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Facultad de Medicina

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DR. TOMÁS CAMACHO

Las recientes noticias de la aceptación de la Facultad de Medicina de Santiago de una descentralización del segundo ciclo de Medicina, no debería ser un impedimento para la aspiración razonable de Vigo de una facultad de Medicina propia, que tiene su justificación desde varios puntos de vista, académicos, sociales y económicos.

Descentralizar el segundo ciclo deberá cumplirse en tiempo y forma, y los alumnos que finalicen sus estudios deberán salir ya con su título vinculado a la Universidad de Vigo o de A Coruña. Este punto, que parece banal, no lo es en absoluto. Significa romper un monopolio que ya no tiene sentido y caminar de forma autónoma sin vuelta atrás.

Vigo posee uno de los complejos hospitalarios más importantes del país, con el Hospital Álvaro Cunqueiro como su principal centro. Contar con una facultad de Medicina propia permitiría fortalecer el sistema sanitario, brindando un flujo constante de médicos en formación, garantizando la necesidad creciente de profesionales de la salud, especialmente causada por el envejecimiento de la población.

Partiendo de esa descentralización, las necesidades de facultativos, la exigencia de la sociedad civil del Sur de Galicia y una Facultad de Medicina de Santiago saturada y sin opciones de absorber más estudiantes de primer año, implica que, con una razonable moratoria de dos o tres años, Vigo debería optar a tener una facultad de Medicina propia.

Un acuerdo que no pase por ahí sería un rejón de muerte a una aspiración que va mucho más allá del puro localismo. Vigo y su complejo universitario, hospitalario y empresarial, imbricado con la Ingeniería Biomédica, Ciencias del Mar, Inmunología y otros centros de investigación, tienen todo el potencial necesario para acoger íntegramente una facultad de Medicina del futuro.

Todo esto va a redundar en una mejor asistencia a la población y generará un impacto positivo económico y social, ya que atraería a estudiantes, profesores, investigadores y personal sanitario, lo que impulsaría sectores como el alojamiento, el transporte y los servicios asociados a la educación superior.

Aunque no podemos olvidar que conseguir tener esa facultad exige un gasto importante y un enorme esfuerzo de gestión, el fructífero retorno docente, económico y social sobrepasará con creces el esfuerzo.

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