesto de Carvajal con Iago Aspas,sea la muestra del respeto entre adversarios deportivos y políticos más allá de sus ideologías. Es recuperar el mayor legado que podemos dejar a nuestros hijos. El espíritu de la convivencia.
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