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Milagros en O Berbés

Modesto J. Martínez

Vigo

En Vigo, que somos de mar, de trabajo y de pouca leria cuando toca, hay cosas que se entienden a la primera.

Una de ellas es esta: si en un mercado portuario falta durante años algo tan elemental como papel higiénico con sus dispensadores, no estamos ante una anécdota doméstica. Estamos ante una forma de gestionar.

Vaya por delante la felicitación, con retranca pero con educación institucional, al presidente de la Autoridad Portuaria de Vigo, Carlos Botana. No todos los días un responsable público tiene la ocasión de encarnar una metáfora tan exacta: convertir lo básico en novedad.

Según relatan trabajadores y usuarios del mercado portuario, los baños pasaron años sin papel higiénico ni dispensadores. Y, sin embargo, había una excepción reveladora: durante la celebración de la Virgen del Carmen, los baños se surtían generosamente de papel y presentaban una limpieza escrupulosa. Para la rutina, escasez. Para el día solemne, excelencia.

La sátira, en realidad, viene hecha. Porque en una ciudad que presume, con razón, de puerto, pesca, industria y carácter marítimo, lo mínimo acababa dependiendo del calendario festivo. Como si la dignidad cotidiana del trabajador y del cliente tuviese menos rango que el protocolo de una fecha señalada.

Y ese es el verdadero asunto. No va de papel; va de prioridades. Va de esa administración que llega puntual para la foto y tarde para el mantenimiento. Va de confundir gestión con escenografía. En Vigo, la gente no pide milagros. Pide seriedad. Pide que lo básico no aparezca solo cuando hay comitiva, patrona o relumbre.

Por eso hay que reconocer también la parte buena de la historia: hace dos semanas, por fin, se colocaron papel y dispensadores de forma estable. Bienvenido sea. Mejor tarde que nunca. Pero conviene no perder la memoria: si algo tan simple llega con tanto retraso, el problema nunca fue técnico. Fue de voluntad, de supervisión y de costumbre.

La calidad de una institución se mide precisamente en lo pequeño. Un puerto puede exhibir cifras, planes estratégicos y discursos de modernización. Todo eso cuenta. Pero la modernidad de verdad empieza cuando quien trabaja o compra encuentra respeto en un martes cualquiera, sin necesidad de que coincida una fiesta.

Así que sí, presidente Botana: felicitaciones. Ya hay papel. Ya hay dispensadores. Ya era hora. A ver si entre todos conseguimos que en O Berbés los milagros queden para la patrona, y la gestión diaria, la de verdad, se quede, de una vez, para los gestores.

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