Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El hijo pródigo

Pedro Regojo Otero

Pedro Regojo Otero

Casi todos conocemos la parábola del hijo pródigo, el que le pide a su padre la parte de la fortuna que le corresponde y se marcha a tierra extraña,allí la malgasta en la mala vida viciosa,un día se acaba su dinero y empieza a pasar hambre y se pone a trabajar para no morir de hambre cuidando una piara de cerdos.Pensó en cuántos jornaleros de su padre estaban mejor que él.

Reflexionó y decidió volver a la casa paterna. Su padre, que salía todos los días al camino por donde él se había marchado, lo vió venir a lo lejos,mandó a sus criados que lo fuesen a recibir,al llegar a la casa lo abrazó y el hijo le dijo «no soy digno de que me trates como hijo tuyo,trátame como a un criado»,el padre lo besó y le dio ropas y calzado nuevo poniéndole un anillo en su dedo y organizó una gran fiesta en su honor.

Al llegar el otro hijo a su casa de atender las propiedades de su padre,viendo la fiesta preguntó qué era aquel jolgorio y le dijeron que era por la vuelta de su hermano.

No quería entrar a la casa y al ver a su padre le dijo: «Llevo muchos años sirviéndote y nunca me has organizado una fiesta y a este hijo que gastó toda su fortuna viviendo malamente le celebras una gran fiesta». El padre le dice: «Pasa hijo,todo lo mío es tuyo,pero este hijo mío que estaba muerto volvió y está vivo».

Esto nos puede pasar a nosotros.

Nuestro padre Dios nos está regalando continuamente y principalmente con la vida,qué mayor regalo y haciéndonos herederos del Cielo prometido.

Nosotros no hacemos lo que debiéramos y vivimos a nuestro antojo.

La Iglesia, con la cuaresma, nos invita a prepararnos con la gracia de la muerte y resurrección del Señor y así conseguir el perdón de nuestro pecado original.

Seguro que Dios hijo podía haber hecho la redención de otra manera pero quiso dar valor al sacrificio. Gracias a esto sabemos por qué llorar y por qué morir.

La parábola del hijo pródigo nos debe de enseñar una cosa muy importante: el amor tan inmenso de nuestro padre Dios.

Este padre todos los días miraba el camino por donde su hijo se había ido.

No debemos de tener miedo ni a la vida ni a la muerte pues Dios nos está esperando con los brazos abiertos.

Cuantos misterios tiene la vida,si lo comprendiéramos todo seríamos como Dios.

Ánimo amigos,la vida vale la pena vivirla a pesar de las deslealtades.

Nunca es tarde para volver a empezar, nuestro padre Dios y su hijo Jesucristo nos dejó al Espíritu Santo para que nos guíe en el camino hasta que nos encontremos con Él.

Tracking Pixel Contents