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Adviento

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Pedro Regojo Otero

Pedro Regojo Otero

Para la mayoría de las nuevas generaciones el Adviento puede sonar a chino.

El Adviento, que empieza unas semanas antes en noviembre, es la preparación para la llegada del Niño Dios.

Tuvo que ser Gandhi, el auténtico libertador de India, cuando en una reunión de miles de fieles que esperaban sus palabras dijo: «India debe mucho a un jefe espiritual que nunca pisó nuestra tierra que se llamaba Jesucristo», y recitó parte de las bienaventuranzas.

En Adviento, la Iglesia católica nos invita a reflexionar sobre el Niño Dios con su Nochebuena y Navidad.

Para los gallegos, la Nochebuena es la noche mágica en la cual los que viven fuera de la «terriña» vuelven a casa para celebrarla con sus madres y abuelas.

Es una noche llena de nostalgias en que se echan de menos a seres queridos que por la misericordia de Dios padre estarán gozando del abrazo de la Trinidad.

Recuerdo cuando era joven que eran las vacaciones mas queridas. El Adviento debe ser un período de reflexión y examen de conciencia para que cuando llegue el Niño Dios nos encuentre preparados para recibirlo.

Tenemos que examinarnos del amor, ver en el prójimo la imagen del Señor y quererlo con pasión para hacer nuestro mundo mas apacible y humano.

Este es el gran regalo que podemos hacer para la llegada del Señor.

Esto que digo no es tan fácil, tenemos el peligro de creernos los mas bonitos y guapos del mundo mundial.

Que al terminar el Adviento el Señor pueda decir tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber. Tuve frío y me cubristeis, etc.

Pues adelante, amigos, estamos en tiempo de merecer y hay que ser diligentes y no perder este tiempo en la Tierra.

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